Tricentenario del templo de La Merced
Publicado en web el 2 de Septiembre, 2010En el segundo de tres Artículos a propósito de este céntrico templo, al que se concedió la gracia de un Año Jubilar que está por concluir, conviene dar comienzo por describir el Conjunto Pastoral de La Merced
Pbro. Tomás de Híjar Ornelas
Gabriela Mora Navarro
El Santuario de Nuestra Señora de las Mercedes, de Guadalajara, es un complejo arquitectónico cuyo elemento principal es el templo en sí, al cual se hallan adosadas cinco capillas: El Calvario, al Poniente, sirviéndose de la estructura del templo, edificado a mediados del Siglo XVII; Nuestra Señora de las Angustias, donde antes fuera la Sala De profundis del Convento Mercedario, y en cuyo subsuelo yacen los restos del primer Gobernador de Jalisco, Prisciliano Sánchez Padilla (1783-1826); Capilla del Santísimo Sacramento, hoy de los Santos Mártires, al Oriente del presbiterio, y frente a ella, la Capilla de Adoración Eucarística, que un tiempo se llamó de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y, antes, de El Señor del Rescate, obra de mediados del Siglo XVIII, con su exquisita bóveda nervada y su fachada externa de fines del XIX, y que hasta hace medio siglo albergara una Capellanía autónoma a la de La Merced.
Del antiguo convento casi nada quedó, pues los milicianos del Partido Liberal, por el solo gusto de destruir, lo cañonearon a mediados del Siglo XIX, sobreviviendo el claustro hasta que, en el Año Nuevo de 2000, fue consumido por un incendio. El ingreso a la portería conserva su rica decoración; la arquería oriental del claustro, cegada, es el actual corredor de los confesionarios. La sacristía, de proporciones grandiosas, luce una pintura mural tricentenaria, realizada en 1709 por el afamado pintor Diego de Cuentas.
Los frailes de La Merced,
de Guadalajara
El primer Mercedario al frente del Convento de Guadalajara fue Fray Diego Robles, catedrático de varias disciplinas, y dedicado, como sus demás hermanos de religión, al magisterio.
Fray Miguel Telmo, literato ilustre, acometió la obra material del Convento de La Merced en la Capital de la Nueva Galicia, gracias a un legado testamentario de 10 mil pesos entregado a la Orden en 1636, por la sucesión de doña Isabel de Rivera, hermana del Obispo don Francisco de Rivera y Pareja, también Religioso Mercedario. Con ese fondo se adquirieron y adaptaron las viviendas adyacentes a la casa que les obsequiara, en 1629, el Canónigo Deán de la Catedral, Doctor don Antonio Dávila de la Cadena. El templo primitivo, dañado por un sismo, debió demolerse, construyéndose en su lugar lo que hoy es la Capilla de El Calvario.
El templo definitivo, por su parte, comenzó a edificarse en 1650 a empeños de Fray Nicolás de Valdivieso, quien “envolvió” la capilla antigua con la obra nueva para no afectar el culto. Se necesitaron setenta años para terminar el colosal edificio, pues, como dice un antiguo Cronista de la Orden: “El edificio empezó tan demasiadamente grande, que eso la ha detenido para acabarse…].
El primer taller de pintura
en Guadalajara
Fueron los Mercedarios Fray Gabriel de Albuquerque y fray Simón de los Reyes quienes concluyeron los trabajos, gracias al apoyo de los cofrades de la Santísima Trinidad y de Nuestra Señora de la Merced. El fragmento de un cuadro, que debió ser de tamaño natural y que ahora anda por ahí, ostenta una cartela con la siguiente inscripción: “Retrato del reverendo padre predicador jubilado fray Gabriel de Albuquerque, comendador de este convento, a cuya solicitud se hizo esta iglesia y se dedicó el día 11 de mayo de 1710”.
La tez bermeja, la amplia tonsura, el pelo cano, la nariz aguileña, el labio superior hundido, los pómulos salientes, las profundas líneas de carácter, pero sobre todo la penetrante mirada de sus ojos verdes, es lo que nos ha quedado del Mercedario que hace tres siglos concluyó el populoso templo.
En la decoración del recinto intervino Diego de Cuentas, aventajado discípulo de Juan Correa y de Cristóbal de Villalpando, y quien debió arraigarse en Guadalajara, conjetura la Doctora Nelly Sigaut, ciudad a la que llegó formando parte del equipo de Villalpando, artífice del grandioso mural “La Iglesia Triunfante”, en la sacristía catedralicia.
De Cuentas no sólo nos ha dejado en La Merced la más antigua de sus obras fechada, sino además adquirió de los Mercedarios más de quinientos metros cuadrados de superficie, donde estableció su taller y vivienda, en lo que hoy es la confluencia de la avenida Hidalgo y la calle de Santa Mónica. Allí estuvo la primera Escuela de Artes Plásticas de toda esta comarca.
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