México, descompuesto
Publicado en web el 19 de Agosto, 2010A unas semanas de que den comienzo los Festejos con motivo del Bicentenario del Inicio de la Independencia de México, la Nación se percibe descompuesta
Roberto O’Farril Corona
Ante el hecho de que los criminales tienen alterado nuestro país, desde asaltantes en las calles hasta bandas organizadas, cómo quisiéramos, la mayoría de los mexicanos, que en el combate al crimen se impusiesen las corporaciones policíacas; que se restituyeran el orden, la paz y la seguridad, aunque todo parece indicar que el camino todavía es largo y está sembrado de abrojos.
Heridas no sanadas
El 4 de agosto, el Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, se reunió con los dirigentes de las diversas Iglesias y Credos religiosos para solicitarles su ayuda. Nunca es tarde, queremos pensar, pero México ha sufrido severas agresiones a la fe, desde hace ya también 200 años.
En nombre de un malentendido Estado laico, se han perpetrado persecuciones contra la Iglesia Católica, contra sus ministros y contra los creyentes. Se han cometido graves ofensas a Dios. Se han avalado leyes expoliadoras. Se ha hecho uso de la Ley para matar sin vergüenza, sin remordimiento, sin castigo. El Estado se ha desentendido de proteger al ser humano en gestación.
Esta criminalidad que se ha entrometido en nuestra historia es consecuencia de haber expulsado a Dios de la cosa pública, de las escuelas, de las industrias, del mercado, de la familia. Ahora, se imponen sanciones a candidatos que nombran a Dios, y se silencia la voz de los sacerdotes, se les relega al interior de sus iglesias, se les amordaza, se les injuria, se hace burla de ellos sin temor a una pena porque, bien se sabe, nada pueden hacer, pues, se dice, sólo son sacerdotes.
Los conventos y monasterios que las monjas construyeron con sus propios recursos antes de la Independencia, fueron saqueados, y están, casi todos, ahora convertidos en museos, en oficinas públicas, en salas de espectáculos, porque sus moradores fueron exclaustrados, les fueron arrebatadas sus casas, arrancadas sus propiedades y relegados por el Estado al olvido y silenciados, también desde hace un bicentenario.
Manca independencia
A unas semanas de que se inicien los Festejos, ya se viven los prolegómenos de lo que se celebrará con mucha música, con profusión de quema de cohetes, con antojitos y cervezas, “con mucho ruido, pero con pocas nueces”, como solemos decir desde hace también un bicentenario.
¿Qué pensarían los Héroes de la Independencia de México después de 200 años del inicio de su lucha por alcanzar los ideales de una Patria propia y soberana? ¿Qué, al contemplar la descomposición que alcanzó esta Nación en sólo dos centurias? ¿Qué podría sospechar el Padre Miguel Hidalgo al ver que de Santa María de Guadalupe, cuya imagen él mismo enarboló como bandera, los gobernantes de 200 años después nada quieren saber? ¿Qué diría el Padre José María Morelos al conocer en lo que se transformaron sus “Sentimientos de la Nación”? ¿Diría que en verdad valió la pena ofrendar su vida por la Independencia de México, o que tal vez hubiese sido mejor dejar las cosas como estaban?
Debemos volver los ojos hacia la Protectora
Los ministros de culto, entre ellos Obispos y Cardenales, que se reunieron con el Presidente Calderón, se comprometieron a presentar propuestas prácticas, las que se les vayan ocurriendo, pero también prometieron orar mucho.
En medio de toda esta descomposición, y en respuesta a los acuerdos tomados con el Presidente de la República, ya ha aparecido la primera propuesta, de la que aún poco se sabe, pero que deberá ir creciendo pronto. Se trata de la “Jornada Santa María de Guadalupe, Escudo y Patrona de nuestra Libertad”, que se celebrará el 8 de septiembre, en la Basílica de Guadalupe, de las cinco de la tarde a las diez de la noche, y que incluye el rezo de un Rosario de ocho Misterios, mientras se recorren los lugares de las Apariciones de la Virgen Morena que ocurrieran en este suelo en 1531.
Dicha Jornada busca lograr que en México se respete la vida y que cese toda violencia, secuestros, crímenes, abortos e injusticias. Es así como volverá a buscarse refugio en el hueco de las manos de la Madre de los Mexicanos, en el cruce de sus brazos. Cada quien, desde donde esté, será invitado a unirse en una oración dirigida a Dios Misericordioso, por medio de su Madre, María de Guadalupe, la Virgen Fundadora y Forjadora de esta Patria.
México está descompuesto, y es preciso retornar a la búsqueda de Dios, de lo sagrado, de lo divino, estar “juntito” a su Madre, reconocernos como hermanos con respeto y con gozo, caminar en el amor y construir juntos la “casita sagrada” de la civilización de la cultura, del amor, de la vida. Hasta entonces podremos celebrar, no mientras vivamos acosados, asaltados, robados, asesinados, inmersos en un México descompuesto.
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