Tenemos una religión, pero somos ignorantes de ella
Publicado en web el 15 de Julio, 2010
Licenciada Lupita Venegas:
Le escribo a nombre de un grupo de catequistas. Ya no sabemos qué hacer con los papás de los niños a quienes les damos instrucción. Se rehúsan a tomar los cursos de preparación para ellos. Son padres que se interesan por la ceremonia y los regalos, pero que muchas veces saben de religión mucho menos que sus hijos. Pero, eso sí, van y le rezan a los santos de su devoción o le piden milagros a la Virgen, y encienden veladoras cuando tienen algún problema que les urge solucionar. Mas, si uno les pregunta el valor de un Sacramento o si saben qué es vivir en Gracia de Cristo, no tienen ni la menor idea. Lo peor es que algunos se enojan si uno les pide que se preparen. En mi Parroquia, las catequistas tomamos esa iniciativa, pero los resultados fueron decepcionantes porque a duras penas conseguimos que unos cuantos papás vinieran, mientras que la mayoría se mostró irritada porque le dijimos que sus niños no recibirían su constancia para hacer su Primera Comunión, si ellos no acudían a catequizarse. Afirmaron que nosotras estábamos poniendo trabas para que sus hijos recibieran la Primera Comunión.
Rosa María, a nombre de un
grupo catequistas.
Muy estimadas hermanas en
Cristo y María:
En nuestro país, y en general a lo largo de toda América Latina, hay muchos bautizados con tan sólo “un barniz de conocimientos de religión”. Las familias bautizan a sus hijos por tradición, pero sin convicción alguna, en la gran mayoría de los casos. Esto hace que muchos países que se dicen de mayoría católica, sufran al mismo tiempo un bajo nivel educativo y sean víctimas de violencia y de otros males sociales como las injusticias que generan desempleo, la migración y separación de las familias, etc. Todo esto no sucedería si existiesen y se viviesen sólidos principios cristianos.
Lo que ustedes viven ahora es un reflejo de esta dualidad ante la fe, de aquel que afirma: “Soy católico, pero no practicante”. Frase que tanto se escucha entre nuestros correligionarios y que expresa una triste realidad.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que las manifestaciones externas de piedad deben mantenerse, pues de ninguna forma ayuda el dejarlas. Scott Hahn, un teólogo contemporáneo que llegó al catolicismo tras haber sido un evangélico calvinista, descubrió el valor de las tradicionales devociones católicas y su sustento en la doctrina bíblica. Él demostró cómo la piedad popular y sus manifestaciones están sólidamente fundadas en las Sagradas Escrituras y han sido practicadas durante siglos por los mejores hombres y mujeres de la tradición intelectual católica. Algunos creen que inteligencia y piedad son dos cosas mutuamente excluyentes, mas no es así.
En palabras citadas por Scott Hahn en su Libro Signos de Vida, “lo mejor que podemos hacer es practicar nuestras devociones sabiendo lo que hacemos. Jesús nos mandó rezar no como teólogos hipócritas (Mt. 6,5), pero tampoco como paganos que ignoran lo que hacen”. Un santo del Siglo XX, San José María Escrivá, lo expresó muy bien: “Urge a los católicos tener piedad de niños y doctrina de teólogos”.
Ustedes, amigas mías, son un grupo de catequistas con celo apostólico. Necesitamos mucha más gente así. Pero debemos recordar que se predica mejor con la caridad. La fe no se impone, se propone.
Las invito a seguir adelante en su labor, sin desfallecer y sin desesperar. Pero que su actitud nunca sea farisaica sino auténticamente cristiana.
Lupita Venegas/Psicóloga
Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.



