5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
EDITORIAL | Editorial | Edición:

Sí hay daño moral… pero a los niños

Publicado en web el 2 de Septiembre, 2010

Si la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se hubiera negado a dar la concesión de que las parejas homosexuales adoptaran menores, no hubiera pasado nada, no se hubiera dañado a nadie. Pero, como hicieron legal una situación que va en contra de la Naturaleza, se dañó a la Familia, a la Sociedad y, en particular, a los niños potencialmente adoptables. Parece que a la SCJN no le interesa la protección de los niños ni de sus familias, pues otro caso evidente, aparte del que nos ocupa, fue la errada determinación en el asunto de la Guardería ABC, en Sonora. En esta ocasión, vuelve a repetir el error, aunque ahora creemos que el tema se convertirá en un problema de salud pública en nuestro país.
Sí existe daño moral, pero por parte de la SCJN contra la Naturaleza, la Sociedad en general y, en particular, contra la niñez. Los integrantes de la SCJN no podían determinar, por ejemplo, a favor de los padres de familia, en el caso de la guardería ABC, porque irían en contra de la autoridad que los nombró Magistrados. Y no podían determinar tampoco en contra de las iniciativas que ha promovido el Gobierno de la ciudad en que se ubica el edificio donde sesionan, porque irían en contra de los que los propusieron para estar en ese cargo. Cuestión de conveniencias, no de Derecho Natural ni de razón.
A nosotros nos corresponde seguir presentando una defensa de la vida y del matrimonio con los argumentos con los que contamos, no solamente de carácter religioso y de la moral católica (para nosotros, suficientemente validos), sino con planteamientos que tienen su fundamento en la misma naturaleza humana, con toda la carga social que significan, con lo que señalan los estudios científicos al respecto y las estadísticas que arrojan. Elementos que no tomó en cuenta la SCJN. Por eso, muchos sectores de la Sociedad Civil -la mayoría- se han manifestado de diferente forma a favor de la familia, pensando en el futuro de México. Si la SCJN no lo pensó así, los ciudadanos sí.
Hay voces que nos señalan que lo mejor sería que ya no habláramos, que nos quedáramos callados, que ya no se puede hacer nada, que una vez determinado por la SCJN, no debe apelarse su sentencia, que…
Dicen esas voces, también, que aparte de ser potencialmente inútil nuestra inconformidad, el veredicto de la SCJN es legal, y que nadie, por tanto, puede estar por encima del Derecho, de la Ley y de estas instituciones. En parte, es verdad. La Ley se debe respetar, y nadie, en particular, debe sentirse dueño de la Ley que debe regir en una Nación, ni nadie puede ignorar, por su capricho, la institución legalmente constituida; pero cuando el daño que provoca esa Ley es mayor que lo que supuestamente quiere proteger, como en este caso, entonces tenemos el derecho de reclamar, de pedir que se vuelva atrás. No hay mayor fuerza jurídica que la de la SCJN, pero esta fuerza jurídica que ha aplicado, está cargada de un acerbo antinatural, que porta la mayoría de sus integrantes.
Si lo que defiende la Corte es un derecho de los adultos, entonces, con el tiempo, los adultos podrán alegar tener derecho de establecer cualquier relación con quien sea, persona o animal. (Y conste, que para nada estamos equiparando las relaciones homosexuales con las relaciones -si así queremos llamarles- entre animales, porque no falta quien lo quiera interpretar de ese modo. Tampoco estamos promoviendo un levantamiento).
Por otra parte, en nombre de la indigencia infantil se aprobó la adopción, y para que nos quedáramos callados, se alega que la Iglesia ha cometido peores atrocidades (y esto, ¿qué tiene qué ver aquí?), intentando polarizar la situación, apelando al multicitado ‘Estado Laico’ como una oportunidad de que políticos y gobernantes lo usen como instrumento de presión que les concede la ocasión de acallar las voces y las conciencias de un pueblo creyente. Aquí no se trata de interferencia; se trata de la defensa de la Naturaleza y de los derechos de los niños; a éstos sí que se les ha causado un gran daño moral.

 

Pide CACM objeción de conciencia
Ante la Ley de Uniones de Parejas del Mismo Sexo en el D.F.

 

26Sergio Estrada González
México, D.F.

Luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), aprobara la reforma a los Artículos 146 y 391 del Código Civil del Distrito Federal, que reconoce las uniones entre personas del mismo sexo y su derecho a la adopción de menores, el Consejo de Analistas Católicos de México (CACM) denunció que la Asamblea Legislativa capitalina y la SCJN alteraron la esencia de la institución del matrimonio en el Código Civil vigente, entre un varón y una mujer, equiparándola a las uniones entre personas de un mismo sexo.
En conferencia a los Medios de Información, el Director del CACM, Carlos Montiel, urgió a los Legisladores de cada Entidad Federativa del país a blindar sus Códigos Civiles, con el propósito de que las Legislaturas Locales conserven como matrimonio válido solamente el constituido por un “hombre y una mujer”, de acuerdo al Artículo IV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

La validez moral de oponerse

Sobre el tema de “objeción de conciencia”, el dirigente del CACM pidió a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal legislar para que el derecho de objeción de conciencia sea reconocido y garantizado: “Para que a nadie se le obligue a actuar contra su conciencia ni sus principios morales y religiosos, y no se coaccione al Personal de los Registros Civiles cuando por tales razones se nieguen a dar curso a la celebración de estas uniones de parejas del mismo sexo”.
Asimismo, el Doctor Alberto Patiño, responsable de la relación Iglesia-Estado, del CACM, pidió al Jefe de Gobierno del Distrito Federal que presente la iniciativa correspondiente para reconocer y garantizar el derecho a la objeción de conciencia: “En una legislación que cada vez se hace más intervencionista en la vida de los ciudadanos y que lastima en cuestiones éticas, el legislador en un Estado democrático como el nuestro, debe interponer iniciativas de objeción de conciencia, siempre y cuando no lesione cuestiones filosóficas, éticas, morales o religiosas”.
De igual manera, Carlos Montiel, convocó a las parejas que están por unirse en matrimonio civil a no hacerlo en los Juzgados Civiles de la Capital de la República. A su vez, sobre el tema, el Secretario del CACM, Guillermo Gazanini, aclaró que a partir de las reformas del Código Civil, “en el D.F. se ha dejado de lado la institución familiar fundamentada por Ley Natural: un hombre y una mujer, e invitó a realizar estas uniones en otros Estados de la República, como protesta ante esa ley injusta promulgada en el Distrito Federal”.
El integrante del CACM aclaró: “Con esto, de ninguna manera se está rechazando a las parejas homosexuales, pero como el matrimonio entre hombres y mujeres ya no existe en el D.F., por ello se les pide a los heterosexuales que desean casarse, lo hagan en otros Estados del país”.
También se hizo un llamado a los Legisladores Locales de las demás Entidades Federativas para que establezcan como únicamente válido el matrimonio entre un hombre y una mujer. Esto, -subrayaron- no significa estar en contra de los homosexuales; al contrario se les respeta. Asimismo, un llamado al Estado Mexicano para que reconozca la libertad religiosa en un Estado democrático como éste, de acuerdo al Artículo 24 Constitucional.

 

Homosexualismo: La Realidad

 

• Los gays llevaron el HIV de Nueva York al Mundo
• 1992, el 83% de SIDA en blancos gays en USA

27Pbro. Germán Orozco Mora
Mexicali, B.C.

Bernard Haring, sacerdote alemán y controvertido teólogo en moral sexual, destaca: “El sufrimiento y la soledad de tantos homosexuales no son sólo consecuencia de las discriminaciones operadas por la Sociedad, sino que debe ser muy doloroso para ellos el verse privados de la estabilidad y del afecto normal del matrimonio y de la familia. Llevar una vida impedidos de conseguir su plenitud en el amor matrimonial o en una vida célibe equilibrada, constituye un obstáculo para el desarrollo y alegría de cualquier ser humano.
“Mas, por otra parte, el solo hecho de que algún homosexual, pese a serlo y ante esta situación quiera seguir siéndolo, no prueba que, en su caso, no se pueda hablar de enfermedad, pues son numerosos los enfermos que no quieren curarse ni permiten que alguien les ayude a sanar.”

