5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 9 de Septiembre, 2010

24Por Esegé

Adelita Carlos salió a la puerta de su casa en Mezquitic, Jalisco, para gozar de los resplandores del día, en un cambio de luces y de sombras por las calles del pueblo.

Dice que a veces la ahogan los recuerdos de tiempos vividos, y que tiene qué soportarlos como un fardo inmenso y angustioso que no se aparta de su memoria.

La muerte de su esposo ocurrió en la lucha de este pueblo que se declaró en defensa del derecho de los creyentes y se puso del lado de la religión y de la Iglesia.

Pero luego el acoso de la chusma contraria y los combates en plena calle, y los gritos, los alaridos de odio, los ayes de los heridos… y la muerte de su marido.

Como un torbellino de cuervos negros en la mente, como un enjambre de murciélagos rodeándola. No, Adelita no puede con tanto recuerdo y se sale a la puerta.

Todos arrastramos el recuerdo de un mundo ido; hay que alentar la imagen de los días dulces, de las horas felices, de los regalos de Dios; y desechar los otros.

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