5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Palabra del Pastor | Edición:

HONDAS CAUSAS DE LAS CRISIS

Publicado en web el 5 de Agosto, 2010

Muy estimados lectores:
Hay un antiguo adagio latino que dice: “Nemo repente fit summus”, lo cual se podría traducir como “Nadie (ni nada) se engrandece de improviso”; esto es verdad, trátese de personas, pueblos o problemas, pues para alcanzar altura o volumen, todo requiere de un proceso largo y lento.
Cabe esta cita a propósito de la triste situación que está viviendo nuestro país respecto a la extrema violencia que a todos nos preocupa; de ese constante enfrentamiento entre las fuerzas del orden y los grupos del crimen organizado, que ha generado un clima de parálisis, miedo e incertidumbre en casi todo México.
Desde luego que emplear todos los medios para combatir a los criminales está bien; pero habría que hacer, al mismo tiempo, un análisis serio y profundo de cómo y por qué se ha llegado a estos extremos; preguntarse desde cuándo y debido a qué se fue creando y creciendo tan terrible situación.
Y aunque no creo que puedan llegar a analizarse todas los motivos, sí quiero sugerir algunos como líneas de investigación y reflexión.
Por ejemplo, me llama poderosamente la atención que la mayoría de los sicarios enrolados en las filas del crimen organizado sean jóvenes. ¿Por qué jóvenes?, ¿por qué eligen ese camino a sabiendas de que una vez dentro de la organización no hay vuelta atrás y que la única salida será la muerte en algún enfrentamiento o a manos de los propios miembros del grupo delictivo?
Mi respuesta es que lo hacen por desesperación; porque habiendo concluido sus estudios elementales o medios, se encuentran con que les es imposible ingresar a una Universidad, ya no digamos privada, donde se requerirían recursos sobrados para pagar sus estudios, sino ni siquiera a una Universidad pública, que los rechaza masivamente por no tener cupo, a pesar de los chorros de dinero y presupuestos que tienen asignados. Por eso tantos muchachos sin futuro ni académico ni laboral, optan por el camino de la criminalidad.
También respondería que el origen más remoto de este reclutamiento juvenil se encuentra en el propio núcleo familiar. Desde varias generaciones atrás, ha venido descuidándose la atención a los hijos, debido, entre otras cosas, a la necesidad de que ambos cónyuges tengan que salir a trabajar para nivelar sus presupuestos ante los sueldos tan bajos con que suele remunerarse la actividad laboral.
Bajo esa circunstancia, los hijos quedan al garete, crecen solos, andan en la calle; y lo que es peor, carecen de instrucción y de formación humana y cristiana, porque sus padres no los atendieron ni físicamente ni emocionalmente ni les inculcaron nunca la fe y los valores de nuestra religión.
Ante eso, los muchachos, sobre todo de la ciudad, suplen ese vacío congregándose en bandas y pandillas, en aprendices de delincuentes, de donde fácilmente son reclutados para engrosar las huestes del crimen.
Otra causa también la encuentro yo en ciertos mensajes de la Televisión, que de día y de noche insisten en distorsionar la realidad, al ofrecer, como el máximo logro de la existencia humana, productos de lujo y niveles de vida inaccesibles para la inmensa mayoría, creando con ello, sobre todo entre esa juventud empobrecida bajo todos los aspectos, avideces y resentimientos que pueden empujar a tomar ese camino que le promete dinero fácil, abundante, para acceder a tales satisfacciones.
También podría incidir en estas conductas antisociales la instrucción recibida desde los primeros años en escuelas no laicas, sino ateas, de las cuales se ha desterrado todo lo referente a Dios, a la Iglesia, la fe, la moral cristiana; y aunque sin llegar a los ataques directos, de alguna manera se desprestigian esos valores y se les borra de la mente de los educandos que egresan ayunos de valores cívicos, (pues hasta las clases de Civismo habían sido borradas del plan de estudios), humanos, morales y cristianos.
Mas, debo reconocer que también la Iglesia, como institución, puede ser parcialmente culpable de esta situación, ya que no hemos sabido influir de manera convincente en quienes gobiernan política y económicamente este país para que cumplan y respondan con sus responsabilidades, como tampoco hemos insistido lo suficiente en la obligación de los padres de familia de educar a sus hijos cristianamente; ni exhortado y motivado convincentemente al Pueblo de Dios a ser fiel a las enseñanzas del Evangelio y a llevar una vida congruente con la religión que dice practicar.
Sin embargo, creo que la culpa máxima de todo esto habría que endosársela a los gobiernos y a los políticos que nos han regido, pues, en términos generales, ha imperado la corrupción, la ineptitud, el despilfarro de recursos económicos, la parálisis de obras públicas, de reformas legislativas urgentes, de ataque a fondo a la pobreza y, sobre todo, se ha carecido de una aplicación recta de la justicia, permitiendo que impere la impunidad; causas capitales que han hecho proliferar la delincuencia en esta Nación, creando en conjunto una Nación desordenada, pobre, atrasada, que enfrenta tantos rezagos y problemas.
Y si eso sucede a nivel de autoridades e instituciones públicas, ante el ejemplo los procedimientos suelen reiterarse a nivel privado, entre empresarios, industriales, comerciantes y prestadores de servicios abusivos, avariciosos y poco honrados.
En todos los niveles, pues, las cosas se han movido y continúan moviéndose bajo la dinámica y la mentalidad de la obtención de máxima y rápida ganancia con mínimo esfuerzo.
Esto, pues, invita a una reflexión, tanto de las autoridades como de la iniciativa privada, de familias, de la Iglesia y de sus fieles, para buscar salir de alguna manera de tan grave situación. Conociendo las causas, podemos y debemos hacer cada quien lo que nos corresponde para mitigar sus efectos.
Que Dios los bendiga.

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Una Respuesta a “HONDAS CAUSAS DE LAS CRISIS”

  1. JOSE LUIS RAZO OCHOA Dice::

    Agosto 7th, 2010 a las 5:38 pm

    En general, me parecen bastante adecuadas las reflexiones del Sr. Cardenal y, sobre todo, más matizadas que las que hizo recientemente en la reunión nacional sobre seguridad. Me parece adecuado lo que indica sobre la Iglesia, que también ella tiene que hacer su autocrítica.

    Aun así considero necesario que se maticen algunos puntos de vista tomando sobre todo en cuenta el nuevo contexto sociocultural en que nos encontramos. Los valores humanos y cristianos necesitan ser reinterpretados y el mensaje evangélico requiere un nuevo lenguaje, nuevos signos para que los hombres y las mujeres de hoy lo aceptemos mejor. Se requiere volver a lo que el Vaticano II dicen en su Constitución Pastoral Gaudium et Spes.

    Gracias por su atención a estas líneas.

    José Luis Razo Ochoa.

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