26 de Octubre de 2014
Año XII
No. 925
A propósito del Festival del Mariachi | Cultural | Edición:

Blas Galindo y el Son de la Negra

Publicado en web el 26 de agosto, 2010

27Profa. Raquel Guadalupe Núñez Rojas
Centro de Estudios Históricos “Fray Antonio Tello”

Qué mejor oportunidad que ésta, para hablar del Maestro Blas Galindo, ya que durante la realización del Encuentro Internacional del Mariachi y el Festival del Mariachi Tradicional, en esta ciudad de Guadalajara y en algunos municipios jaliscienses, en casi todos los eventos suele ser el fondo musical “El Son de la Negra”, composición dedicada a una máquina del ferrocarril que llamaban precisamente “La Negra”, y servía para ayudar al tren a subir la empinada “Cuesta de Sayula”, en el Sur del Estado, rumbo a Zapotlán.

Quién fue el maestro Blas Galindo
El Maestro Galindo fue un jalisciense nacido en tierras sureñas de la Sierra de Amula; vio la luz primera en San Gabriel, que con Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán) y Sayula, integra un triángulo de poblaciones que ha producido genios como José Clemente Orozco Flores, Juan José Arreola, Juan Rulfo, José Mojica, Consuelito Velázquez, Severo Díaz Galindo y otros más. Blas Galindo Dimas, indio de raza pura, vino al mundo el 3 de febrero de 1910 y pasó su niñez al amparo del Santo Cristo de Amula, tan querido por los sangabrielenses.
Su primer trabajo de niño-jornalero era ir al monte a recoger leña, y así transcurrió su infancia en las faenas del campo hasta los nueve años, cuando empezó a asistir a la escuela.

Su intuición musical
Desde sus primeros años, recibió el llamado del arte musical y se incorporó al Coro infantil de su Parroquia, dirigido por el Maestro Antonio Velasco, quien lo inició también en el estudio del piano y en la teoría musical. Blas Galindo, junto con Juan Pablo Moncayo, Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, Daniel Ayala, Salvador Contreras, José Rolón, Luis Sandi, Carlos Jiménez, Luis Herrera de la Fuente y otros más, habrían de formar, en mayor o menor grado, la época de mayor esplendor del arte musical de México correspondiente al Siglo XX.
En 1928, a los 18 años, en su pueblo natal, trabajó, estudió y organizó la Banda Municipal de Música. Con esa Banda, en la que el joven era Director y alumno de sí mismo, habría de rubricar, sin saberlo, su vocación musical, pues aquel niño que anhelaba ser músico, se negaba a ser abogado o político, que era lo que le señalaba su padre para el futuro.

Su llegada a la ciudad de México
Con treinta pesos en la bolsa, y después de haber fundado Coros y organizado la mencionada Banda Musical, Blas emprendió el vuelo del águila hacia encumbrados horizontes. Él mismo recuerda con emoción su llegada a la Capital y su encuentro con el Palacio Nacional, y cómo, frente a ese inmueble imponente, asumiría por derecho su condición de artista universal, donde sólo su capacidad le pondría límite.
En otra ocasión, una vez que lo entrevistaron, declararía con sencillez: “Todo se hace así en los pueblos mexicanos…. Vine a México y pensaba estudiar Leyes, ser abogado para volver a mi tierra y proteger a las gentes. Pero al llegar aquí, me encontré con un paisano mío, y me llevó al Conservatorio, porque él tocaba en la Orquesta Sinfónica de México. Tanto el Conservatorio como la Sinfónica de México, eran entonces dirigidos por el Maestro Carlos Chávez. Y fíjese usted, durante mi primer día en la Ciudad de México, conocí el Conservatorio y escuché un ensayo de la Sinfónica.
“Mi amigo me había invitado a presenciar el ensayo, ahí escondido detrás de las percusiones, para que el Maestro Chávez no me descubriera…. Y cuando terminó el ensayo, mi amigo me preguntó si me había gustado. Claro que sí me gustó, contesté; y en ese mismo momento descubrí lo que quería hacer en la vida”.
Y en efecto, aquel momento de su primer día en México fue definitivo para el recién llegado de San Gabriel, pues escucharía la primera parte del ensayo con la Orquesta Sinfónica, dirigida por el Maestro Carlos Chávez, y la segunda, bajo la batuta del Maestro Silvestre Revueltas, interpretando un programa de música mexicana. Eso fue, sin duda, lo que definiría el sentido nacionalista de sus propias composiciones.
En otra entrevista, recordaba lo siguiente: “En mi pueblo no sabíamos que había escuelas especializadas para enseñar música; allá todos eran músicos; que la guitarra, que la flautita, que los violines, las arpas o las mandolinas; pero todos tocaban… Como no había radio ni tele, en las tardes todos hacían música. Yo iba pasando por la calle y me gritaban: ¡Órale, Blas, vente, agarra tu guitarra y dale! Y le dábamos. Pero no sabíamos que había escuelas como el Conservatorio”.

