Brutal impacto, legitimar adopciones a parejas homosexuales
Publicado en web el 19 de Agosto, 2010
Responsabilidad y libre expresión, un derecho de toda persona
Hemos escuchado durante estos días el bombardeo en los Medios sobre el tan controvertido tema de las uniones entre personas del mismo sexo y la adopción de niños por éstas.
Es de todos conocida la aprobación que la Asamblea del Distrito Federal realizó, tiempo atrás, donde se daba cauce a este tipo de uniones. Tal aprobación se logró de manera acelerada, sin las consultas necesarias a los diferentes actores sociales y sin atender el consenso de las mayorías, que estaba en desacuerdo con tales uniones, y especialmente con la adopción de niños. La aplanadora del partido dominante se impuso, y el debate social se hizo de lado, en detrimento de una Sociedad mayoritaria que mostraba estar en contra.
La Procuraduría General de la República interpuso un recurso constitucional ante la SCJN (Suprema Corte de Justicia de la Nación) mostrando su inconformidad. Ayer (lunes 16 de agosto), la SCJN terminó el debate sin ir al fondo del asunto; solamente confirmó la legalidad del proceso jurídico realizado por la Asamblea de Representantes del D.F.
Los Obispos de México, sensibles a la opinión mayoritaria no sólo de la Ciudad de México sino del país entero, manifestamos, en el ejercicio de la libertad de expresión garantizado por nuestro régimen político democrático, nuestro total desacuerdo con el fallo emitido por la SCJN, sin que esto signifique falta de respeto a las Instituciones del Estado Mexicano. Creemos que equiparar con el nombre de matrimonio a estas uniones es una falta de respeto, tanto a la esencia misma del matrimonio entre una mujer y un hombre, expresado en la Constitución del país en su artículo 4º, como a las costumbres y la propia cultura que nos han regido por siglos.
La Iglesia, de la que formamos parte todos los bautizados, vela por los derechos de los que no pueden defenderse, y en este caso los más débiles, como son los infantes. Por eso los Obispos, como Pastores, basados en la Ley Natural y en nuestra fe, siempre nos hemos puesto y nos pondremos del lado de los derechos de los no nacidos, de los que no pueden valerse por sí mismos, de los que son vejados y explotados en todo ámbito.
El Santo Padre, Benedicto XVI, en diferentes momentos y con atinadas reflexiones, ha insistido en la importancia de salvaguardar los valores fundamentales de la persona humana desde que es concebida hasta la muerte natural. Asimismo, ha expresado la importancia de respetar y proteger la Creación, la Naturaleza en general, y en particular la humana. La conciencia ecológica que tantos adeptos va sumando para salvaguardar las distintas especies respetando sus procesos naturales, debe incluir a la especie humana, la más digna y consciente de su propio desarrollo. Por ello, en la misma Naturaleza la Iglesia descubre la dignidad del matrimonio entre un varón y una mujer. Esto nos anima a impulsar la dignidad de la pareja y su prole, apelando a los valores naturales y morales.
Lamentamos que, al manifestar estos conceptos en la opinión pública, existan quienes recriminen y amenacen alertando la intolerancia, cuando la tolerancia es la posibilidad de que todos expresemos nuestra opinión y posiciones. Por ello, expresamos nuestra solidaridad y nuestro sentir a los señores Cardenales Norberto Rivera Carrera y Juan Sandoval Íñiguez sobre este delicado tema.
El momento que vive México requiere un debate de altura que nos una, y en el que todos los miembros de la Sociedad en su conjunto saquemos adelante los múltiples problemas que nos aquejan: inseguridad, violencia, corrupción, desempleo, etc. En nuestra Patria es urgente terminar con las ataduras de la intransigencia, de la exclusión, de los prejuicios de cualquier tipo y clase, y que todos como hermanos nos esforcemos por construir un México donde todos quepamos y se respeten los derechos de todo individuo; donde la transparencia y el buen uso de las libertades democráticas hagan de nuestro país una nación próspera, basada en los valores trascendentes.
Los Obispos, como Pastores del Pueblo de Dios y hermanos de todos, llamamos a los fieles a orar a Santa María de Guadalupe por las decisiones de los gobernantes y por todos los niños que no tienen voz pero sí el derecho de tener una familia que sea para ellos ejemplo de virtudes.
Por los Obispos de México.
