Al paso de la luz
Publicado en web el 3 de Septiembre, 2010
Texto y Foto: Pbro. Alberto Ávila Rodríguez
Los que van en el primer tercio de la vida quieren jugar; y ya les han confiado demasiados compromisos, sobre todo a las mujeres. Cargan y cuidan de sus hermanos menores, encienden la lumbre en las madrugadas para amacizar el nixtamal, y entonces, a los primeros rayos de claridad, la convierten en masa para fabricar el pozol, compañero y alimento de los trabajadores de la primera hora. Después, un guineo apretado en la tortilla, con un café de su cosecha, será su vianda única para llegar a la escuela. Lápiz y libreta para no dormirse cuando aprieta el calor.
Hoy quieren platicar y decir su palabra, quieren ser ya energía que profetice mejores días para su comunidad. Han aprendido inmemorialmente a escuchar; todavía les cuesta trabajo decir su palabra. Nosotros debemos tener la cara dura cuando un problema se atraviesa en el caminar de la Palabra de Dios y no podemos echarnos para atrás. Nuestra lengua debe aprender a ser experta para aconsejar, porque debemos decir palabras de vida, palabras buenas, que digan mensajes que duren. Hay esclavitudes nuevas que nos gusta copiar de los jóvenes de la ciudad; gastamos dinero y tiempo tan sólo para ir a mirar; para pajarear allá donde venden y compran cosas. Sabremos resistir cuando tengamos a Dios en nuestro corazón. A la hora de Tercia de la vida ya nos duele la crítica. NO somos responsables, nos cuesta trabajo cumplir los acuerdos. El futbol nos descansa, nos hace soñar, pero nos tumba demasiado fácil, como piedra en rodada hacia los vicios.
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