5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Editorial | Edición:

Nos está ganando el miedo

Publicado en web el 5 de Agosto, 2010

Van las cosas tan mal en México, la delincuencia está ocupando un lugar tan omnipotente y omnipresente en nuestro país, y todo está dependiendo a tal grado de lo que hagan o dejen de hacer los grupos del narcotráfico, que no nos queda otro remedio que reconocer que esos grupos se han infiltrado en todo. Es decir, ¿estamos vencidos?
Peor aún, nos sentimos tan impotentes y derrotados ante la ola de violencia, cuya mayor causa y más crueldad se encuentra en los carteles de los estupefacientes, que el Presidente de la República está dispuesto a que se abra el debate sobre la legalización de las drogas. Es decir, nos propone que si no podemos vencer, entonces, es mejor suicidarnos. Nos está ganando el miedo.
Si nuestras autoridades están mostrando signos de debilidad, y eso que tienen en su entorno la mayor seguridad (sin comparación) que cualquier otro mexicano, ¿qué tipo de presa seremos, entonces, los ciudadanos comunes, para la intimidación, para el chantaje, para el soborno, para la amenaza? De repente, todos nos hemos convertido en víctimas del suspenso, de la sorpresa, del qué pasará mañana. Nos está ganando el miedo.
Por eso, quizás, Mons. Enrique Sánchez Martínez, Obispo Auxiliar de Durango, denunció la violencia que golpea a México y exhortó a que actuemos asumiendo nuestra responsabilidad social para erradicar este flagelo, yendo “a la raíz de los graves males que aquejan a la Sociedad”.
A pesar de los esfuerzos que se realizan en este sentido de parte de nuestros gobernantes, “sin una acción de nivel internacional”, señala el Prelado, “concertada entre los países que se ven involucrados, los resultados de los esfuerzos que se hagan para erradicar este mal o debilitar sus efectos, serán muy pobres”, advierte Mons. Sánchez. Pero, ¿a quién le interesa esto? Y si se quisiera llevar a cabo, ¿lo permitirían los capos de la droga?
Con más acento, señala el mismo Obispo que “si en el pasado, la omisión, la indiferencia, el disimulo o la colaboración de instancias públicas y de la Sociedad no fue justa y toleró, e incluso propició los gérmenes de lo que hoy son las bandas criminales, tampoco es justo ahora exculparse, buscando responsables en el pasado y evadir la responsabilidad social y pública actual para erradicar este mal social”.
Por la fuerza que ha alcanzado el narcotráfico en México, no es posible que se haya consolidado tanto sin la complicidad, en cualquiera de sus modalidades, de muchas autoridades a todos los niveles, en los diferentes Poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). ¿Desde hace cuántos años? No lo sabemos, pero el mal creció tanto, que no fue posible su desarrollo sin que haya habido mucha gente que lo abonó desde su poder, desde su conveniencia, desde su avaricia.
¿Estamos en la misma situación de complicidad? Lo ignoramos, pero las consecuencias nos dicen que sí, que la corrupción es el pan de cada día, que cuesta mucho trabajo erradicarla, que no sabemos quiénes la manejan y el poder que tienen para hacerlo. O, por lo menos, se ha fortalecido tanto el mal, que ahora es necesario negociar con él, con la esperanza de alcanzar cierta paz social. Nos está ganando el miedo.
Estamos pagando las consecuencias de muchos años de descuido. Se ha combinado la pobreza, la falta de oportunidades, la corrupción, el robo, el abuso, la falta de educación, etc., para que en este momento debamos estar pensando, con temor, cuántos muertos más serán este día; y de esos, cuántos inocentes se verán involucrados.
Esta situación, además de miedo, provoca rencor, desprecio por las personas que nos gobernaron, y por otras que nos gobiernan que no pueden o no quieren enfrentarse a los lastres mencionados. ¿En quién sí podemos confiar? No debemos ser aves de mal agüero, pero tampoco soñadores ilusos, desentendidos o indiferentes. Nos está ganando el miedo.

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