+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla
Presidente de la CEM
+ Víctor René Rodríguez Gómez
Obispo Auxiliar de Texcoco
Secretario General de la CEM
Boletín de Prensa –
Adopción de menores por parejas homosexuales
Con profunda desilusión tomamos la determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual, desentendiendo el bien común y la lógica del sentido común, y mostrando un desprecio por la Ley Natural, ha aprobado la posibilidad de que personas casadas del mismo sexo adopten a menores de edad en el Distrito Federal, luego de que el 5 de agosto aprobara las uniones homosexuales. Con esta resolución, las parejas conformadas por personas del mismo sexo, que así lo decidan, contarán con los mismos derechos para adoptar a niños que las parejas heterosexuales. Consideramos que se trata de una aberración más, que se suma a las acumuladas recientemente.
Mostramos nuestro completo desacuerdo por esta decisión, que en nada beneficia a la mayoría de las personas en México, y que se orienta directamente a dañar, profunda e irreversiblemente, al matrimonio -constituido por varón y mujer- y a la familia -como prole de la unión de dos personas de diferente sexo-. En este sentido versaron las declaraciones del Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, difundidas por los medios de comunicación, luego de su presencia en la Ciudad de Aguascalientes, el domingo 15 de agosto de 2010.
Por desgracia, en la declaratoria de la Suprema Corte de Justicia de la Nación no se tuvieron en cuenta las investigaciones realizadas por el Instituto Mexicano de Orientación Sexual que, con argumentación de carácter científico, mostró sus cuestionamientos para que menores fueran adoptados por parejas homosexuales. Este mismo centro de investigación le había solicitado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, por lo menos, difiriera su fallo mientras no se profundizara en la investigación sobre el asunto y se llevaran a cabo más investigaciones al respecto, ya que la experiencia en otras latitudes muestra, con claridad, las secuelas que se han provocado en niños que viven con parejas homosexuales, dados los abrumadores resultados negativos en otras regiones.
El Instituto Mexicano de Orientación Sexual, basado, además, en investigaciones realizadas por la American Phychological Association (APA), en el estudio titulado “Lesbian & Gay Parenting” (“Cuidado de los niños por parte de lesbianas y homosexuales”), indicó que, por ejemplo, los niños que crecen en una relación homosexual tienen tres posibilidades más de padecer depresión que cualquier otro que crece en una relación heterosexual, resaltando que el matrimonio entre varón y mujer es el mejor ambiente para la crianza de un niño.
No deben considerarse sólo los posibles derechos de las personas del mismo sexo que quieran adoptar, sino también los derechos fundamentales del niño, y en particular del infante que puede ser adoptado. Un niño merece la mejor oportunidad de incorporarse a la Sociedad, usando su derecho a la adopción. Lo que el Estado debe regular es cuál es el ambiente ideal para ese menor. Y lo que todas las corrientes de Psicología en el mundo reconocen, es que un padre y una madre es el mejor ambiente para ello.
La misma investigación referida señala la alteración biosicoemocional que se provoca en el niño criado entre parejas homosexuales, además de que las estadísticas apuntan que hay más violencia en estas relaciones que entre parejas heterosexuales (sin ignorar las que aquí se dan), y sin pasar por alto, además, que existe mayor riesgo de que un menor sea violado en uniones del mismo sexo (porque así se ha comprobado, según el estudio), que en relaciones hombre-mujer.
No se trata, entonces, de argumentos religiosos ni tampoco de un involucramiento meramente moral en el orden civil, como tampoco de interferir en la laicidad del Estado, sino que las pruebas científicas, que hasta el momento se han presentado, y la consecución de la Ley Natural, son contundentes para afirmar que el ambiente más propicio para desarrollarse está en parejas heterosexuales. Los menores nacieron de la unión de un hombre y una mujer; jamás ha nacido nadie de la unión de dos personas del mismo sexo. Por lo tanto, su desarrollo está ligado íntimamente a su origen, y éste es su derecho, que ahora ha sido transgredido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Oficina de Prensa y Comunicación Social.
Arzobispado de Guadalajara.
La avalancha de despropósitos
Gonzalo Segundo Franco
Ya se veía venir. Llegó como se vaticinaba: sin un filtro de sentido común. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN, consideró “legales” (constitucionales) dos situaciones: Una, la unión de dos personas del mismo sexo, equiparando esa unión a un ‘matrimonio’; y la otra, que esas uniones consensuadas pueden adoptar hijos, que por incapacidad y por ley natural no pueden engendrar.
La SCJN esgrimió las razones de sus sinrazones. Bajo argumentos legaloides, adujo que todos somos iguales ante la Ley y que no se admiten discriminaciones (Cf. Art. 1 de la Constitución Mexicana).
