Haití clama por ayuda
Publicado en web el 29 de Julio, 2010Muy estimados lectores:
Quiero hoy referirles algunas impresiones de una visita muy especial que hicimos el pasado 22 de julio a Puerto Príncipe, la Capital de Haití. La visión fue francamente desalentadora, pues no se ha reconstruido prácticamente nada de lo arrasado por el sismo de enero del presente año.
Los edificios, empezando por la Catedral y sus anexos, como la Casa Pastoral, siguen por tierra. Casi todas las viviendas y el propio Palacio de Gobierno -construido por los estadunidenses mientras ocuparon Haití, allá por 1920-, se encuentran totalmente derrumbados.
Y al observar algunos muros que quedaron en pie y los escombros caídos por tierra, se da uno cuenta por qué un terremoto que duró 43 segundos y que no alcanzó un nivel tan alto de intensidad, causó tan tremendos estragos; esto fue debido a lo precario de las construcciones y lo deleznable de sus materiales: escasa varilla, endeble estructura y más tierra que cemento; todo lo cual estaba, sin duda, destinado a venirse abajo con cualquier temblor, por más leve que hubiese sido.
Ahora bien, nos preguntamos: ¿Por qué no se ha comenzado a levantar lo caído? Porque no existe en Haití ni una sola fábrica de cemento ni una fundidora que produzca acero. Todo material de construcción básico tiene que venir del extranjero, y está sujeto a la largueza y buena voluntad, que a veces no es mucha, de naciones ricas que tienen este material y debe preverse en qué transportarlo, para ponerlo luego al servicio del Gobierno o de las instituciones que están tratando de ayudar; proceso que ha sido muy lento. Y aparte habría que mencionar la escasez de personal capacitado en materia de construcción. Es por eso que casi nada se ha reconstruido.
Además, esta reconstrucción tendrá que hacerse a conciencia, pues si vuelven a emplearse materiales y recursos precarios, edificios y viviendas quedarán de nuevo a merced de cualquier movimiento telúrico, lo cual constituye una amenaza permanente, pues, como sabemos, la ciudad de Puerto Príncipe está asentada sobre una falla geológica.
Ahora bien, en cuanto al sufrido pueblo haitiano, encontramos que ya no se pueden ver más cadáveres, pero aún existen campos de miles de refugiados. Tuvimos la oportunidad de visitar uno de éstos, que aloja a 50 mil damnificados. El lugar era un antiguo campo de golf, cuyas bardas perimetrales fueron derribadas por el temblor, y por ende invadido por personas que encontraron ahí un refugio seguro a campo abierto.
Organizaciones internacionales católicas de Estados Unidos, Canadá y Europa están a cargo de estos refugiados, a quienes, pese a que les suministraron tiendas de campaña y los alimentan diariamente, su situación es verdaderamente deprimente y digna de compasión.
Haití ha sido regida, a lo largo de su historia, por una serie de dictadores crueles e inútiles, que gobernaron sin tomar en cuenta a la población y que destruyeron el tejido social; es decir, no existen ahí instituciones intermedias que pudieran conformar una nación medianamente organizada; y al no contar con organismos ni recursos propios, sino depender exclusivamente de las ayudas venidas del exterior de parte de países ricos, va a resultar sumamente difícil lograr una rápida reconstrucción.
Nosotros, aunque en general no contamos con abundancia de bienes, no llegamos a los extremos de miseria de la mayoría del pueblo haitiano; por tanto, nos corresponde, como cristianos, estar pendientes de que al menos no falte a esos hermanos la indispensable comida y agua. Para ello es menester seguir enviándoles ayuda, a pesar de que el terremoto de Haití ya no sea la noticia estremecedora que fue entonces y que proyectaron los Medios de Información en primera plana.
Como digo, el problema del terremoto y sus consecuencias sigue agobiando a tanta gente muy pobre, que sufre muchísimas carencias, empezando por la educación, el vestido, el alimento, la salud, a lo cual tuvieron que añadir la pérdida total de su vivienda y sus pocos enseres.
Lo único que quiero que tomen en cuenta, si hay entre ustedes personas de buena voluntad que deseen seguir cooperando, o hacerlo por primera vez, para aliviar esos sufrimientos, es que canalicen su ayuda siempre a través de instituciones u organismos que les garanticen que sus aportaciones llegarán a manos de quienes más los necesitan. Si podemos ayudar, vamos a hacerlo.
Muchas gracias, y que Dios los bendiga.
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