5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 26 de Agosto, 2010

24Por Esegé

Voy y vengo por las calles del pueblo, según los asuntos que tengo qué atender, los encargos o tareas de donde saco lo indispensable para mi sustento.

Mi perrito siempre conmigo. Me sigue a dondequiera que voy con la fiesta de su cola, con el garbo y la inquietud de su paso casi siempre adelante de mí.

Poco me comunico con los vecinos, y por eso tal vez me llaman “el Mustio”, como reprochando mis silencios, como pidiéndome que suelte más la lengua.

No me hallo en decir cosas que no entiendo, ideas que no comparto, historias que no apruebo… En cambio, sí entiendo y comparto el lenguaje de “Jazmín”.

Cuán respetable es la actitud y el modo de ser de una persona, y cómo en el tejido humano hay todos los matices y resultan todas las características del hombre.

De este modo, pensar en los resquicios interiores, los sentimientos ocultos, los recintos privados que Pedro, Juan o Francisco llevan en los repliegues del alma

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