5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Jóvenes | Edición:

La Parroquia es el lugar natural de la Pastoral Juvenil

Publicado en web el 15 de Julio, 2010

31Sección Diocesana de Pastoral Juvenil

Por su condición de estructura pastoral básica, la Parroquia tiene el derecho y el deber de disponer de unos cauces establecidos para la vivencia, crecimiento y madurez de todos sus fieles, sin excluir a nadie. No es concebible que una Parroquia no asuma y encauce las acciones que en ella se ejercen en favor de todos los fieles de su territorio; tampoco debe ser concebible que la comunidad ignore y no asuma iniciativas en favor de la Pastoral Juvenil.

Una comunidad abierta a las diversas experiencias de juventud que surgen de su interior, ha de ser cuidadosa “de la diversidad de carismas, servicios y ministerios; organizada de modo comunitario y responsable; integradora de los movimientos de apostolado ya existentes; atenta a la diversidad cultural de sus habitantes; abierta a los proyectos pastorales y supraparroquiales, y a las realidades circundantes” (Documento de Aparecida, DA 170).

 

Modos y tiempos

Con frecuencia creemos que si no existe un grupo o movimiento juvenil en la Parroquia no hay Pastoral Juvenil. La Pastoral Juvenil es el anuncio y la vivencia de la Buena Nueva a los jóvenes; es una acción de la comunidad con, para y desde los jóvenes.
Son también espacios de evangelización para el mundo juvenil, aparte de los actos de pastoral específica:

La Misa dominical y entre semana.
La recepción de Sacramentos:
Confesión, Confirmación.
Los Ejercicios Cuaresmales.
La Pascua Juvenil.
Los Torneos Deportivos.
Los Encuentros, Retiros, Convivencias
y Cursos.
La Semana de la Juventud.
Las Posadas, Peregrinaciones, Vigilia
de Oración.
Las Fiestas Patronales, Semana
Vocacional, Campañas de
Concientización Social.
La Semana de Reflexión Bíblica, de
Defensa de la Vida, de Política,
Autoestima y Noviazgo.
Si se sumara el número de jóvenes que participan en estos eventos, se vería que son más de los que podría alguien imaginarse. Convendría, pues, darles más promoción, apoyo y acompañamiento. Ello implica tener una visión a distancia y programar dichos acontecimientos en base a la realidad de ellos y de la comunidad, con contenidos, dinámicas, y proyecciones.
Lo óptimo sería que cada Parroquia contara con varios grupos (pequeñas comunidades juveniles), donde cada integrante se sintiera persona y sintiera así a los demás. El grupo es una opción pedagógica que debe privilegiarse (aunque no exclusivizarse). Cada grupo debe tener su “personalidad” propia, y se opta por esta figura grupal porque la salvación se actúa en comunidad, en pueblo; así Jesús lo quiso y lo empleó (el grupo de los Doce Apóstoles), y la Iglesia hizo también lo mismo desde su origen; recuérdense las primitivas comunidades cristianas, que hoy han devenido en las Parroquias, que son la comunidad de comunidades.
Por otro lado, hay que reconocer que los jóvenes particularmente son muy sensibles a reunirse y agruparse, y ante ello hay que procurar, en primer lugar tener respeto a estos grupos; pero, al mismo tiempo, ofrecerles un acompañamiento afectivo, efectivo y real a todos y cada uno de sus miembros, a sus coordinadores, a los coros y los movimientos integrados, así como también una responsable preocupación porque estos jóvenes se preparen y se capaciten lo mejor posible para desempeñar el servicio que quieran asumir o que se les encomiende. Y el mejor espacio para ello lo es, sin duda, a través del Equipo Parroquial de Pastoral Juvenil.
Con todo, se recomienda no iniciar nuevos grupos juveniles sólo por aumentar el número de ellos. Cualquier formación requiere que se tome muy en serio y profesionalmente, ya que la posibilidad de nacimiento, supervivencia y vigor de los grupos depende de la atención y de poder contar con coordinadores capaces y asesores bien preparados y no improvisados. Hacer proliferar los grupos sin tener coordinadores confiables ni sólidos guías, constituye una ligereza; sería como traer hijos al mundo por el solo placer de engendrar. Lo que se hace con ello es desperdiciar impulsos y generar frustraciones.
Si se atiende un solo grupo pero que funcione positivamente, los jóvenes que lo integran pueden ser la dínamo de todo el movimiento de Pastoral Juvenil en la Parroquia. Ellos serán los coordinadores de nuevos grupos, ellos organizarán, proyectarán y llevarán a cabo (según sus posibilidades) los tiempos y los espacios pastorales que señalábamos arriba.

La atención y acompañamiento
a adolescentes y jóvenes que
son confirmados

Es notable considerar que cada año, en nuestra Arquidiócesis, son miles los jóvenes que “confirman su fe”. Las comunidades parroquiales los acogen y acompañan en pequeños grupos de catequesis durante varios meses o un año de preparación para recibir el Sacramento de la Confirmación. Pero, antes, es necesario ubicar a jóvenes y priorizar la atención a este sector de la juventud que busque acercarse a la Iglesia, aunque sea para ser confirmados.
Para ello, Párrocos y Vicarios deberán ser creativos, perseverantes y creer en los jóvenes; y cuando sea necesario, solicitar apoyo (criterios, cursos, talleres, subsidios), al Equipo Diocesano, a la Vicaría Episcopal, al Decanato, a un Movimiento Juvenil ya establecido y específico.
La presencia del sacerdote en los ámbitos de acción de la Pastoral Juvenil es tan importante y necesaria como lo es la de los propios jóvenes; la asesoría sacerdotal es clave en todo el proceso y desarrollo de la oferta salvífica ofrecida a los jóvenes, de tal forma que el mismo proceso se vería dañado si no se diera la atención suficiente y necesaria de parte del asesor y su quehacer.
El Documento de Santo Domingo destaca que para una pastoral orgánica eficaz es necesario “un acompañamiento y apoyo real con diálogo mutuo entre jóvenes, pastores y comunidades” (SD 114).
Hay que salir, pues, al encuentro del joven, allí donde se encuentre; hay que convivir mucho tiempo con ellos, lo cual exige romper muros, “hacerse presentes” en su mundo, donde viven, sufren, se divierten o se aburren, trabajan o estudian… hay que ser, en una palabra, misioneros.

 

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