Contra natura, contra cultura,
contra credos

Ahora bien, quienes exaltan la homosexualidad, e incluso, como en nuestro país, donde erróneamente el máximo Tribunal de Justicia ha equiparado las uniones homosexuales con la institución sagrada del matrimonio, fundamental en las culturas judía, musulmana y cristiana, están cometiendo un gravísimo error, no únicamente justificando o apoyando esas aberrantes y antinaturales uniones, sino por soslayar las terribles consecuencias de la conducta homosexual, en el campo físico, biológico y de la salud.
Violentado, pues, el sentido de la fe de las grandes religiones monoteístas, y el sentido de la Ley Natural, esta Suprema Corte ha hecho realidad la sentencia paulina que dice: “Trocaron la Verdad de Dios por la mentira”. Y aunque pareciera un mero fundamentalismo religioso la exhortación de San Pablo, la verdad es que la razón más profunda de todos estos desórdenes y perversiones encuentra su expresión paradigmática en un rechazo de honrar a Dios y de respetar y honrar al hombre, creado a imagen de Dios.
El mismo San Pablo, dirigiéndose a los Romanos de hace dos mil años, les advertía: “Las mujeres (lesbianas) mudaron el uso natural en uso contra la Naturaleza; e igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en la concupiscencia de unos por otros, cometiendo torpezas y recibiendo en sí mismos el pago debido a su extravío” (Rom 1, 26-27).

Algunas referencias registradas

Hasta 1961, los actos homosexuales eran tenidos como ilegales en toda la Unión Americana; mas ahora, ante la abierta permisividad ¿qué es lo que ha acontecido? Pues que tal como ha quedado demostrado, los homosexuales que practican, ya sin restricciones legales, el sexo oral, por ejemplo, han dado lugar a que prolifere como una epidemia la infección por Hepatitis tipo A, la gonorrea, el virus HIV y la Hepatitis B y C, y ya no se diga de quienes han sostenido habitualmente relaciones anales, quienes, en su mayoría, son portadores o sujetos de inoculación de Hepatitis B y C , el HIV, la sífilis y una enorme variedad de infecciones y enfermedades virales que se transmiten a través de la sangre, el semen, la saliva y las heces fecales; lo cual es, por desgracia, una realidad sustentada en estadísticas, pues los reportes indican que entre el 70 % y el 78% de los fallecimientos de gays se debieron a alguna de estas enfermedades de transmisión sexual.
Y, por otra parte, cuando en Estados Unidos la edad promedio para morir, de un hombre casado, es de 75 años, y un 80% alcanza la edad avanzada de 65 ó más años, solamente el dos por ciento de los homosexuales está alcanzando dicho promedio en ese país, y la mayoría de los infectados de SIDA ha muerto a más tardar a los 39 años, de otras infecciones entre los 42 y 45. Esto, sin considerar la incontable cantidad de jóvenes que muere antes por causas violentas, como accidentes y suicidios, así como de infartos, cáncer y fallas hepáticas, tan comunes entre ellos.

Rechazo milenario

Por eso cuando vemos cómo ya en la antigua cultura judía, en el Libro del Levítico, o en el Sagrado Corán de los musulmanes, o en la Biblia Cristiana o Católica se condenaba el homosexualismo o lesbianismo, sin duda que no se trataba de un mero rechazo a priori, aun cuando no se conocieran todas sus terribles consecuencias.
Cuando en Estados Unidos el homosexualismo estaba prohibido y criminalizado, pensadores como Thomas Jefferson aseguraban que la homosexualidad “debía ser castigada, si se trataba de un hombre, con la castración; y si se trataba de una mujer, perforándole un agujero de media pulgada de diámetro en el cartílago de la nariz”; castigos bárbaros, sin duda.
Mas hoy, como sostiene el Consejo Pontificio para la Salud en recientes documentos sobre el tema de la homosexualidad, todos estamos conscientes de que se trata de seres humanos que necesitan ayuda, respeto y no sólo condenación, pues no todos los homosexuales son promiscuos ni pervertidos.
Con todo, una cosa es el respeto y la comprensión cristiana, y otra cosa es el permisivismo y aliento ante situaciones como ésas, aprobadas por los Supremos Magistrados de nuestra Nación, al legalizar los supuestos “matrimonios” entre homosexuales, y peor aún, su “derecho” a la adopción de infantes, de los cuales se pone en riesgo no sólo su integridad física, sino, sobre todo, emocional.

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