AÚN SON APLICABLES LAS EXCOMUNIONES
Publicado en web el 2 de Septiembre, 2010Queridos lectores:
Iglesia significa comunidad, ya que su nombre procede de la palabra griega ekklesía, que significa congregación o asamblea. En el Nuevo Testamento hay figuras de la Iglesia como comunidad, pero también como una edificación, un templo santo, edificado sobre Cristo mismo, piedra angular. Esa es la Iglesia que le anunció Nuestro Señor Jesucristo a Simón Pedro cuando le dijo: “Te vas a llamar piedra, porque sobre de ti voy a edificar mi Iglesia”. La Iglesia es también el Pueblo de Dios, que en el Antiguo Testamento se llamó Israel, y en el Nuevo es la comunidad, fundada por Cristo, el Mesías, con todos sus seguidores.
Y de acuerdo a la figura usada por San Pablo, la Iglesia es un cuerpo; es el Cuerpo Místico o Misterioso de Cristo, al cual los creyentes nos integramos para formar un solo cuerpo, del que Él es la cabeza y nosotros sus miembros.
Y así como en el cuerpo hay variadas funciones encomendadas a cada uno de sus órganos y miembros, así también entre quienes pertenecemos a esta Iglesia hay diferentes dones, carismas y ministerios, pero todos colaborando para el bien integral de ese cuerpo.
Ahora bien, la excomunión es la separación de un miembro de ese cuerpo eclesial, al cual se ingresa mediante la recepción del Sacramento del Bautismo; pero cuando alguien que ha sido aceptado dentro de esta comunidad, comete algún pecado extremadamente grave, la Iglesia lo excomulga; es decir, lo separa del cuerpo de la Iglesia, queda fuera del Pueblo de Dios y pierde su derecho a ser miembro de esta ekklesía. Esa es la excomunión.
La Iglesia, sin embargo, no mira en esto el castigo, sino que trata de llamar con ello la atención del resto de la asamblea para que no incurra en semejantes faltas.
Hay algunas excomuniones que están reservadas al Santo Padre; hay otras reservadas al Obispo, y a éstas se les llama de ferendae sententiae; pero están también aquéllas en las que se incurre de manera automática por quien comete la falta, y que se denominan de latae sententiae, pues no hay necesidad de que alguna autoridad eclesiástica las imponga o declare.
Un ejemplo claro de esto son las de aquellos miembros de la Iglesia que cometen el crimen del aborto, y que, por el solo hecho de hacerlo, sin necesidad de que medie declaración alguna, quedan excomulgados.
El Derecho Canónico, que es el Código que establece los delitos y penas dentro de la comunidad eclesial, es muy estricto en esta materia y establece que la excomunión, en el caso del aborto, recaerá no sólo en la madre abortiva, sino en todos los que tengan que ver con ella, como son el papá, los médicos o personal que los asista y, por supuesto, aquellos legisladores que lo hayan aprobado o puesto a disposición de las mujeres y de hospitales para que ahí se realicen esos actos criminales.
Por eso, si alguien pregunta si quienes han legislado para despenalizar el aborto, y quienes han abierto las puertas de clínicas y hospitales para que allí se lleven a cabo, y donde hasta la fecha se han cometido ya cuarenta mil abortos “legales”, están excomulgados, la respuesta es que yo creo que sí.
Ahora bien: ¿Quién puede levantar esta excomunión? Solamente el Obispo de la Diócesis a la cual pertenece el que ha incurrido en ella es el facultado para perdonar y admitir de nuevo en la comunidad al excomulgado.
¿Cuáles son las condiciones para otorgar ese perdón?: Que exista verdadero arrepentimiento y propósito firme de enmienda; si no se dan esas condicionantes, no se puede levantar la excomunión. Por lo tanto, yo diría que en estos casos, mientras siga esa ley vigente, mientras sigan practicándose abortos en instituciones que la acaten, eso querrá decir que no hay ni arrepentimiento ni propósito de enmienda y, por lo tanto, la excomunión rige.
¿Qué es lo que quiere la Iglesia indicar a toda la asamblea de fieles, con la pena de la excomunión para los abortistas? Quiere, ante todo, demostrar y defender el derecho fundamental de todo ser humano, que es su derecho a la vida; quiere hacer notar la gravedad de tal crimen que conculca ese derecho inalienable, al despojar a un inocente e indefenso ser humano de su derecho a vivir.
Sin embargo, vuelvo a subrayar que la Iglesia, como Madre que es, siempre estará dispuesta al perdón de sus hijos, porque esa es la misión que le encomendó su Fundador, Cristo Jesús, aseverando que cuando la oveja descarriada recapacite y se arrepienta, podrá volver al redil ya perdonada. Espero que con esto tengan una idea clara de qué es la excomunión y por qué, quienes incurren en el aborto, están penados con esa separación de la comunidad eclesial, pero que es una pena que puede ser perdonada en caso de sincero arrepentimiento.
Que Dios los bendiga.
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