Firmes columnas de la Iglesia
Publicado en web el 1 de Julio, 2010Muy estimados lectores:
Este mensaje semanal cae en la Fiesta del Papa, el Jefe de la Iglesia Católica en el mundo. Es la Fiesta litúrgica de San Pedro y San Pablo, Príncipe de los Apóstoles y Apóstol de los Gentiles, respectivamente. ¿Por qué es también la Fiesta del Papa? Porque la Iglesia de Roma fue fundada por la predicación de San Pedro y de San Pablo, y regada con la sangre de esos dos Apóstoles, que ahí murieron.
Se considera, pues, que quien sea elegido Obispo de Roma es el Sucesor de San Pedro, es la cabeza de la Iglesia Universal; y desde San Pedro hasta el Papa actual, Benedicto XVI, se ha formado una cadena ininterrumpida de Sumos Pontífices, de jefes visibles que han gobernado la Iglesia, en nombre de Cristo Nuestro Señor.
Dicha fiesta la ha fijado la lglesia en esta fecha de una manera, diríamos, libre, pues históricamente no consta con exactitud. Es probable que San Pedro haya sido crucificado en el año 64, durante la persecución de Nerón, quien mandó incendiar la Ciudad de Roma para edificar una nueva sobre las cenizas, echándole la culpa a los cristianos, a muchos de los cuales apresó y crucificó en donde estaba su circo, en la Colina del Vaticano. Ahí fue crucificado San Pedro, cabeza abajo, pues así él lo pidió. Por su parte, San Pablo estuvo dos veces preso en Roma, y la segunda vez ya no salió libre. Y entre el año 64 y 67, sin saberse la fecha exacta, fue decapitado fuera de los límites de la ciudad, donde ahora se levanta la majestuosa Basílica de San Pablo, llamada precisamente Extra Muros, que data del Siglo IV.
¿Por qué uno crucificado y el otro decapitado? A San Pedro lo crucificaron porque no era romano. La crucifixión era el suplicio más terrible que aplicaban los romanos a los facinerosos y delincuentes de lo peor, que no tenían la ciudadanía romana, y como San Pedro era un pobre judío, que había sido acusado nada menos que por el mismo Emperador, junto con otros cristianos, de prender fuego a Roma, entonces fue condenado a muerte de cruz.
San Pablo, aunque de sangre judía, sí era romano por nacimiento y había recibido educación tanto hebrea, como griega y romana. Por eso él fue condenado a muerte por decapitación, que era, diríamos, una ejecución honorable.
Hay una reflexión que quiero hacer, a propósito de este Día del Papa, en el cual la cristiandad es invitada a hacer oración por el Vicario de Cristo, quien es un ser humano como nosotros, pero con una responsabilidad enorme en sus hombros, como es conducir la Iglesia Católica, llevarla por los caminos de la fe y del amor de Cristo, para lo cual requiere ser iluminado por la gracia de Dios y dotado de una superior fuerza espiritual.
Nuestro Papa actual es un hombre sabio, pero con 83 años de edad. Consideremos que necesita el apoyo especial de la fuerza de Dios.
Yo me he puesto a pensar que el Papa Benedicto ha sido también perseguido de manera encarnizada, sobre todo mediáticamente, acusándolo de no sé cuántas cosas, como fue acusado San Pedro falsamente de incendiar a Roma y, aunque desde luego sin llegar al extremo de condenarlo a muerte, no por ello esta persecución mediática deja de ser una dolorosa experiencia.
La mayor parte de los primeros Pontífices de la historia de la cristiandad, fueron mártires; el ser electos para gobernar la Iglesia en aquellos tiempos del Imperio Romano, era ser condenados al martirio; sin embargo, todos aceptaron el cargo, el reto, la obligación, y ofrendaron su sangre por Cristo Nuestro Señor.
De una manera u otra, la Iglesia y su cabeza visible han sido y seguirán siendo constantemente perseguidos y malinterpretados por una razón muy sencilla, porque Cristo lo fue, y Él dijo: El discípulo no es más que el maestro.
Lo que la fe cristina enseña contradice al mundo; la doctrina que la Iglesia predica en nombre de Cristo, a veces no es cómoda; molesta a muchos, y la irritación y persecuciones son su reacción. Esto, sin negar que los ministros de la Iglesia deberíamos siempre dar un buen ejemplo, que a veces no damos, de donde se originan también justos reclamos, puesto que nadie puede negar que hay ministros que no son fieles al mandato del Señor.
Por eso me dirijo a todos, pero en especial a los católicos, para pedirles una oración por el Papa en esta fecha dedicada a él, para que “Dios le conserve la vida, lo haga feliz en la Tierra y no lo entregue en manos de sus enemigos”.
Que Dios los bendiga.
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