El camino de María: la contemplación
Publicado en web el 19 de Agosto, 2010
Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
En la siempre Virgen María tenemos el modelo perfecto de la contemplación cristiana. Ella engendró en su seno a Jesucristo, el Verbo del Padre; lo dio a luz; cuidó de Él y, sobre todo, aprendió a cumplir fielmente la voluntad de Dios. Además, Ella fue proclamada por su Hijo como dichosa, por escuchar la Palabra y ponerla en práctica (Cf. Lc 11, 28), siendo la perfecta discípula y misionera. Igualmente, en ella no existía una división entre la vida de oración y la vida ordinaria, porque supo hacer, de toda su existencia, una oración, una auténtica contemplación.
trasciende la simple plegaria
La oración del sacerdote, y la de todo cristiano, está encaminada a la contemplación, que es la oración sin interrupción, más allá de los pensamientos y de los sentimientos… como una oración de unión con Dios. La contemplación no sólo es deseable en el sacerdote, sino posible. Esta oración no está reservada a pocas personas, sino que es una gracia que Dios otorga, cuando se ora, se persevera y se es fiel en la oración. La contemplación podemos considerarla como consecuencia de una asidua y entusiasta conversación con el Amigo, quien nos ha revelado lo íntimo de su Corazón, y que nos permite descubrirlo en todos los acontecimientos de la vida.
la compañía y el auxilio de maría
El recurso a la Virgen en nuestro ministerio, es de particular importancia. Ella, ante todo, es una Madre que siempre está al pendiente de nosotros, procurándonos los cariños y atenciones que solamente las madres saben proporcionar. Ella hará todo lo posible para que nosotros, los amigos íntimos de su Hijo, no lo defraudemos en esta santa amistad. De Ella, particularmente, podemos aprender a ser almas contemplativas, principalmente mediante el rezo del Santo Rosario, que es una oración que lleva a la contemplación. De mucha ayuda será, pues, para nuestro ministerio, el rezo devoto y diario del Rosario. No dudemos en emplear algunos minutos, cada día, a ello.
En el Libro de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas señala cómo ellos “perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos”(1, 14). En Pentecostés, cuando fue otorgado el Espíritu Santo, estaba presente la Madre del Eterno y Sumo Sacerdote. Si bien toda la existencia de la Virgen María fue una oración y contemplación, en Pentecostés Ella recibió plenamente al Espíritu Santo, quedando configurada como el modelo acabado y el prototipo del alma orante. De su presencia en el Cenáculo, los sacerdotes aprendemos a perseverar en la oración para poder recibir al Espíritu Santo, quien es el principal protagonista de nuestra vida de oración. ¡Santa María, Madre de la Iglesia, Madre de los Sacerdotes, ruega por nosotros!
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