5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al Paso de la Luz

Publicado en web el 12 de Agosto, 2010

24Por Esegé

Y se salió el pueblo a disfrutar de los resplandores del cielo, de los colores del aire y de las fragancias del verano, acomodado al sube y baja de su diseño urbano.

Los tejados, en un juego armonioso de planos; el templo viejo asoma su noble frente; la pila acaba de suspender el canto de agua en que arrulla sus labraduras.

Es momento de meditación y silencio en el trastocado pueblo de Tapalpa, convertido por sus visitantes en torbellino humano de incontenible alharaca.

La fama tiene un precio: el esplendor de sus bosques, el toque soñado de sus cumbres, la luz de sus paisajes, le hizo perder el silencio y la paz que tuvo antes.

Hay diversas maneras de ver el progreso, de festejar la calidad de pueblo mágico que se ha otorgado a Tapalpa. Acaso habrá quien añore sus días de recato.

Habrá, sin duda, quien recuerde la quietud, la vida interior de este pueblo, hoy ensordecido en el griterío y el escándalo de quienes suben a vivir tanta belleza.

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