El secreto de la vocación está en la oración
Publicado en web el 5 de Agosto, 2010El Papa, en un encuentro que tuvo con jóvenes de Sulmona, Italia, el 4 de julio de este año, les aconsejó tener siempre tiempo para orar, ya que en esta acción es como se descubre la persona tal cual es, y ayuda a distinguir y sostener la vocación. He aquí un extracto de su discurso
Andrea Barba Ochoa
Hace poco me habéis preguntado: ¿Cómo se puede reconocer la llamada de Dios? Y bien, el secreto de la vocación está en la capacidad y en la alegría de distinguir, escuchar y seguir su voz. Pero para hacer esto, es necesario acostumbrar nuestro corazón a reconocer al Señor, a sentirle como una Persona que está cerca de nosotros y nos ama.
Es importante aprender a vivir momentos de silencio interior en el día a día para ser capaces de escuchar la voz del Señor. Estad seguros de que quien aprende a escuchar esta voz y a seguirla con generosidad, no tendrá miedo de nada; sabrá y sentirá que Dios está con él, que es Amigo, Padre y Hermano. Dicho en una palabra: El secreto de la vocación está en la relación con Dios, en la oración que crece precisamente en el silencio interior, en la capacidad de sentir que Dios está cerca.
Y esto es verdad, tanto antes de la decisión, en el momento de decidir, así como después de hacerlo, si es que se quiere ser fiel y perseverar en el camino. Pongo de ejemplo a San Pedro Celestino, quien, ante todo, fue un hombre de escucha, de silencio interior, un hombre de oración, un hombre de Dios. Así también vosotros, queridos jóvenes, encontrad siempre un espacio en vuestras jornadas para Dios, ¡para escucharle y hablarle!
La oración es vivir en verdad
Y aquí, quiero deciros una segunda cosa: la verdadera oración no es, de hecho, extraña a la realidad. Si rezar os alienara, os quitase de vuestra vida real, estad en guardia: ¡no sería verdadera oración! Y es que, al contrario, el diálogo con Dios es garantía de verdad, de verdad con vosotros mismos y con los demás, y por tanto, de libertad. El estar con Dios, el escuchar su Palabra en el Evangelio, en la liturgia de la Iglesia, os defenderá de las fascinaciones del orgullo y de la presunción, de las modas y de los conformismos, y os dará la fuerza para ser verdaderamente libres, incluso de ciertas tentaciones enmascaradas de cosas buenas.
¿Cómo podemos estar en el mundo sin ser del mundo? Os respondo: Precisamente gracias a la oración, al contacto personal con Dios. Y no se trata esto de multiplicar las palabras -ya lo decía Jesús-, sino de estar realmente ante la presencia de Dios, haciendo propias, en la mente y en el corazón, las frases del “Padre Nuestro”, que abraza todos los problemas de nuestra vida; o también, adorando la Eucaristía, meditando el Evangelio en vuestra habitación o participando con recogimiento en la liturgia.
Todo esto no os separará de la vida, sino que os ayudará a ser verdaderamente vosotros mismos en cualquier ambiente; fieles a la voz de Dios que hablará a vuestra conciencia; libres de los condicionamientos del momento (…)
Recordad que quien sigue a Dios no tendrá miedo ni siquiera de renunciar a sí mismo ni a sus propias ideas, porque “quien tiene a Dios, nada le falta”, como decía santa Teresa de Ávila.
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