La Riqueza de la fe en la familia
Publicado en web el 19 de Agosto, 2010
Mons. Primitivo López Alonso y Pbro. José Abel Castillo Castillo
Como bien saben los lectores fieles del Semanario, desde el martes 17 de agosto se lleva a cabo el II Congreso Teológico en la Arquidiócesis de Guadalajara, con el tema “La Riqueza de la Fe Ante el Mundo Contemporáneo”. Ya se han publicado otros Artículos en este periódico para informarles sobre la importancia de los temas que se tratarán en este Congreso, para la vida de todo católico, en este tiempo tan revuelto que nos ha tocado vivir. Para darnos una idea de la importancia que tienen esas cuestiones, consideremos un ejemplo: ¿Qué riqueza le da la fe católica a la vida de una familia, de nuestras familias? Escogimos este ejemplo porque la familia es la prioridad del V Plan de Pastoral de la Arquidiócesis de Guadalajara.
Riqueza para la familia cristiana
Sin duda, la primera riqueza que le da, es la de ofrecerle una orientación segura, a fin de que se salve y de que realice el verdadero valor y la misión del matrimonio y de la familia. Esto es muy importante y muy necesario en los tiempos actuales, pues muchos hombres y mujeres tienen a diario numerosos problemas graves en su vida matrimonial y familiar. Ellos buscan una respuesta sincera y profunda a esos problemas, y lo que encuentran es propuestas seductoras, engañosas, que comprometen y atentan contra la verdad y la dignidad de la persona humana.
Se las ofrecen con frecuencia, y con una organización muy potente y estratégica, los Medios de Comunicación Social que, de manera astuta, ponen en peligro la libertad y la capacidad de juzgar con objetividad. ¿Qué no lo estamos viendo hoy en día en relación con las cuestiones y la leyes acerca de los medios contraceptivos y abortivos, las uniones de personas del mismo sexo, el desconocimiento “de hecho” de la autoridad y el derecho de los padres de familia respecto a la educación de sus hijos… y otras muchos asuntos importantes y graves que tienen qué ver con la familia?
Viviendo en un mundo así, bajo presiones tan fuertes, muchos fieles no siempre han sabido ni saben mantenerse bien iluminados y firmes, de tal manera que se confunden y se les oscurecen los valores fundamentales y, así, ya no pueden juzgar rectamente, con una conciencia sana, ni construir una familia auténtica, de acuerdo con la voluntad de Dios.
La riqueza de la fe
Ante todas estas cuestiones, es necesario discernir con el sentido de la fe, que es un don participado por el Espíritu Santo a todos los fieles, para que conozcan de manera más profunda y practiquen la Palabra de Dios, guiados por el Magisterio de la Iglesia, y entonces encuentren la verdad, que no está sometida a la mayoría de votos y no siempre coincide con la opinión de la mayoría. Esta orientación segura es una verdadera riqueza que la fe aporta a la familia, pues la conduce a descubrir su identidad (lo que es la familia) y su misión (lo que puede y debe hacer), de acuerdo con lo que quiere Dios Creador y Redentor, que la ha instituido y le ofrece su gracia para santificarla.
La familia cristiana también es una comunidad en diálogo con Dios, pues nace del Sacramento del Matrimonio celebrado entre dos bautizados, hombre y mujer, cuya fuente es la Eucaristía, para que se santifiquen realizando en la alianza matrimonial su vocación; se purifican con el Sacramento de la Reconciliación, y transforman su vida ordinaria de todos los días en un sacrificio espiritual también con la oración constante, con el diálogo suplicante, dirigido al Padre por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo. El ejemplo de los padres es un elemento fundamental e insustituible en la educación para la oración, pues sólo orando junto con sus hijos, el padre y la madre dejan huellas que los acontecimientos posteriores de la vida no lograrán borrar.
Asimismo, la familia cristiana es una comunidad al servicio del hombre, según el don y el Nuevo Mandamiento del Amor. Esto debe realizarse ante todo y en beneficio de la pareja y la familia, mediante el esfuerzo diario de formar una verdadera comunidad de personas, fundada y alimentada por el amor. Ello debe desarrollarse luego dentro del círculo más amplio de la comunidad cristiana en la que la familia vive, y hasta llegar a todos los hombres, sobre todo a los más pobres y débiles, a los que sufren o son tratados injustamente, viendo en el prójimo la imagen de Dios y a Cristo Señor, a quien se ofrece lo que se da al necesitado. +
¡Cómo cambia y se hace noble y alta y rica la visión de la familia que nos ofrece la fe! Así, el esfuerzo para comprender la familia a la luz de la fe, pone de relieve la grandeza de su ser y de su misión de acuerdo con el designio de Dios. Necesitamos formarnos cada vez más sólidamente en estas realidades más fundamentales y trascendentes. Sin duda, a ello nos ayudará también el II Congreso Teológico que vivimos en nuestra Arquidiócesis.
Con la anuencia del Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo de Guadalajara, inició el II Congreso Teológico en las instalaciones de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA). El Prelado exhortó a los participantes, entre los que se encontraban varios sacerdotes, seminaristas y muchos laicos, a aprovechar para reflexionar el aporte de la fe sobre el “cambio de época” en que vivimos actualmente: “En estos días en que celebraremos el Bicentenario del Inicio de la Independencia, es provechoso dar una respuesta desde nuestra fe a las situaciones sociales, que no son fáciles”.
Con anterioridad, el Rector de esta Casa de Estudios, Mons. Guillermo Alonso Velasco, dio la bienvenida a los participantes -más de 400 personas-, y los exhortó a sentirse en casa: “Nosotros, como Universidad Católica, tenemos la responsabilidad de acoger este tipo de iniciativas, que son para provecho espiritual de las personas”.
El II Congreso Teológico tuvo importantes exponentes. Entre los más esperados, el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, entre otros.
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