10 de Septiembre de 2017
Año XX
No. 1075
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 9 de Junio, 2011

24Por Esegé

Las Estaciones del año lleva cada una su color, su aliento, sus exigencias que obligan al campesino a cumplir la jornada que llega.

Queda allá la ardua tarea de la siembra, el beneficio de la labor, la dicha al contemplar el verdor de la milpa que tiende largos listones.

Esos listones que se conjugan en cada milpa son como voces de esperanza que guarda el agricultor en el recodo más íntimo del pecho.

El fruto vendrá, y con él otra etapa en la vida del campo: hay que recoger la cosecha, hay que colmar las carretas y llevarlas a la troje.

Una tarea fatigosa, un trabajo pesado, pero así, llena el alma, hace que el campesino exulte de gratitud a la Divina Providencia.

Esa Estación del año se encadena a las estaciones del hombre, a los ciclos de la vida humana, hilados, con devoción, al Amparo de Dios.

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