5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
VOZ DEL ARZOBISPADO | Palabra del Pastor | Edición:

Jóvenes reclutados para el mal

Publicado en web el 12 de Agosto, 2010

Muy estimados lectores:
La situación que vivimos actualmente en el país es grave, debido a esta guerra contra el crimen organizado que viene librándose cotidianamente y que ha producido tanto desorden, violencia, muertes e inseguridad, y la cual, de no atacarse desde sus raíces, sin duda que cada vez se tornará peor. Y de esto hay una razón: Aquéllos que son enrolados como sicarios por los cárteles criminales, son, principalmente, jóvenes. Esto significa que la mentalidad de una buena parte de la juventud, en la cual estaría depositada la esperanza de la Patria, está hoy totalmente equivocada, y tan desesperada en sus aspiraciones por obtención de dinero que, sin importar los medios, según lo he escuchado de personas informadas, son capaces de, por el pago de sólo dos mil pesos, cumplir como sicarios contratados por los mafiosos, e ir y matar a cualquier persona que les señalen.
Una de las causas principales de esta descomposición, yo siempre lo he señalado, tiene su origen en las familias que no han infundido en sus hijos los valores morales y religiosos de nuestra religión católica; que no han puesto el temor a Dios en su corazón. Esto, ya sea porque el núcleo familiar haya quedado desmembrado, o bien porque ambos, padre y madre, han tenido que dedicarse a trabajar cada cual por su lado, debiendo dejar a los hijos al garete o bajo el cuidado “educativo” de la televisión, de los amigos, de las pandillas, o bajo el ejemplo e influjo malsano de cualquier individuo que los puede iniciar en la carrera delictiva.
Otra causa podría encontrarse, asimismo, en los planes escolares de la mayor parte de los planteles oficiales, sobre todo en los niveles de Primaria y Secundaria, donde la formación es básica para niños y adolescentes, pero en muchos de los cuales, desde hace más de uno y medio siglos, se expulsó a Dios; donde no cabe enseñanza ética alguna y a veces ni siquiera cívica y ciudadana; donde inclusive algunos maestros, en lugar de restringirse a dar sus materias, se dedican a atacar a la religión, a la Iglesia, a los sacerdotes, y a erradicar los pocos o endebles vestigios de fe que pudieran tener los educandos, los cuales, obviamente, egresan con nulos valores morales y nulo temor de Dios. Y así, ¿qué puede esperarse de esa juventud?
De parte de la Iglesia, nos correspondería directamente impartir la enseñanza de esos valores, y debemos reconocer que no hemos podido estar a la altura, debido a todas esas dificultades que como institución hemos tenido que afrontar a lo largo de la Historia de México, acatando leyes y decretos injustos, sufriendo despojos, persecuciones y la expulsión del país, de gente valiosa, como los miembros de Órdenes Religiosas de experiencia y entrega en labores educativas a través de colegios cristianos; todo lo cual sigue teniendo hasta ahora profundas repercusiones, que se reflejan hasta en el déficit de sacerdotes y vocaciones, pues para atender a más de cien millones de mexicanos, apenas se cuenta con 16 mil sacerdotes, y con esa cifra es imposible educar y atender debidamente, y formar conciencia de nuestros católicos, particularmente de niños y jóvenes, que cada vez y en mayor número se alejan más de la iglesia.
Y de parte de nuestros gobiernos, desde hace muchos sexenios se viene arrastrando una situación de desorden administrativo, de corrupción, de luchas partidistas, de medidas desatinadas, de creciente pobreza, de falta de infraestructura, de empleo y oportunidades demandadas sobre todo por la gente joven de este país, la cual, ya sea que haya egresado de educación básica, media o superior, si es que ha tenido la oportunidad cada vez más difícil de acceder a ella, se topa con un muro que le impide dar cualquier paso adelante para su mejoramiento intelectual y económico; y ante eso, ¿qué hacen entonces?, pues desesperarse, amargarse, entregarse al vicio y al crimen para poder sostenerlo, enrolándose, como queda dicho, en las filas del crimen organizado.
Todas estas son, pues, las causas remotas o inmediatas que confluyen para que estemos viviendo esta situación actual de permanente crisis y de constante sobresalto ante el deterioro de la seguridad, agobiada cada vez más por los hechos de sangre de parte del crimen organizado y quienes lo combaten; cuando después de tantas vicisitudes y sufrimiento de nuestra historia, éste podría ser ahora un país próspero, desarrollado, pacífico, justo, abierto a las posibilidades de progreso de todos sus habitantes, particularmente de los jóvenes, que son el futuro de cualquier nación; sin embargo, mientras tengan que seguir combatiéndose los efectos, sin lograr erradicar los males que los originan, la situación seguramente continuará empeorando, a menos que gobierno, familia, Iglesia, todos, podamos hacer algo, la parte que a cada cual corresponde, para que unidos salgamos adelante de esta agobiante situación.
Le pediremos, pues, a Dios y a la Virgen de Guadalupe, Patrona de México, para que interceda ante Él, y así poder mejorar; hay que rezar, sí, pero también hay que actuar.
Que Dios los bendiga.

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