5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Vocaciones adultas en nuestro Seminario | Semillero de Vocaciones | Edición:

Nunca es tarde para seguir a Cristo

Publicado en web el 29 de Julio, 2010

Christian Salvador Rubio González, 2o de Filosofía

Evaristo Gabriel Flores Ochoa nació en Jiquilpan, Michoacán, en 1956. Es el segundo de una familia de quince hermanos. En su familia, sobre todo en su padre, encontró desde pequeño un ejemplo de vida cristiana, pues él, además de preocuparse por su formación intelectual, le procuró siempre la formación en la fe.
Por sus cualidades para el canto, participó en el Coro de Infantes de su Parroquia, y fue, asimismo, un entusiasta miembro de un grupo de Boy Scouts.
Entre sus maestros de escuela tuvo uno, de nombre Salvador, natural de Jacona, quien una vez en clase les preguntó: ¿Quién quiere ser sacerdote? A lo que el pequeño Evaristo respondió: Pos yo.
Y fue así que, antes de concluir su enseñanza Secundaria, tomó la decisión de ingresar al Seminario, y por ello se inscribió en el Curso de Preseminario, pero en vez de reafirmar su decisión, se desanimó y acabó retirándose, debido a ciertas circunstancias que no le agradaron.

Nueva oportunidad

Sin embargo, en 1977, vino a Guadalajara y solicitó otra oportunidad de ingreso a la Preparatoria del Seminario, aunque antes debió de nuevo experimentar con un previo Curso de Preseminario, donde volvió a fracasar, pues según eso, su relación con el sacerdote encargado del Curso no fue muy buena: “No le caí bien; me dijo que mejor regresara al Seminario de Jacona; no quería admitirme aquí, y no me admitió, argumentando que ya era muy grande de edad para ingresar”
Entre quienes apoyaban su empeño, se encontraba en aquel entonces Monseñor Ildefonso Águila Zepeda, Capellán de San José de Gracia, quien al enterarse de lo sucedido, habló con el Padre Formador que lo había rechazado, pero éste no cedió en su negativa. Entonces el Padre Águila le expuso el caso directamente al Cardenal José Salazar López, Arzobispo Metropolitano, y así, mediante recomendación directa del Prelado, Evaristo ingresó al Seminario Menor, donde cursó los estudios de Preparatoria, que equivalía entonces a los años 4º, 5º y 6º de Humanidades.

“Independencia”

Al concluirlos, el joven Evaristo fue enviado a hacer el Curso Introductorio a Tapalpa, pero allá se encontró con la desagradable sorpresa de que los sacerdotes encargados de dicho Curso lo consideraron no apto para los estudios. Eso sucedió el 8 de diciembre de 1978.
Frustrado, regresó a su casa. Su padre, irritado, decidió ir a hablar con los Formadores, pero ellos mantuvieron su postura de rechazo. Ante ello, su progenitor le presentó la disyuntiva de ponerse a trabajar en el taller de su propiedad, pero sin remuneración alguna; o bien, que dejara el hogar paterno y se buscase la vida por su cuenta. Optó por esto último.
De golpe, perdió casa, familia, vocación y hasta la fe en Dios, y así llegó a Guadalajara: “Me hice rebelde, dejé de ir a Misa; no me confesaba y llevaba una vida angustiosa y desordenada; y algo que tenía seguro era que jamás de los ‘jamases’ volvería a intentar ingresar al Seminario”.
Buscó y encontró trabajo, pero al mismo tiempo se dedicó a estudiar una carrera universitaria; sin embargo, como sus estudios del Seminario carecían entonces de validez, tuvo que repetir la Prepa antes de poder cursar y graduarse como Contador en el año de 1987.
Esta profesión la ejercería durante veinte años exitosamente, adquiriendo prestigio, recursos económicos, numerosas amistades.

El reencuentro

Ya bien instalado en esta ciudad, su madre se fue a vivir con él, poco antes del fallecimiento de su padre; y a pesar de la insistencia de su mamá de que regresase a la iglesia, él se negaba rotundamente a hacerlo. Con todo, al hacerse de una novia que sí practicaba su religión, y ante los ruegos de su progenitora, un buen día esta oveja descarriada decidió volver al redil.
Se inició así una nueva etapa de reconsideración de su actitud pasada y de reconciliación con Dios, poniéndose bajo el amparo especial de la Santísima Virgen María.
Con el fruto de su trabajo, había ya por aquel entonces adquirido una casa en el Barrio del Santuario, pero cercana a la Capellanía de Nuestra Señora del Refugio, a donde él solía ir a rezar ante la Virgen.

A Jesús, sacerdote eterno, por María, refugio de pecadores

Y según relata él mismo, estando ahí en oración experimentó un hecho interior que habría de marcar su vida y reencauzar todos sus anhelos otra vez hacia el ámbito de la vocación sacerdotal, pues sintió de manera palpable el llamado de Cristo, a través de la Virgen del Refugio. A Ellos prometió, a partir de ahí, asistir a Misa diariamente y recibir la Sagrada Eucaristía.
Se acercó al Párroco del Santuario, el Padre Ernesto Estrella Vaca, y se ofreció para ayudar en las Misas de siete de la mañana y ocho de la noche, para no interferir con su trabajo, y así asistía al celebrante diariamente hasta el día en que, asesorado y apoyado tanto por el señor Cura Estrella como por el Padre Jacinto Guerrero Torres (a la sazón Párroco de El Dulce Nombre de Jesús y después Obispo de Tlaxcala, q. e. p. d.), decidió dejar todo y reingresar al Seminario, para hacer el llamado Curso de Nivelación, correspondiente al Ciclo 2005-2006, bajo la guía del Padre Marco Antonio García Martínez.
Desde entonces hasta la fecha, Evaristo, pese a su mayoría de edad, considera que ha logrado una excelente integración con sus compañeros y Formadores, quienes lo estiman y apoyan, esperando que pueda ver coronado, dentro de poco tiempo, su anhelo de ser sacerdote.
Nunca es tarde, pues, para responder al llamado de Cristo; más aún, si existe el patrocinio e intercesión de su Santísima Madre.
Concluimos esta breve y real historia con las palabras del propio Evaristo: “Aquí estoy de nuevo por voluntad de Dios y de la Virgen María del Refugio”.

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Una Respuesta a “Nunca es tarde para seguir a Cristo”

  1. Mario Alejandro Lozano García Dice::

    Agosto 3rd, 2010 a las 10:06 pm

    Verdaderamente Evaristo es un buen compañero y amigo. Nos ha puesto el ejemplo de la paciencia y de la fortaleza en las adversidades que ha sufrido a lo largo del seminario, como es el caso del estudio.

    Me he sorprendido con este artículo.

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