5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Jóvenes | Edición:

¿Por qué consumen drogas nuestros jóvenes?

Publicado en web el 26 de Agosto, 2010

31Partiendo de la base de que la familia es uno de los lugares más importantes de socialización y control de los mecanismos que afectan la probabilidad del consumo de drogas por parte del adolescente, existen algunas características familiares que pudieran predecirlo.
Sabemos que en las familias donde los adolescentes y jóvenes no consumen sustancias, hay, significativamente, más afecto, más cariño, más confianza familiar y parental; una mayor comunicación, disciplina y puesta de límites dentro de la misma, que en aquellas con adolescentes consumidores.
A partir de esta premisa, se identifica a la adolescencia como el momento evolutivo familiar asociado al inicio del consumo de sustancias, y a los procesos que conlleva de separación y autonomía psicológica, como especialmente relevantes para explicar tanto su inicio como su mantenimiento. Durante esta fase, todos los adolescentes y sus padres deberán sortear este inevitable proceso, de cuyo éxito o fracaso dependerá, en parte, la adición al consumo de sustancias nocivas, entre otros factores.
Por lo que respecta a la drogadicción, cabe señalar que en estos últimos años ha cambiado el perfil del consumidor de sustancias; que se ha expandido el mercado de la drogas sintéticas, y que esto se concentra en un determinado espacio de edad, que fluctúa entre los 17 y los 24 años, configurando un complejo referencial único para los jóvenes, al que se une el alcohol, el cannabis (marihuana) y la cocaína de fines de semana.
De esta manera, consuman o no, y de cara a la prevención, los adolescentes se encuentran hoy inmersos en contextos de consumo como una presencia dominante. Ante ello, cabría hacerse esta pregunta: ¿Existe en la actualidad alguna forma de diversión realmente atractiva para los jóvenes, en la que en un momento u otro no medie algún tipo de uso de drogas para obtener, reforzar o acompañar su satisfacción personal o grupal?
Para muchos jóvenes, las drogas es el único medio que, según ellos, les permite desvincularse de su núcleo familiar y diferenciarse de los deseos y expectativas de sus padres; mas, esto, sólo les produce una individuación errónea, no sólo por caer en una dependencia peor, sino porque incluso ponen en peligro su vida.
Puesto que la adolescencia marca generalmente la iniciación al consumo de sustancias, es importante destacar algunas ideas sobre este estado del ciclo vital, que comienza en la pubertad y concluye cuando el individuo alcanza la edad adulta.
Alcanzar una identidad diferenciada y coherente es una de las tareas más importantes de la adolescencia, mas no siempre se consigue, y por supuesto que el consumo de estupefacientes es el gran obstáculo para este logro.
Por otra parte, el peso que para el adolescente tiene el grupo de amigos es muy alto, y desempeña un papel prioritario en la formación de la propia identidad.
Y es que los conflictos, las angustias y dificultades experimentadas en su hogar, pueden ser compartidos por otros y también resueltos por el grupo, debido a la simpatía y a la comprensión mutua.
Asimismo, las opiniones de los amigos suelen tener grande influencia en temas de trascendencia menor, como gustos estéticos, ropa, música, actividades para el tiempo de ocio, etcétera.

Por otra parte, cabe señalar que hoy se han popularizado también “nuevas” pautas de consumo de drogas:
- Hay actualmente entre los jóvenes un uso excesivo de bebidas alcohólicas, caracterizadas por fuertes intoxicaciones y unos cambios notables en las pautas de ingesta de alcohol respecto de anteriores generaciones.
- Existe también una popularización y mayor accesibilidad de ciertas drogas de síntesis, entre las que destacan ciertos derivados anfetamínicos de sustitución, como la MDMA ó “éxtasis”, y sus similares, que además de efectos estimulantes, producen otros que podríamos considerar como psicodélicos o de distorsión perceptiva.
Este nuevo patrón de uso de drogas produce la disfunción de alguna de las principales áreas del funcionamiento adolescente (social, académica, física o emocional), y su abuso es una salida inadaptada a las demandas de independencia.
Ahora bien, para hablar de prevención de situaciones problemáticas de cualquier tipo, tendrían que señalarse los factores que inciden en que se desarrollen las mismas.
El consumo problemático de drogas que en sí mismo constituye un riesgo, también genera otros muchos, como adoptar conductas violentas, tener embarazos no deseados, cometer delitos mayores o menores, causar accidentes de tráfico, sufrir fracasos escolares, dependencias de todo tipo, e incluso incidir en el suicidio… o cualquier otro tipo de conducta que ponga la vida o su integridad en peligro.
Y, para comprender estas conductas de riesgo en los adolescentes, es necesario tener en cuenta que no se producen de forma gratuita, sino que están siendo utilizadas para responder a funciones psicológicas y sociales propias de su edad. Entre dichas funciones cabría destacar:

- La integración en el grupo
de compañeros
- La reducción de estrés y de la incertidumbre sobre la propia identidad
- El obtener experiencias de poder y de protagonismo social
- El establecer la autonomía respecto de los padres
- El rechazo a las normas y valores de la autoridad convencional
- El marcar la transición de su infancia al status adulto.

Pese a todo, siempre existe la posibilidad de proteger a los adolescentes, estando muy atentos a lo que puedan necesitar. Pensando, como se ha dicho a lo largo de este Artículo, que los adultos son sus modelos, ya se trate de los propios progenitores, como de sus maestros y educadores y, en general, de todas las personas mayores de edad que los rodean, cuya obligación es señalarles el camino apropiado para salir adelante de esa crisis temporal en particular, y de toda su vida en general, pero teniendo cuidado de no caer en una sobreprotección, que podría resultar contraproducente.
Los padres de familia que se manejan de un modo asertivo, supervisando las conductas de sus hijos, proporcionándoles normas claras y a la vez siendo afectuosos y no intrusivos, son los que mejor pueden ayudarles a adquirir seguridad y autonomía y pueden proporcionarles una identidad clara.
El peligro de las drogas está presente, hoy más que nunca, y contra eso no sólo deben actuar a gran escala autoridades, gobiernos y políticos, sino también todos aquellas personas con responsabilidades educativas, como padres de familia, la Iglesia, educadores, profesionistas, etc.
Como sociedad adulta, no hay que dejar solos a los jóvenes, que comienzan la difícil y riesgosa tarea de enfrentarse a la vida.

Fabiola Castillejo,
Psicóloga-psicoterapeuta

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