Rompe el círculo del desánimo
Publicado en web el 12 de Agosto, 2010Hola, Lupita:
Mi nombre es Mariana, y tengo 26 años. Soy soltera y sin pareja. Vivo en casa de mi papá. Mi madre murió hace tres semanas y me siento muy desubicada. Además, perdí mi empleo. En fin, estoy desanimada; mi autoestima está por los suelos, y si bien es cierto que estoy aprendiendo a ser más paciente y convivir con mi papá, que es una bella persona, de cualquier manera me siento sin fuerzas y me ha venido a la mente la idea de que es inútil vivir y esforzarse si de todas maneras tenemos que morir. Esto no lo expreso abiertamente, o cuando menos no ante los demás, pero de todos modos el desaliento me ha invadido y no encuentro asidero alguno. ¿Podré salir de esta depresión, que ya antes he vivido?
Mariana
Valiente Mariana:
Dale tiempo al tiempo. Estás en pleno proceso de duelo, y es muy normal todo lo que sientes.
Eres una mujer muy valiente. Estás viviendo interiormente una tormenta emocional, y ante los demás aparentas fortaleza; pero, si en realidad no estás bien anclada, esta gran tormenta puede arrastrarte lejos de puerto seguro y hacerte naufragar.
Las Sagradas Escrituras citan a María con una actitud digna de ser imitada: “Ella guardaba todas estas cosas en su corazón” (Lc. 2,19). Tuvo que enfrentar momentos difíciles e inexplicables, pero en su interior estaba la fuente de su valor: tenía una confianza absoluta en Jesús. El ancla de María era esta certeza. La misma que has de buscar tú en este momento. Una relación íntima con Jesucristo. Conócelo, vívelo y transmítelo. Todo lo demás irá dándose en forma y tiempo.
Cuando una persona se encuentra desanimada y al borde o hundida en la depresión franca, está siguiendo los criterios de la desconfianza. En este momento se da la oportunidad que el enemigo aprovecha para alejarla del camino al Cielo. Él le susurra al oído mentiras que quiere que aniden en su mente:
“No vales nada; mejor es morir; no vale la pena vivir; nunca llegarás a nada; nunca te saldrá nada bien; nadie te ama ni se interesa por ti; tu situación es desesperante; eres un total fracaso, nadie puede ayudarte, etc.”
La desconfianza desaparece cuando se deja de alimentarla. La Palabra de Dios nos convoca: “Sometamos todo pensamiento humano a Cristo, para que lo obedezca a Él” (2 Cor. 10, 5).
Si necesitas ayuda de un psiquiatra o psicólogo, pues adelante; pero considera en primerísimo lugar recibir ayuda espiritual: platica con un buen sacerdote, inscríbete en un Cursillo de Cristiandad, intégrate a un grupo de apostolado, toma un Curso de Biblia o haz un Taller de Oración.
Organiza tu tiempo de modo que a lo largo del día siempre estés haciendo algo que te enorgullezca. Piensa, por ejemplo: ¿Cuánto tiempo de amor le daré a mi padre hoy?, ¿cómo voy a ayudar a mi hermana con sus hijos o en este problema que ella tiene?, ¿de qué manera me demuestro que me quiero a mí misma -hago ejercicio, leo algo que me hace crecer, escucho música agradable-? ¿Cómo es mi relación con Dios?
Una luciérnaga sólo da luz cuando está en vuelo. Decídete a conquistar la felicidad para la cual has sido creada. Trázate un plan de acción sencillo y alcanzable y no dejes de llevarlo a cabo cada día. Si algo te falla alguna vez, vuelve a empezar.
Lupita Venegas/Psicóloga
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