5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Vocaciones en el Seminario | Semillero de Vocaciones | Edición:

De Veracruz… para la Iglesia Universal

Publicado en web el 3 de Septiembre, 2010

30Adolfo Ríos Hernández, 1º de Teología

Entre las historias que pueden contarse en el denominado “Corazón de la Diócesis”, hoy presentamos la de una vocación, la de Gabriel Ramos González, oriundo de Coscomatepec, Veracruz, nacido el 27 de julio de 1984, y perteneciente a la Parroquia de San Juan Bautista, en la Diócesis de Córdoba.

DEL GOLFO AL OCCIDENTE

La historia de la vocación de este joven se inició a mediados de la década de los 90. Vivían él y su familia en su ranchito por aquel entonces, y el niño Gabriel cursaba el 6º de Primaria, el cual, como él mismo comenta, le resultaba un tanto difícil.
Fue entonces cuando entró en escena el Padre Jesús Ceja, sacerdote que había celebrado el matrimonio de sus padres, y quien los visitaba con frecuencia. Al enterarse de las dificultades del niño por querer concluir sus estudios elementales, así como de sus deseos de continuar en los de nivel medio, le propuso ingresar a una institución conocida como La Villa de los niños, ubicada en el Estado de México, para lo cual requería haber concluido antes exitosamente su Primaria.
“Me pareció buena idea- comenta Gabriel-”. Sin embargo, enfrentaba otra dificultad, que era tener qué dejar por vez primera su hogar y sus padres. Con todo, como él mismo relata: “Terminé sexto, y comencé mi labor de convencimiento, primero con mi mamá; luego, ella persuadió a mi papá, hasta que finalmente, en mayo de 1999, las Madres de la ‘Villa de los Niños’ me hicieron un examen, junto con otros 22 aspirantes a ingresar, de los cuales únicamente dos niños y dos niñas fueron aceptados”.
Nuestro protagonista ignoraba entonces que ese Instituto se dividía en una sección para niñas y otra para niños, estando la masculina en la Ciudad de Guadalajara. Mas eso no fue impedimento alguno para que Gabriel viajara hasta esta ciudad, a donde llegó en julio de 1999.

DE LA VILLA AL SEMINARIO

Y hoy recuerda que: “Estando en la ‘Villa’, las Madres nos dijeron que los que aspirasen a ingresar al Seminario, lo cual yo ignoraba qué era, podían asistir a una Misa especial los sábados a las cinco de la mañana, mientras que el resto de los internos lo hacía los martes y domingos. La razón de participar en la Eucaristía a tal hora se debía a que, tras la Celebración, los asistentes se integraban a un Grupo de Promoción Vocacional”.
Tras concluir sus estudios de Secundaria, Gabriel se preparó para laborar en un Taller de Mecánica Automotriz, oficio que había aprendido durante su estancia en la “Villa”; pero, a pesar de ello, él sintió la inquietud de entrar al Seminario, lo cual hizo del conocimiento de sus Superiores. Volvió entonces a Coscomatepec para radicar con su familia, y “estando allá en mi casa -recuerda-, hice un Preseminario en Córdoba, donde me dieron una carta de aceptación para ingresar al Seminario”.
Mas no quiso hacerlo en su tierra natal, sino en el Seminario de Guadalajara, para lo cual regresó a esta ciudad y comunicó sus inquietudes a las Madres de la “Villa de los niños”, una de las cuales le prometió hablar con el señor Cardenal para que pudiera aceptarlo como alumno aquí sin tener que hacer otro Preseminario. Esto lo logró el 22 de agosto de 2002, quedando inscrito en un Curso de Regularización del Instituto de Vocaciones Adultas.

LA SEMILLA VOCACIONAL

Y aunque pareciera que su vocación surgió gracias a su estancia en la “Villa”, en realidad esta inquietud, afirma: “Se inició mucho antes, con el ejemplo del sacerdote que iba a mi casa a visitar a mis padres, y se reforzó observando el comportamiento de otros sacerdotes, como los Padres Enrique del Río y Miguel Ángel Ávila, actual Prefecto del Curso Introductorio en Tapalpa, a quienes conocí en La Villa; mas, desde luego, reconozco que lo fundamental para mi vocación fue la Gracia de Dios, quien se valió de estos instrumentos para hacer que naciera en mi corazón el llamado”.
Actualmente, Gabriel cursa el II Año Teología; sin embargo, comenta que cada etapa de su formación ha tenido algo que le ha agradado, ya fuera la del Seminario Menor, donde se sentía como alumno de un colegio, como la del Seminario Mayor, donde se han formalizado sus estudios sacerdotales, se ha fortalecido su vocación y ha adquirido madurez, el sentido de responsabilidad y otras muchas virtudes, propias de quien se acerca a la culminación de la carrera sacerdotal.
Ante la pregunta de si extraña ahora a su familia, Gabriel responde: “Claro que sí; nunca me he acostumbrado a estar lejos de mi familia, porque es muy importante. Quiero a mi familia; estoy al pendiente de ella, les llamo regularmente y, además, mis padres y hermanos siempre han estado conmigo […] y aunque esté separado físicamente, espiritualmente estoy siempre muy unido a ellos”.

«LLAMÓ A LOS QUE ÉL QUISO»

Cristo, hoy y siempre, ha llamado jóvenes que, valientemente, quieran entregarse para a su servicio y a laborar en la salvación del hombre. No por nada el Venerable Papa Juan Pablo II, en su visita a este Seminario, en 1979, nos hacía la invitación: “Vale la pena consagrarse al hombre por Cristo”.
Así pues, si como Pueblo de Dios queremos seguir encontrando en nuestras comunidades a espléndidos difusores de la Palabra y a verdaderos ejemplos de santidad, debemos impulsar, con todo género de apoyos espirituales y materiales, las vocaciones sacerdotales, a fin de que no falten nunca buenos operarios en la mies del Señor.

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