5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
De África a Guadalajara | Semillero de Vocaciones | Edición:

Un llamado que traspasa fronteras

Publicado en web el 26 de Agosto, 2010

30Rosalío Juan de Jesús Benítez Ávalos,
II de Teología

El 29 de enero de 2008 llegaron a la Arquidiócesis de Guadalajara los seminaristas Raúl Nóbrega Fernando, Francisco Bringui Kandjai y Miguel Soares Tulumba, procedentes de la Diócesis de Lubango, Angola, en el Continente africano. Vinieron desde tan lejos para proseguir en nuestro Seminario Diocesano sus estudios preparatorios para el sacerdocio ministerial. Y hoy, aprovechando su estancia aquí, les hemos hecho estas preguntas, cuyas respuestas compartimos con los lectores de Semanario:

¿Por qué eligieron guadalajara
y no otro lugar?

Entre Guadalajara y Lubango hay una estrecha amistad, pues de esta Iglesia se han enviado allá sacerdotes para trabajar en misión; por eso, nuestro Obispo decidió enviarnos a continuar nuestra formación y estudio en este Seminario. Primeramente, se planteó la posibilidad, por parte de nuestros Padres Formadores, de proseguir estudiando fuera de África, en particular en México, pero nunca se mencionó algún destino concreto.
Cuando nos especificaron que sería Guadalajara, nos alegramos, pues ya teníamos antecedentes sobre esta ciudad de parte del Padre Ernesto Velarde Gutiérrez, sacerdote de esta Arquidiócesis, quien se encuentra misionando en África; incluso él nos había mostrado algunas fotografías. En cuanto al idioma, no hubo dificultad, pues a pesar de que cada uno de nosotros habla dialectos africanos y el portugués, como este último guarda mucha semejanza con el español, se nos facilitó más el aprendizaje y fue rápido. Tuvimos un curso de su idioma en la Universidad del Valle de Atemajac, aunque la mayor parte la hemos aprendido aquí en el Seminario, especialmente palabras de uso más ordinario.

¿Qué sienten al estar tan lejos de
su lugar de origen?

A veces se siente un poco de nostalgia, pero el estar en contacto con las personas de Guadalajara nos la hace olvidar, pues aquí hemos sido recibidos con grande amabilidad, y el trato que nos han dado ha sido muy cordial.
Esta experiencia la hemos tomado como una oportunidad para crecer vitalmente, tanto en lo espiritual como en lo intelectual, pero es natural que extrañemos nuestro terruño y familia; sin embargo, sabemos que valdrán la pena estos cinco años que permaneceremos aquí, pues serán de formación para una empresa muy grande, para una obra divina, y serán de grande utilidad para preparar el camino por donde seguiremos a Cristo. Por otra parte, los modernos Medios de Comunicación -vía telefónica o Internet- nos han acortado las distancias; podemos estar en contacto rápida y frecuentemente con nuestros seres queridos.

¿Cómo surgió en ustedes el ideal
por el sacerdocio?

En términos generales, lo que nos motivó a ingresar al Seminario fue el ambiente católico que ´vivimos en nuestras familias, así como el estar conscientes de que en nuestro Continente hacen falta muchos sacerdotes; este ideal se fortaleció más, por habernos tocado, específicamente en nuestro país, los años de la guerrilla y todo lo que ésta trajo consigo; con todo, seguimos unidos en nuestra fe y en la práctica de sus Mandamientos y Sacramentos en nuestra Parroquia.
Hace tiempo, una religiosa organizó un grupo de reflexión vocacional para jóvenes; nos daba temas sobre la vida consagrada, a los muchachos que asistíamos, y así, al escucharla, fue madurando en nuestro interior esta respuesta, hasta que un día decidimos ingresar al Seminario, con el apoyo de nuestras familias.

¿Por qué ser sacerdote?

Porque hemos sentido el llamado de Dios en este camino, y aunque hayamos tenido inquietudes por otros estilos de vida, nosotros hemos respondido a la vocación, para que cuando llegue el momento, podamos ayudar en la santificación de los hombres y a nuestro pueblo.

En su opinión, ¿cómo se descubre
el llamado de Dios?

Dios llama y cada quien debe responder a ese llamado sin miedo y con decisión; y es por medio del ingreso al Seminario, del estudio, de la orientación y del encuentro con Cristo a través de la oración, como se va solidificando esa vocación y se van poniendo los cimientos para configurarnos con Él. A los jóvenes podemos decirles que no pierdan sus valores humanos inculcados desde su infancia en el hogar por sus padres; que luchen contracorriente respecto a lo que el mundo les propone; los invitamos a que, con vocación sacerdotal o no, se comprometan con Jesucristo para vivir como Él quiere, aceptar a Cristo como parte de la vida juvenil y comprometiéndose a darlo a conocer, para ser, en cualquier campo de actividades, discípulos y misioneros del Señor.

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