5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| General | Edición:

El mal de nuestro tiempo: Hambre de amor

Publicado en web el 29 de Julio, 2010

Muchos de los males que aquejan a nuestra Sociedad, por ejemplo enfermedades físicas y emocionales, se derivan de la falta de amor, cuyas consecuencias son muy graves

27María del Carmen Cárdenas Martín del Campo

Bastante nos hemos quejado de los problemas que vive nuestra Sociedad: robos, inseguridad, asesinatos, violencia extrema, adicciones, sobornos, sin querer darnos cuenta de que no pocas veces nosotros somos los causantes de esos males al buscar vivir cómodamente en nuestro propio universo, cerrándonos “al placer de servir”, como diría Gabriela Mistral.

El amor en el servicio no se encuentra en lo material, sino en las manifestaciones que emergen del interior de cada individuo con el propósito de aliviar una necesidad tan humana como es la de ser respetado, amado y reconocido, originalmente por la familia y después por quienes le rodean.

En su Libro “Abrázame Fuerte”, la autora Sue Johnson nos hace conscientes de la necesidad que tiene todo ser humano de establecer vínculos afectivos con sus semejantes. Mas es la calidad de dichos vínculos lo que nos proporciona la confianza en nosotros mismos, la seguridad para vivir en el mundo y la tranquilidad que nos ofrece el sabernos respetados y amados.

El camino hacia la plenitud

Por eso, cualquiera que se precie de haber iniciado la salida de la depresión, la tristeza, el desánimo, el odio o el rencor, en búsqueda del camino para arrancar con un nuevo proyecto de vida rumbo a la felicidad y plenitud, es necesario que considere los siguientes aspectos:
Hacerlo solo, es prácticamente imposible. Cuando uno está triste, lo que se necesita es el poder sanador de un abrazo, caricia, beso o palabra de aliento. Saber que hay alguien que confía en uno y lo acompaña en el proceso.

Las personas inteligentes se rodean de personas inteligentes. Es decir, si se quiere caminar hacia delante, hay que dejar atrás a quienes quieren vivir en el pasado, a quienes alientan odio, rencor o envidia. Para superar la depresión es necesario buscar personas de quienes podamos aprender cosas nuevas y que, a su vez, nos inviten a continuar caminando. Personas que nos enriquezcan con sus comentarios y sean tan generosas de regalarnos su tiempo (que es vida) para escucharnos.

Hay que aprender a dar y recibir amor. Es necesario salir de nuestra “visión de víctimas”, que nos hace culpar a todos de nuestros males: Padres, hermanos, amigos, el mundo, Dios, el jefe, son la causa de nuestras desgracias, y entonces cerramos los ojos ante la realidad. Lo más importante para salir de nuestra desgracia es dar, y con ello se recibirán muchos dones.

Proyecto de Vida. Es necesario redimensionar las vivencias que se hayan tenido en el pasado, por más dolorosas que éstas hayan sido, y a partir de ahí, fijarse una meta hacia dónde encaminar nuestros pasos.

Hay que partir del conocimiento de uno mismo. Sólo así pueden establecerse objetivos realistas y no como los propósitos efímeros de Año Nuevo, la mayoría de los cuales son sólo quimeras que no pasan la prueba de la primera semana de enero. Para lograr cualquier propósito serio y firme hay que preguntarse, primero, cómo se puede lograr, trazarse metas a corto, mediano y largo plazo, ver con qué recursos/apoyos se cuenta para conseguirlo. Si se responde a estas preguntas, deducirá que el propósito pasará a ser, de un mero deseo, a un objetivo bien definido, y puede irse midiendo su avance.

No hay que olvidar que el ser humano está compuesto por mente, cuerpo y sentimientos. El odio, la envidia, o el rencor es lo que muchas veces regula nuestras actividades y marca las pautas de convivencia en la familia o en los círculos donde nos movemos. Todo esto es producto del miedo a dejar de tener, al abandono, a la muerte, a la enfermedad, a la pobreza.

El sentimiento básico, el amor

Por desgracia, el amor ha sido olvidado por la mayoría, incluso entre aquellos que dicen profesar la fe cristiana y que en ocasiones confunden el amor con la carencia de éste.
Vale comentar una realidad con la que me he enfrentado: la de muchas personas que sufren hundidas en la enfermedad del VIH, madres solteras o niñas encinta que, en su búsqueda del verdadero amor, no encontraron sino el vacío del falso amor, del contagio, de la enfermedad, del embarazo no deseado. Mucho de este sufrimiento es consecuencia del hambre de amor. Estas personas que tenían hambre de afecto y cariño, que buscaban un beso, un abrazo, una caricia, una palabra de aliento, ser reconocidas y amadas incondicionalmente, al no encontrar nada de eso ni en su casa ni entre sus más cercanos, se conformaron con lo primero que les ofrecieron o encontraron, bajo el nombre falso de amor.

Nuestra Sociedad y todos sus miembros tenemos hambre de verdadero amor, de ternura, de tiempo para ser escuchados con calidez; tenemos hambre de ser plenamente humanos; pero, para recibir todo eso que anhelamos, lo primero que debemos aprender es a dar y a pedir a quien es el Amor: Dios Nuestro Señor

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