5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Para disipar las dudas | Varios | Edición:

El discernimiento espiritual

Publicado en web el 19 de Agosto, 2010

La vida cristiana es una vocación divina. Dios llama a cada bautizado a vivir en plenitud esa vocación particular, que se inserta en el contexto de la misión que él confía al pueblo que ha elegido. De inicio, cabe anotar que no todo es bueno para todos. Se requiere, por ello, discernir.

26Mons. José Francisco González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara

El cristiano debe ir aprendiendo cómo pasar de las tinieblas a la luz (Cf. Ef 5,8.14), y que se impone el paso de la muerte al pecado a la vida nueva en Cristo (Rm 6,11-12). Convertidos a la luz, los esposos cristianos deben caminar como hijos de la luz. Esto les impone la tarea de discernir para percibir continuamente la voluntad de Dios en sus vidas y en sus familias (Cf. Ef 5,8.10.17).
El discernimiento espiritual favorece que el cristiano pase de la edad infantil a la de un ser maduro. Cabe anotar que no es fácil distinguir entre la acción del Espíritu de Dios a la del espíritu humano y la del espíritu malo, mas si seguimos el Espíritu de Dios, damos muerte al pecado (Cf. Rm 8,14), por más que nuestra tendencia al pecado y a la enemistad con Dios permanezca, aun después del Bautismo (Cf. Rm 8,7). Por esa razón, San Pablo nos pone en guardia y nos manda diciendo: «Revestíos de las armas de Dios, para poder resistir las acechanzas del Diablo» (Ef 6,11).
A veces, la acción del poder del mal es muy sutil. Se encamina a proponer acciones o actitudes, a primera vista buenas, pero para llevar a consecuencias malas, siguiendo la táctica de la exageración. Satanás es «el padre de la mentira» (Jn 8,44); por eso, con serenidad y diligencia, debe distinguirse entre «el espíritu de la verdad y el espíritu del error» (1Jn 4,6).

I. El discernimiento en San Agustín

En la vida, San Agustín reconoce que hay muchos momentos, ocasiones y posibilidades. Es por ello que se debe discernir para descifrar el plan divino y ejecutar su santa voluntad. En el Libro V de las Confesiones, dicho santo permea el Capítulo con el discernimiento espiritual. En muchos momentos de su vida, él tuvo que decidir (discernir) si permanecía con los Maniqueos o los abandonaba; si dejaba África y se iba a Roma, o no; si abandonaba el pensamiento de los Académicos o se adhería a los Escépticos; si dejaba a los Escépticos o se unía a la Iglesia Católica.
Así pues, para San Agustín, el discernimiento es un proceso de diferenciación y de separación entre la verdad y diversos elementos que tienen sólo la apariencia de verdad.
En la cultura actual vivimos en el mundo de la imagen. Y de la imagen a las apariencias, el camino es corto. Se busca más la apariencia, el ‘parecer’, que el ‘ser’, que la verdad. Un filósofo francés, pionero en el hipermodernismo, G. Lipovetsky, señala que el dios mitológico Proteo es quien simboliza el mundo actual, pues según narra Homero en La Odisea (Libro VIII), Proteo cambiaba de apariencia para asustar a los que querían acercarse a él, ya que tenía el don de predecir el futuro a quien lo sujetase sin asustarse a sus constantes mutaciones.

