La nueva relación Medios-narcotráfico
Publicado en web el 12 de Agosto, 2010Cuando los Medios de Comunicación queremos dejar de ser Medios y aspiramos a convertirnos en protagonistas de la Sociedad, las cosas empiezan a complicarse. Los Medios somos medios, lo cual no significa conformismo, mediocridad o falta de iniciativa, sino ocupar el lugar que nos corresponde en el tejido humano, en el intercambio de ideas y de información, sin pretender suplantar el trabajo y la responsabilidad que a otros les corresponde hacer.
Cuando no queremos ser Medios sino dirigentes del mundo, se alimentan, eso sí, grandes expectativas económicas, y se logran, muchos lo logran (algunos, por desgracia, fracasan y quiebran), pero no es provechoso para el bien común. Son otras instancias las que deben asumir el papel de protagonistas. A los Medios nos corresponde ser testigos activos, pero no operadores que suplanten esfuerzos. Además, no estamos capacitados para ser y hacer de todo. Esto lo olvidamos los Medios. La soberbia de ser vistos, escuchados o leídos por muchos, puede cegarnos. Nos ha cegado, de hecho, pero cuesta trabajo aceptarlo. Algunos se sentirán ofendidos tan sólo de pensarlo.
Cuando los Medios queremos marcar la agenda de la Nación, el horario cotidiano de los espectadores y la preocupación de los consumidores, habrá quien reniegue, pero son pocos los que lo hacen explícitamente. Sin embargo, otros ya comenzaron a hacerlo violentamente. Eso sí, no debemos dejar de actuar por miedo ni dejar de informar o de crear opinión pública por conveniencia, intereses u otras nefastas intenciones; pero no somos los protagonistas, no somos “los niños de cada bautismo”; somos Medios.
Cuando queremos ocupar el espacio de los gobernantes, de los jueces, de los políticos, de los deportistas, de los economistas, de los clérigos, de los artistas, de los empresarios, hasta de los narcotraficantes, etc., el mundo se detiene, no para reflexionar, sino que no avanza, porque lo único que pesa es la devastadora y totalizante globalización operativa y ocupacional de los Medios, que dogmatizan, se sienten intocables, incuestionables, sin errores, sin limitaciones. Y eso que somos Medios.
El mundo pudiera vivir sin nosotros, pero no sin la otra inmensa parte de la Humanidad, a la que queremos suplantar. Los violentos no se dejaron suplantar. Los violentos no responden de otra forma sino con fuego, con rencor, con destrucción. Ya nos lo mostraron.
La Sociedad no reclama porque es masa, no se alcanza a distinguir quién es quién. Pero otros grupos sí pueden protestar, y sí lo hacen.
La desaparición, secuestro y muerte de muchos periodistas en nuestro país, de los cuales casi todos estos desgarradores eventos se los han apropiado bandas organizadas de delincuentes poco comunes, tiene que hacernos pensar sobre la nueva relación que ha de establecerse entre Medios, narcotráfico e información.
Es siempre detestable que se cometa alguna injusticia contra reporteros o comentaristas; es cobardía, porque los comunicadores no tienen más arma que su instrumento de comunicación (a veces, muy afilado), y es abuso contra la libertad de expresión; pero quien se mete “entre las patas de los caballos”, quien “le busca tres pies al gato”, se arriesga, con frecuencia innecesariamente, a salir maltratado porque el Medio alcanza hasta donde es medio, y no protagonista de la historia.
Se puede ser mártir del bien común, pero no se puede suplantar al que debe dar la cara por el pueblo que gobierna, por los ciudadanos conformes, que siguen sometidos a leyes aberrantes.
Los últimos acontecimientos conocidos, en contra de periodistas, nos obligan a pensar en la nueva relación que debe prevalecer al informar sobre el hampa. A los Medios no nos corresponde acabarla, porque somos eso, medios. El tema, por ahora, tan sólo se esboza, todavía sin encontrar una solución; pero no puede seguir de la misma forma.
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