Libertad religiosa al servicio de la persona
Publicado en web el 15 de Julio, 2010Se dio a conocer que el Papa Benedicto XVI decidió que el tema para la próxima Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1º de enero de 2011, será “Libertad religiosa, vía para la paz”.
En el texto dado a conocer se señala que “la Jornada pondrá el acento sobre el tema de la libertad religiosa. Ello, mientras en el mundo se registran diversas formas de limitación o de negación de la libertad religiosa, de discriminación y marginación basadas en la religión, llevadas hasta la persecución y la violencia en contra de las minorías religiosas”.
De acuerdo a lo que señala el Santo Padre, “la libertad religiosa, por tanto, es auténticamente tal cuando es coherente con la búsqueda de la verdad y con la verdad del ser humano”. Ya antes, Joseph Ratzinger, en el libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, en un diálogo con el filósofo Jurgen Habermas, titulado “Entre razón y religión”, advierte acerca de la tendencia a desaparecer la realidad fundamental del ser humano, cuando señala que “asoma otra forma de poder que, a primera vista, parece puramente benéfico y digno de toda aprobación, pero que en realidad podría convertirse en una amenaza para el hombre. El hombre se convierte en un producto y, de esta suerte, la relación del hombre consigo mismo cambia radicalmente. No es ya don de la Naturaleza o del Dios Creador; es un producto fabricado por él mismo”. Esto puede aplicarse a la limitación en la libertad religiosa del hombre. La persona puede ser producto de su religiosidad, y no al contrario.
El tema que presenta el Sumo Pontífice ofrece un criterio fundamental para el discernimiento del fenómeno religioso y de sus manifestaciones. Nos permite, en efecto, excluir la ‘religiosidad’ del fundamentalismo, de la manipulación y de la instrumentalización de la verdad y de la verdad del ser humano. Así que todo lo que se opone a la dignidad del ser humano se opone a la búsqueda de la verdad, y no puede ser considerado como libertad religiosa”.
Por lo tanto, la persona tiene derecho a manifestar su interioridad religiosa, sin condicionamientos y sin reducciones. Así, recordamos lo dicho por el Papa Benedicto XVI ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: “los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresión de una dimensión que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una visión que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente entre la dimensión de ciudadano y la de creyente.
“Es inconcebible, por tanto -resaltó el Pastor de la Iglesia Universal-, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos. Los derechos asociados con la religión necesitan protección, sobre todo si se los considera en conflicto con la ideología secular predominante o con posiciones de una mayoría religiosa de naturaleza exclusiva”.
El comunicado concluye subrayando que “el ser humano no puede ser fragmentado, dividido por aquello que cree, porque aquello en lo que cree tiene un impacto sobre su vida y sobre su persona.
“El rechazo a reconocer la contribución a la Sociedad, que está enraizada en la dimensión religiosa y en la búsqueda del Absoluto -expresión por su propia naturaleza de la comunión entre personas- privilegiaría efectivamente un planteamiento individualista y fragmentaría la unidad de la persona. Por ello: ‘Libertad religiosa, vía para la paz’”.
Y es que hoy la Humanidad, tan necesitada de paz, no puede prescindir del conocimiento, ejercicio y defensa de sus derechos fundamentales, entre ellos las libertades de conciencia, de culto, de profesar una religión, de expresarse. Jamás daña a alguien quien practica convencido sus creencias religiosas y con esa buena fe le aporta al desarrollo de su comunidad.
Por otra parte, la represión nunca ha surtido sino efectos aterradores y efímeros, así se finque en supuestas leyes de observancia obligatoria. El mensaje papal, en su dimensión también de Jefe de Estado, seguramente, por su reconocida autoridad moral, encontrará eco entre las autoridades administrativas, legislativas y judiciales de todas las naciones. En caso contrario, seguirá perturbando a la conciencia mundial el silencio sufriente de los mártires, de los confinados, de los destinados al suplicio sin defensa, sólo por confesar y esgrimir su religión.
Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.



