Urgen agentes humanizadotes y evangelizadores
Publicado en web el 29 de Julio, 2010Las tareas de la Pastoral Social, como una dimensión específica de la acción evangelizadora, son responsabilidad de todos los miembros de una determinada comunidad eclesial. Son responsables los obispos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas y los laicos; cada quien según el propio estado de vida que guarda dentro de la Iglesia
Pbro. Jerardo Flores Proa
Con notas del II Sínodo Diocesano, Pastoral Social
Toca a los laicos, de una manera prioritaria , desempeñar las tareas de la Pastoral Social, por ser los actores directos de las actividades temporales: familiares, económicas, políticas y culturales. Así lo asienta, en su Punto 31, el Documento Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II: “A los laicos pertenece por propia vocación buscar el Reino de Dios, tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Muy en especial les corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de manera que se realicen según el Espíritu de Cristo”.
A ellos les toca insertar el mensaje evangélico en los organismos de la Sociedad y realizar en ellos la justicia, la verdad, la paz, la libertad. En el Punto 43, dice la Gaudium et Spes: “El Concilio exhorta a los cristianos a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados por el espíritu del Evangelio. El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes para con el prójimo y para con Dios. A la conciencia bien formada del laico toca lograr que la Ley Divina quede grabada en la ciudad terrena”.
Por su parte, el Documento de Santo Domingo reconoce la urgente necesidad de capacitar a “laicos que sobresalgan en el campo de la Educación, la Política, los Medios de Comunicación, la Cultura y el Trabajo, según la Doctrina Social de la Iglesia, en orden al servicio efectivo a la comunidad”.
Los Obispos y los Presbíteros, y a ellos se equiparan los Religiosos y las religiosas a este respecto, tienen la misión de formar las comunidades eclesiales en unidad y comunión. Por esta razón, para facilitar su misión, no deben asumir liderazgos sociales ni políticos. Sin embargo, su aportación a la Pastoral Social es indispensable, pues tienen el deber de iluminar el compromiso social de los laicos cristianos, de animarlos, de acompañarlos, de educarlos para la práctica de la caridad y la justicia.
Aconseja el más reciente Magisterio de la Iglesia: Que “los Obispos prediquen, juntamente con sus sacerdotes, el Mensaje de Cristo, de tal manera que toda la actividad temporal de los fieles quede como inundada por la luz del Evangelio. Es tarea suya hacer que la predicación, catequesis y liturgia tengan en cuenta la dimensión social y comunitaria del Cristianismo, formando hombres comprometidos en la construcción de un mundo de paz”.
En el amplio y articulado servicio de la caridad, desarrollado ayer y hoy por nuestra Iglesia, hemos de reconocer la valiosa contribución de numerosos Institutos Religiosos, de varones y mujeres, surgidos bajo el impulso de un específico carisma al servicio de los más necesitados, y expresado en el cuidado de los enfermos, de los ancianos, de los minusválidos, de los huérfanos, de las madres solteras, de los encarcelados, de los niños de la calle. En una Sociedad tan compleja como la nuestra, su generosidad y su creatividad han de seguir orientándose a formas nuevas, de acuerdo a las nuevas necesidades de acciones caritativas, lo mismo que de otras de índole educativa, cultural y social.
más allá del altruismo
La Iglesia, como el Buen Samaritano, ha de ejercitar este servicio -esta diakonía- de la promoción humana, sin separarla de la caridad en sentido evangélico -el ágape, la cáritas-, que brota de la comunión con Dios. De esta forma, no será un servicio circunstancial o disminuido al simple nivel de la filantropía humana. La formación y sensibilización permanente para ejercitar este Evangelio de la caridad ha de ser sostenido por instituciones como Cáritas Diocesana (y organismos similares de Voluntariado, con sentido cristiano), la cual, a distintos niveles, siempre tendrá una acción de ejemplaridad y de avanzada al servicio de los últimos.
Aquí en Guadalajara, y desde hace seis años como fruto de caridad concreta a raíz del XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, la Fundación Cardenal Garibi Rivera ha emprendido acciones de promoción humana que han sido de gran apoyo para muchas familias que se han visto beneficiadas por el respaldo recibido, gracias al soporte de nuestra Arquidiócesis y a la generosidad de nuestros bienhechores.
Contacta y conoce la
Fundación Garibi Rivera
www.fundaciongaribirivera.org
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