Velas de Sudamérica 2010: de Río de Janeiro a Veracruz
Publicado en web el 15 de Julio, 2010“La Cultura es algo que debe crecer. No se puede construir un árbol. Lo único que se puede hacer es plantarlo y cuidar de él. Hay que pensar en el árbol de la vida, en el árbol de la ciencia, en el árbol del ‘buque de vela’; en el árbol genealógico de la familia, y hasta en el árbol del bien y del mal. En todo lo que tiene raíz, historia, pasado y promesa” (Cfr. “Este Pueblo de América”, Arciniegas, Germán. SEP-setentas, México 1974)
Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso
¡Qué interesante la metáfora de un buque de vela como un árbol frondoso! Así lo contempló el gran americanista Germán Arciniegas. Así hemos podido ahora contemplarlo en el espectáculo de once de ellos en los muelles de Veracruz a la llegada de los mayores de nuestra América, al finalizar su travesía iniciada en Río de Janeiro el 2 de febrero de este 2010. La travesía tocó estos puertos americanos: Río de Janeiro, al cobijo del gran Cristo del Corcovado abierto en Cruz; luego Montevideo, señorial, en Uruguay; tocaría, asimismo, Mar del Plata y Buenos Aires con su inmenso delta; la Isla de los Estados en La Patagonia y el Puerto de Ushuaia, para llegar a Cabo de Hornos.
Siguió hasta Punta Arenas, ya en costa chilena, y Talcahuano (lugar del sismo reciente), para atracar en Valparaíso y su movimiento; llegar a El Callao, puerto marítimo de Lima, hasta el gran Golfo de Guayaquil en Ecuador; cruzar , obviamente, el Canal de Panamá, para arribar a Cartagena de Indias, sus murallas y su fuerte, hasta recalar finalmente en La Guayra, el puerto de Caracas. En esta travesía participaron 15 países y al menos once grandes veleros en su itinerario continental.
Listado de los veleros
y su simbolismo
Entre ellos venía el Buque Escuela “Libertad”, de Argentina, y el Motovelero “Ice Lady Patagonia II”, de la Asociación Científica Austral (Argentina). Los Buques-Escuela “Cisne Blanco” (en verdad), de la Armada de Brasil; el “Esmeralda”, de la Armada de Chile; el “Gloria”, de Colombia, y “El Guayas”, del Ecuador; el “Juan Sebastián Elcano”, con nombre significativo, de España (país invitado), así como el “Iskra” de Polonia; el “Capitán Miranda”, de la República Oriental del Uruguay; el “Simón Bolívar”, de Venezuela, y de México, el Buque-Escuela “Cuauhtémoc”, con su esplendor marino en toda su reluciente cubierta, limpísima al máximo, orgullo para México. Una escuadra símbolo de todas nuestras nacionalidades. ¡Qué juego cromático de banderas y señales marinas! Todo un lenguaje semiótico en su más nítida expresión.
Muchos de nuestros héroes patrios vivieron exilios, triunfos y regresos a la Patria a bordo de aquellos veleros, goletas y aun pequeños buques, de hace 200 años. Se dice que Francisco Primo de Verdad y Ramos, heroico Precursor de la Independencia de México, murió en las mazmorras de San Juan de Ulúa, allá en Veracruz; el Consumador y primer Emperador Agustín de Iturbide y Arámburu, de sumarísimo fusilamiento; el Cura José María Morelos y Pavón, quien asedió y tomó por mar el Fuerte de San Diego en Acapulco; el otro Consumador, Vicente Guerrero, que fue traicionado por Picaluga, en aguas de las costas oaxaqueñas.
Asimismo, Simón Bolívar, quien sufrió inclemencias y destierro en aguas y buques del Caribe, del mismo modo que padecieron inclemencias, héroes del Ecuador en Guayaquil; de Chile, en Valparaíso y en Puerto Mont. Todos ellos supieron de la vida y trajín de los buques de vela, con los que se iniciaron las primeras “Armadas” Nacionales. Por eso esos buques son ahora marco referencial de nuestros Bicentenarios “en la mar…”
Somero marco náutico para
visualizar un velero
Todo marino, desde el más simple grumete, que se precie de tal, distingue bien la forma y función de las principales velas: la mayor, el trinquete y la mesana. También aprende el uso exacto de la triangular vela latina; de la “encapillada” y de la “larga faldota”, de la trapezoidal tarquina, pieza clave, y de las “de cruz” o las “cuadras”, según los vientos por babor o por estribor de la nave. Y toda la tripulación marina acata, porque las entiende, las órdenes precisas de “cambiar la vela”, “dar vela”, “largar velas”, “hacerse a la vela”, “alzar, recoger o tender las velas”.
Y, ya sea con tiempo favorable o con viento duro o recio de popa, sabe que debe “apocarlas” y no “llenarlas” imprudentemente. Todo este conocimiento va apoyado en su combinación con los mástiles, los trinquetes y las cruzadas vergas. Maderamen clásico y técnico de la navegación, que es todo un arte: en la paz y en la guerra.
Interesante y colorido enfoque de celebración del Bicentenario de la Independencia. Allá en el Heroico Puerto de Veracruz.
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