Deseo de cambio y transformación juvenil
Publicado en web el 29 de Julio, 2010¿Dónde están los jóvenes que salen de casa por la noche? ¿Qué buscan y qué hacen? ¿Qué nuevos inquilinos nocturnos van quedándose en la juventud? Estas cuestiones son tratadas de un modo muy sencillo en este Artículo de José Joaquín Gómez Palacios, tomado de la Revista española sobre juventud “Misión Joven”
Sección Diocesana de Pastoral Juvenil
No podemos permanecer “dormidos” mientras nuestros jóvenes y adolescentes están “despiertos”, a deshoras de la noche, en compañía de “inquilinos” silenciosos. Sea éste un primer acercamiento a esta realidad de la nueva cultura que va gestándose en el mundo juvenil, para desde ella llenar de Evangelio la vida de nuestros muchachos.
La noche ha sido espacio festivo por antonomasia, desde tiempos ancestrales. Las culturas primitivas celebraban gran parte de sus rituales a la luz de las hogueras. El cristianismo ha hecho de la Noche de la Navidad y de la Pascua celebraciones esenciales. La noche es asimilada a la vivencia de lo festivo y celebrativo. No es de extrañar que, en nuestra Sociedad actual, donde priman aspectos vitales sobre el racionalismo productivo, aparezca la noche como espacio privilegiado y cargado de resonancias para jóvenes y adolescentes. La noche se ha constituido, en las últimas décadas, como uno de los símbolos juveniles más importantes.
Los “inquilinos”
A los tradicionales ocupantes del sugerente edificio de la noche se les han añadido nuevos inquilinos. Señalamos algunos de ellos, de especial relevancia y repercusión mediática:
La WEB 2.0. Se ha convertido últimamente en espacio de comunicación potenciado por el uso de la Internet. Muchos adolescentes y jóvenes emplean parte del tiempo nocturno en conectarse a sus redes sociales favoritas, a fin de mantener comunicaciones virtuales con amigos y conocidos. La progresiva evolución y perfección de las tecnologías que sustentan Internet permiten comunicaciones virtuales en tiempo real.
El alcohol. Es otro inquilino que ha llegado para instalarse entre la juventud con carta de ciudadanía propia. Sus modos de actuación y sus desplantes son llamativos e incluso provocadores. Detrás de las “pachangas” actuales se halla la imperiosa necesidad de comunicarse entre iguales, mas allá del hogar familiar, lejos del ruido de las discotecas, ajenos al control del mundo adulto que impone sus límites durante el tiempo de trabajo y producción. En quienes practican el consumo de alcohol subyace el deseo de utilizar el horario nocturno a su gusto, en espacios no controlados por la población adulta.
Sociedad de la decepción
En las prácticas nocturnas de adolescentes y jóvenes subyace un fuerte deseo de cambio y transformación. Se busca salir del desencanto de la realidad diaria.
Nos hallamos sumergidos en una Sociedad con una importante carga de decepción. Las promesas de felicidad inmediata, de placer, de encuentros gratificantes, de éxito… son tan desmesuradas, que no llegan a cumplirse. Esta situación genera una “sociedad de la decepción”, que busca arrancarle a la noche hasta su última gota de placer, la mayoría de las veces sin llegar a conseguirlo.
El maquillaje, la moda y los hábitos de consumo transforman la imagen exterior de la persona en un intento por llegar a ser otra persona más en sintonía con los ideales. El cambio de “look” que se produce en muchos adolescentes y jóvenes, durante sus salidas nocturnas, no responde tan sólo a un deseo estético. Junto con el cambio de imagen, hay unas aspiraciones de transformación más profundas.
La noche es una realidad que se impone socialmente y que afecta a padres de familia, educadores, agentes de pastoral y animadores juveniles. En este escenario no caben posturas radicales, sean del signo que sean. Conviene reflexionar acerca del fenómeno, matizar las opciones a las que se llegue y trazar caminos progresivos que conduzcan a una mejora de nuestras acciones educativas, integrando aquellas tendencias propias de la cultura juvenil actual que merezcan ser integradas.
La constelación simbólica de la noche posee elementos aprovechables en lo educativo. Recuperar la noche y los elementos beneficiosos que en ella se dan, debe ser tarea de los educadores.
También es misión del educador abrir los ojos de los jóvenes para informar de las “zonas oscuras” de la noche, como son los elementos negativos que manejan en la noche quienes comercian y se enriquecen a costa de los deseos de adolescentes y jóvenes.
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