¡Ay, mis hijos!
Publicado en web el 26 de Agosto, 2010Luego de la aprobación por parte de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación (SCJN) para que parejas homosexuales puedan adoptar a niños, a pesar de que sus integrantes habían prometido que estudiarían a fondo esta situación para que su sentencia no fuera tomada superficialmente, sino con base en estudios y en la experiencia negativa que otros países han tenido al legislar sobre el mismo tema, queremos presentar algunas consideraciones.
Nuestro país, de por sí ya lastimado por la inseguridad y la violencia, y por la precaria economía que sufre, corre otro riesgo de lamentables consecuencias: dañar profundamente la institución familiar. Lo más valioso que tiene México, sus familias, ha sido directamente atacado. Nos preguntamos: ¿Por qué han sido olvidados los derechos de los niños?
La mayoría de los ciudadanos en México no está de acuerdo con la determinación de la SCJN, pero muchos no se han manifestado. Nosotros alzamos la voz para mostrar las aberraciones en que se incurre, señalando las acciones que se cometen en contra del derecho natural que asiste a todo individuo, independientemente de su cultura, raza o credo, y que todo legislador y juez debe respetar, porque la Ley Natural está por encima de la aplicación de cualquier ley del hombre. No podemos quedarnos callados por esta injusticia que se comete con los niños que son objeto de adopción y, en general, contra los mexicanos.
No creemos, con esta postura, objetar el estado laico, porque nadie pone en duda esta aseveración. ¿Qué tiene que ver aquí el estado laico, cuando se trata de otra realidad, de carácter natural, la que está en juego?
Queremos que se respete el orden natural, y hemos dado a conocer diferentes argumentos que avalan nuestra posición, mirando, sobre todo, al bien común. No es la fuerza del poder la que debe prevalecer, sino la fuerza de la razón.
Sin aportar elementos válidos que fundamenten su postura, las personas, instituciones y legisladores que han apoyado y aprobado el aborto, el uso de la píldora del día después, los matrimonios homosexuales y la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo, han alegado, como principal argumento, que todos los mexicanos tienen los mismos derechos, y a quienes no piensen así, para desprestigiarlos, les han llamado retrógradas, intolerantes, personajes de la Edad Media, conservadores, impositores de una moral como actividad pública que todos deben asumir, etc.; pero, insistimos, sin presentar pruebas objetivas que demuestren su pensamiento, sino que sus mayores pruebas son la denostación y el desprestigio del contrario.
A nuestra redacción y al Arzobispado de Guadalajara han llegado innumerables correos electrónicos (ver nota aparte); la inmensa mayoría son muestras de solidaridad a la postura asumida por el Cardenal Juan Sandoval, ya que consideran, quienes han escrito cientos de emails, que la defensa de la vida y de la familia que ha abanderado el purpurado tapatío es la postura con la que se identifica la mayoría de los mexicanos, incluso aquellos que no son católicos ni creyentes, porque los sensatos han entendido que la determinación de la SCJN es legal porque así lo señalaron, pero no significa que sea ética, porque antes de las leyes positivas está la Ley Natural, como lo hemos subrayado.
No es nuestra intención estar en contra del Derecho ni por encima de las instituciones, pero sí tenemos un pensamiento y una libertad que nos dan la oportunidad de expresar lo que nosotros creemos, respetando las autoridades legítimas y otras formas de pensar y de actuar diferentes a nuestras convicciones, pero -al mismo tiempo- esperando que esta apertura y este respeto sean recíprocos.
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