a) Condiciones para saber discernir
Estando en Cartago, Agustín se percató de cómo mucha gente caía en los lazos de la elocuencia de un maniqueo, Fausto. El mismo Agustín lo ensalzaba por sus capacidades; sin embargo, en cuestiones de verdad, éste era capaz de distinguir la verdad de las cosas (Conf. 5,3). De allí, aprendió el santo que son cuatro las condiciones para saber discernir; a saber: la humildad, la confessio, la oración y la lectura de la Palabra de Dios.
1) Humildad: Es condición indispensable para conocer la verdad. Quien es soberbio se quedará en el error. Sólo quien es capaz de saberse limitado y necesitado de la ayuda de Dios, podrá recibir y acoger el auxilio divino para poder ver la realidad de las cosas como son.
2) San Agustín comenta que quien hace un discernimiento solamente intelectual, movido por la soberbia, se equivocará y actuará en contra de los designios de Dios. Este discernimiento, el cual tiene como premisa la soberbia, estará marcado por tres vicios: la soberbia, la curiosidad malsana y la concupiscencia, pecados que San Agustín compara con tres animales.
La soberbia, representada por aves, pues éstas llenan sus alas de viento, como viento es también lo que ‘infla’ a los soberbios;
La curiosidad, significada por peces, que no se cansan de buscar con avidez cosas superficiales;
La concupiscencia, por bestias del campo.
La humildad debe llevar, a quien discierne, a no perder de vista el camino de la Cruz y el abajamiento de Cristo (la kénosis). No se trata de buscar el camino del éxito, pues como aseguraba Martín Buber, <<el éxito no es uno de los nombres de Dios>>. Por ende, al discernir no hay que dejarse deslumbrar por los brillantes caminos que conducen al éxito, sino contemplar el camino de Dios y afrontar, con valentía, la Cruz y el aparente fracaso.
2) La confessio: La verdadera piedad es sabiduría (Cf. Job 28,28). La piedad consiste en confesar a Dios, y se opone a la vanidad, que es alardear. Lo escribe así: «Porque vanidad es ciertamente alardear de estas cosas mundanas, aun sabiéndolas, y piedad es confesarte a Ti». La palabra Confessio tiene tres significados, para San Agustín.
- El primer significado es la manifestación o confesión de los pecados. Todo proceso de discernimiento implica un proceso de conversión profunda, de mente y de corazón, de tal manera que la propia voluntad, libre de los afectos, se disponga a cumplir la voluntad de Dios. La purificación de los ojos del corazón ayuda a percibir, con una mayor claridad, la voluntad divina, y ciertamente el proceso de conversión libera de los lazos mundanos que impiden adoptar decisiones valientes en seguimiento de Jesucristo.
- El segundo sentido es el de la profesión de la fe, tal como debe ser creída y profesada, dentro de la Iglesia y para el bien de la Iglesia. El sentido de fe eclesial no puede quedar fuera del proceso de discernimiento. No se trata de tomar una determinación que beneficie a una persona o a un grupo en particular, sino que debe distinguirse y descubrirse ampliamente la voluntad de Dios en los horizontes comunitarios y eclesiales. Así, el discernimiento nos exige rechazar y separarnos del pecado comunitario para formar parte del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
- El tercer sentido de la palabra es una confessio laudis, la alabanza. Todo proceso de discernimiento espiritual, aunque implique Cruz, sufrimiento, tiene como finalidad la gloria y la mayor alabanza de Dios; no la vanagloria propia.
3) La Oración: Además de la confessio, para hacer un discernimiento espiritual es preciso conocer la verdad, ayudado por la voz de Dios (la oración). Con este medio, se evita caer en el engaño de las apariencias y de las falsas verdades. Lo escribe así el Obispo de Hipona: «Tu mejor servidor es aquel que no tiene sus miras puestas en oír de tus labios lo que él quiere, sino en querer, sobre todo, aquello que ha oído de Tu boca». La Ciudad de Dios se edifica en el amor a Dios y en el desprecio de uno mismo; por el contrario, la ciudad del mundo se basa en el desprecio de Dios y en el amor de uno mismo. Sólo dirigiendo el corazón al Maestro interior se descubrirá la Verdad. Por tanto, el discernimiento implica hacer silencio interior para escuchar la voz de Jesús
San Agustín resalta el papel orante de la comunidad, como lo apreció en la persona de su madre, Santa Mónica. El santo subraya el papel de la oración sincera hecha ante Dios para lograr un buen discernimiento. La oración ha de ser de calidad, no de hueca palabrería. Para tomar, pues, una decisión, es preciso no sólo orar intensamente, sino encomendarse, también, a las oraciones de los miembros de la Iglesia, sabiendo que lo que se pide al Señor en la oración no es que Dios cambie su voluntad, sino que nosotros seamos capaces de aceptar y cumplir su voluntad.
4) Lectura atenta de la Palabra de Dios: De su encuentro con Ambrosio, Obispo de Milán, Agustín aprendió que la Sagrada Escritura es un instrumento para descubrir (discernir) la voluntad de Dios en la propia vida. Cuando estaba en duda de si recibía el Bautismo o no, Agustín escuchó una voz interior que le dijo: Tolle, lege; tolle, lege (“Toma, lee; toma, aprende”). Tomando la Biblia, la abrió al azar, y encontró un texto en el cual se leía: «Como en pleno día, procedamos con decoro; nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias» (Rm 13,13). Un texto que lo invitaba a abandonar la vida de pecado, para revestirse del hombre nuevo. Él mismo lo narra, con notable sensibilidad, en sus Confesiones VIII, 29.
Y, hablando de cómo los ángeles cumplen la voluntad de Dios, Agustín lo escribe así: «Alábente los pueblos supracelestes de tus ángeles, los cuales no tienen necesidad de mirar este firmamento y conocer tu Palabra leyendo, porque ven siempre tu faz y allí leen, sin las sílabas de los tiempos, lo que quiere tu voluntad eterna. Leen, eligen y aman; leen, siempre y nunca pasa lo que leen; porque eligiendo y amando, leen la misma inconmutabilidad de tu consejo».
Para llegar al discernimiento espiritual, hay que leer y leer, con atención y desde el corazón, la Palabra de Dios. Santo Tomás de Villanueva escribe: «Un arma preciosa en el combate de la vida espiritual encontraron siempre las almas escogidas, en la lectura».

Siete pasos para discernir mejor, según la Biblia

1. ORACIÓN: “¿Qué debo hacer, Señor?” (Hch 22,10).
2. PERCEPCIÓN: “Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía” (Jr 20,9).
3. INFORMACIÓN: “Observad cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra, fértil o estéril, con vegetación o sin ella” (Nm. 13, 18-20).
4. REFLEXIÓN: “¿Quién de ustedes, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo:” Este comenzó a edificar y no pudo terminar ” (Lc 14, 28-30).
5. DECISIÓN: “Te seguiré, vayas donde vayas”
(Lc 9, 57).
6. ACCIÓN: “Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron” (Mt 4, 21-22).
7. DIRECCIÓN ESPIRITUAL: “Levántate y vete a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas” (Hch 22,10).

Finalmente, algunos criterios, para hacer un discernimiento ponderado, propuestos por Fray Tomás de Villanueva (vivió en la primera mitad del Siglo XVI. Fue Arzobispo de Valencia, España): «Cuando se os presente un espíritu desconocido y os revele sublimes misterios, no le deis fácilmente consentimiento; ni siquiera respondáis precipitadamente; dominaos, callad reflexionad con calma a ejemplo de María. […] Considerad con detenimiento por qué causa se os descubren esos misterios: si están en consonancia con la Sagrada Escritura, si el oráculo está en armonía con las costumbres recibidas, si lo que se os indica corresponde a vuestro estado […] Rogad a Dios, humillad vuestro espíritu, consultad a los maestros, buscad a los espirituales, suspended el asentimiento de la voluntad hasta que se descubra la verdad».

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