Hay que hacer notar que toda ley tiene doble función, la normativa y la formativa. Una ley es promulgada para regular situaciones futuras (salvo que se ponga una cláusula de retroactividad), en orden a salvar y propiciar el bien común en base a la razón. Si no busca la verdad de las cosas, la ley no es digna de obediencia, porque va en menoscabo de lo que en principio debería fomentar.
La segunda finalidad de la ley es la formativa. La ley busca crear y formar actitudes positivas que ayuden a la comunidad a ser lo que es. Cuando se publica una ley, el legislador está indicando el camino del bien y la verdad; es una manera legal de dar forma a la Sociedad.
En el caso en cuestión, si esta ley es “formativa”, está indicando a las generaciones presentes y futuras que la decisión de elegir la preferencia sexual está a la par de la morfología natural que el ser humano ha recibido por nacimiento. Lo natural, como lo dice la semántica, es “por nacimiento”. No se cambia, simplemente se educa, se conduce, se cultiva, se hace crecer. Si hay carencias, allí está la formación humana que apuntala las deficiencias y potencializa las capacidades, pero no las deforma.
Antecedentes a considerar
Respecto a la postura de nuestros legisladores y máximos juristas, vale la pena transcribir algunas reflexiones que un filósofo judío, Martín Buber, expresó hace algunos años. Buber fue expulsado de su país natal (Alemania), después de una acción autoritaria del gobernante en turno. Eso sucedió el 9 de noviembre de 1938, la histórica noche de “los cristales rotos”:
a)Los políticos piensan que únicamente necesitan esforzarse por el bien del Estado en el momento presente y desde el ángulo que ellos estiman correcto. Tampoco consideran que lo que piensan pueda estar en contradicción con la moral. Si alguien viniera y les dijera que su conducta es inmoral, lo harían callar muy poco ceremoniosamente. Dirían que su teoría es la esencia misma de la moral, porque sus medios y sus fines sirven a la vida de la nación. ¡Como si el egoísmo grupal fuera más ético que el egoísmo individual!
b)A los políticos les falta el sentido suprapolítico, que podría enseñarles lo que es de verdadero interés vital para la nación, más allá y por encima de mezquinas consideraciones.
c)Por otro lado, a los hombres de principios les falta la visión de lo que puede y debe hacerse, y en qué grado, en este mismo momento. Consideran que los políticos son déspotas enloquecidos por el ansia del poder, que no conocen ninguna ley más allá de su propia voluntad.
Indiferencia y pasividad
Ya se ha tildado de “aberrante” esta aprobación legal de las uniones homosexuales y la posibilidad de que puedan adoptar. Si a esto añadimos la proliferación de métodos no-nacimiento (antinatalistas), la defensa férrea del ‘derecho al aborto’, la promiscuidad sexual con los riesgos graves para la salud (nunca advertidos, pero sí padecidos por sectores de la Sociedad), la apología de la eutanasia y la tácita aceptación del suicidio, ¿a dónde nos llevará esto? ¿Quién paga por esto? ¿Quién lo favorece? ¿Por qué en muchas partes del mundo se aprueba este tipo de leyes “a chaleco”? ¿Y por qué aquí se acepta lo que no nos hace mejores personas humanas?
Un dato iluminador es que, tan sólo la GEAR (Gender Equality Architecture Reform) ha dado 12 mil millones de dólares para instaurar la perspectiva de género en los países miembros (por lo menos en 95 de ellos), pero a la vez instando a los gobiernos de esas naciones a duplicar la cantidad para lograr los objetivos. México declaró que ha recibido 10 millones de dólares para impulsar la equidad de género. Estos datos fueron consignados en el “Reporte Beijing + 15”, de las Naciones Unidas; evento desarrollado en Nueva York del 1 al 12 de marzo de 2010.
Para anclar nuestras respuestas
San Agustín nos da un criterio de interpretación para dar pie a posibles contestaciones a todas estas interrogantes. El santo africano escribe: “No se puede dudar de que lo falso se dice por imitación a lo verdadero” (Soliloquios para una vida feliz, Lib. II, Cap. XVI). Esto que se argumenta que es ‘constitucional’, se aceptó no por ser verdad, sino porque es una imitación de la verdad natural del ser humano.
Cabe bien tener como oración de cabecera, en estos momentos de confusión, tiempos en los que la mentira, a fuerza de ser repetida múltiples veces se nos presenta con apariencia de verdad. La oración la compuso Mahatma Gandhi.
“Señor… ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo… ¡Señor, si yo me olvido de Ti, nunca te olvides de mí!
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