5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Palabra del Pastor | Edición:

Fuertes razones para vivir

Publicado en web el 15 de Julio, 2010

Muy estimados lectores:
La reciente conclusión del Mundial de Futbol, quienes en él participaron y quienes viajaron hasta allá para asistir, aun a costa de grandes sacrificios, con tal de cumplir su deseo de ver un Campeonato del Mundo y de apoyar al equipo representante de México, en el cual habían puesto muchas esperanzas, me han dado tema para el presente mensaje semanal, que va sobre el sentido que tiene para cada ser humano la vida; sobre las razones, anhelos e ideales que se alimentan para vivirla, o la carencia de todo ello, como podrían ser el vacío del corazón y de la mente, la falta de estímulos y otras desgracias más, lo cual hace que una vida se torne monótona, miserable y sin sentido, de tal manera que pueda generar o inducir a la muerte prematura.
Un ejemplo de esto último vemos en algunos jubilados que durante su vida activa desempeñaron importantes cargos, mas cuando llega la edad en que son despedidos de ellos, no encuentran ya una razón para seguir viviendo, y en poco tiempo se marchitan, se agotan y se van de este mundo, pues les han quitado la razón esencial de su existencia.
Existe tanta variedad de motivos para vivir, cuanta diferencia hay de personas; algunas tienen como motor de su existencia la búsqueda de dinero y riqueza, y a ello entregan todos sus afanes y fuerzas, lo cual no es un motivo noble, y además es necio, pues cuando les llegue la hora de salir de este mundo, nada se llevarán de lo que obtuvieron y atesoraron, y todo tendrán que dejarlo a otros.
Hay quienes luchan por una ideología, por ver triunfar un sistema; a veces con una pasión tan tremenda, que resulta odiosa y destructiva, como la de los fascistas, los nazis, los comunistas y otros fanáticos; hay también los que tienen como meta de su vida el placer y la diversión, lo cual es un absurdo; y así se dan seguidores de una amplia variedad de ideales a cual más de innobles.
Pero, al mismo tiempo, hay quienes dedican su vida a causas verdaderamente positivas, como aquéllos que la entregan toda, o al menos una buena parte, al servicio de sus semejantes; por ejemplo, un buen maestro o un médico compasivo. Como hay simplemente quienes aspiran y logran ser nobles personas, buenos trabajadores o servidores, que fundan una familia, que engendran o dan a luz a sus hijos, a los cuales les otorgan cariño y educación, con lo cual ven cumplidas sus aspiraciones paternales o maternales.
Sin embargo, existe otra clase de idealistas que apuntan hacia más alto; aquéllos que sienten que la vida presente no es todo, que hay un más allá, y que sobre las cosas y seres materiales existe un Ser superior e infinito que nos ha creado, y a cuya búsqueda éstos entregan su vida.
Estas son las personas consagradas a Dios; las que por su ansia y sed de Él, ingresan de por vida a un convento o monasterio; las que la optan voluntariamente por ir a llevar la Buena Nueva a pueblos apartados de Dios, como misioneros, dejando Patria y hogar. Asimismo, los que recibiendo las
órdenes sacerdotales, renuncian a su familia y a cualquier diseño de vida, para ponerla a disposición de la labor pastoral que les sea mandada, al servicio de sus semejantes.
Estas metas tan altas tuvieron una expresión cabal en las palabras de uno de nuestros santos mártires, cuando la mañana del 25 de mayo de 1927, en Colotlán, Jalisco, estando ante el pelotón de fusilamiento por el delito de ser sacerdotes, el Párroco de 57 años, Cristóbal Magallanes Jara, y su Vicario, Agustín Caloca Cortés, de 28 años, éste pronunció una frase inspiradora: “Nosotros por Dios vivimos y por Dios morimos”. Es una razón grande, fundamental y valiosa para vivir, pues si vives para Dios, Él te lo toma en cuenta, y si mueres por Dios, Él te dará una vida eterna.
Yo les invito, pues, a todos los que lean estas líneas, a que se pregunten: ¿Cuál es la razón de mi vida, a qué aspiro, qué me contenta y me hace feliz, cuáles son las metas de mi existencia? Y, dependiendo de cuál respuesta se den, conocerán el monto y valor de sus aspiraciones; hacia dónde van dirigidos sus anhelos, dónde tienen puesto su corazón y sus pensamientos, y así podrán calibrar la altitud y nobleza o futilidad y vileza de sus aspiraciones vitales.
Ojalá sean personas capaces de colmar y dar razón a su existencia con ideales nobles. Que Dios les ayude a esclarecer este punto, a tomar o rectificar el camino, y que a todos les bendiga.

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