Su ingreso al conservatorio
En 1931, a los 21 años de edad, formalmente se inscribió en el Conservatorio con bastantes dificultades, porque los alumnos de primer ingreso, a lo sumo, deberían tener 12 años. Además, no traía documentos que comprobaran antecedentes escolares musicales.
Alguna vez, el Maestro refería a sus alumnos varios momentos de su vida estudiantil, como éste: “Cuando me pidieron comprobantes sobre mis estudios musicales, contesté: No, no traigo nada; lo único que traigo son muchas ganas de estudiar. Mas en lo que tenía mayores tropiezos era que no tenía con qué comer, no tenía dónde vivir, ni nada. Eso lo fui resolviendo poco a poco. Ustedes están en la gloria; yo llegué a dormir en el quicio de un zaguán o en la banca de un jardín. Inclusive, un día tuve qué decirles a mis compañeros del Conservatorio: No tengo para echarme un taco; y ellos nunca me negaron ayuda, aunque fuera de cinco centavos”.

Se define el compositor
“Luego de mi primer año de estudios, continuó recordando el Maestro, seguí con la armonía, el contrapunto y la fuga y todas esas cosas, pero a mí me interesaba más la composición, la creación musical que impartía el Maestro Carlos Chávez”.
De esa clase habría de salir el afamado “Grupo de los cuatro”: Blas Galindo, Daniel Ayala, Salvador Contreras y José Pablo Moncayo. Y por fin, en 1933, Galindo presentó su primera obra: una Suite para Violín y Violonchelo.
Pero la obra que se difundió internacionalmente fue “Sones de Mariachi”, respecto a la cual narraba el autor: “Me pidió el Maestro Chávez que compusiera una obra con sones de mi pueblo para presentarla en Nueva York, en la exposición Veinte Siglos de Arte Mexicano. Así que, me advirtió el Maestro Chávez, tiene que ser para pocos instrumentos. Entonces se me ocurrió hacer algo con flauta y violines, pero ponerle en el centro un mariachi. Y, pues claro que eso, en Nueva York, fue un éxito”.
Así fue como nació “El Son de la Negra”, composición mundialmente conocida e interpretada, original del maestro Blas Galindo Dimas.

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Una Respuesta a “Blas Galindo y el Son de la Negra”

  1. Aurelio Martínez Corona Dice::

    septiembre 13th, 2010 a las 1:32 pm

    Profesora Raquel:
    El Son de la Negra es una composición de los hermanos Fidencio y Alberto Lomelí Gutiérrez, originarios de Tepic, Nayarit. Data esta pieza de 1926 y fue compuesta para una señorita llamada Albina Luna que murió hace diez años mas o menos. O sea, que no es del maestro Blas Galindo; lo que él hizo -y como usted lo comenta en su artículo- fue reunir sones de su pueblo en la composición “Sones de Mariachi”, dando inicio con el son de la negra a tan conocida composición; que el mismo maestro orquestó después.

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