17 de Agosto de 2014
Año XII
No. 915
| Varios | Edición:

El Sacerdote debe vivir en constante oración

Publicado en web el 13 de octubre, 2011

Para evitar el abandono ministerial

Hubo períodos, sobre todo en los años inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II, en que causó sorpresa el número y calidad de clérigos que desertaban de su vocación consagrada, así como de seminaristas mayores que abandonaban su Carrera. El fenómeno persiste, aunque en menor proporción si se atiende al total de Presbíteros y de candidatos al sacerdocio.

22José de Jesús Parada Tovar

Para el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara y Rector del Seminario Diocesano de Señor San José, don Miguel Romano Gómez, “son muchos los factores que influyen para el abandono del sacerdocio ministerial. Es algo cultural, que no se circunscribe a Diócesis específicas o a determinadas Naciones. En toda América Latina, por ejemplo, desde México hasta Chile o Argentina, hay una constante en esa inestabilidad, con muy ligeras variaciones, perceptibles también en Perú, Colombia o Brasil”.

Detalló el Obispo Rector que existe un reciente estudio, ya publicado y correspondiente a 2008, sobre Seminarios y Cleros de Latinoamérica, y que personalmente cotejó la situación de 17 países, Diócesis por Diócesis, incluyendo las 271 con que cuenta Brasil. En esa relación, se revela que México ocupa el quinto lugar en cuanto al número de defecciones de eclesiásticos que optan por el estado de vida laico.

Lo peligroso del activismo y la disipación

Invitado a entrar en materia, Monseñor Miguel Romano detalló: “Insisto en que hay causas diversas y quizás más profundas; pero he aquí dos que son importantes: Primero, el pragmatismo del Sacerdote que piensa más en el hacer que en el ser. Y es que suele pensar para sí: ‘Todo va bien si las cosas van bien’, aunque por ello pierda la amistad íntima con Jesucristo, y finalmente hasta la olvide. Hay Sacerdotes que ‘hacen mucho’ y oran poco, o a veces nada. Lo cierto es que se trata de un notable descuido de la vida espiritual, generalizado en América Latina, si bien con signos de recuperación, aunque desiguales de país a país y de Seminario a Seminario.

“Segundo: la mayoría de adolescentes y jóvenes que ingresa al Seminario, obviamente llega con el don del llamado y con sinceridad de propósitos, pero con una problemática muy pesada. Es el caso de experiencias familiares dolorosas; la influencia nociva de los Medios de Comunicación; los atractivos del mundo, que inciden fuertemente, les meten mucho ruido y hacen más difícil educarlos y formarlos, sobre todo al principio, debido a las resistencias, sean conscientes o inconscientes.

“Es por ello -prosiguió el Prelado- que, como lo ha recalcado el Cardenal Juan Sandoval (en otro tiempo y por muchos años también Formador y Rector del Seminario) se requiere una atención muy personalizada y a fondo. Puede haber, y de hecho hay, Directores Espirituales nombrados y asignados; pero, ¿de verdad hay dirección espiritual? Y es que, si en efecto la hay, ayuda en gran medida a vencer las dificultades”.

Fidelidad contra debilidades

A juicio de la máxima autoridad del Seminario con mayor alumnado en el mundo, “puede ser válida una analogía entre el matrimonio joven y el Sacerdote joven. Y es que una pareja conyugal dice estar junta porque ambos se quieren. Y, si en algún momento dado, por razones comprensibles y propias de la naturaleza humana, que es frágil y limitada, hubiese alguna desaveniencia, malentendido o conflicto, tienden a separarse. Suelen razonar así: ‘No tengo por qué resolver ese problema; tengo derecho a realizarme; tu problema es decidir con quién te vas, pues yo ya resolví a quién acudir’.

“Algo parecido ocurre a no pocos Sacerdotes jóvenes, y algunos lo vivieron conscientemente desde el Seminario. En un seguimiento muy cercano y en el contacto con el mundo se observa que así reflexionan y actúan: ‘Si soy feliz, si me toca trabajar con un Párroco bueno, adelante; pero si es un Párroco difícil o si me encuentro una joven que me haga sentirme bien y me dé las satisfacciones que acaso no encontré en la oración, en la Eucaristía o en la dirección espiritual, entonces dejo el ministerio, pido la dispensa o simplemente me retiro sin dar aviso a la autoridad correspondiente’.
“¿Qué quiere decir esto?: que se confunde la fidelidad con dar satisfacción a los sentidos y cauce a las emociones, omitiendo las razones, la vida de fe y los compromisos adquiridos”.

Males de raíz

El Obispo Romano Gómez, especializado en Roma en Estudios de Espiritualidad, y con la experiencia de todo su ministerio al servicio de quienes se preparan al sacerdocio, advirtió: “A veces, los alumnos dicen al Superior lo que le gustaría oír, mas no lo que piensan y sienten. Eso es engañarse a sí mismos y pretender engañar a Dios, con lo cual se hacen mucho daño. Sólo en la transparencia se puede ayudar y corregir a tiempo. En ocasiones se evidencian problemas de Sacerdotes, ya muy avanzado su ministerio, que se presentaron desde seminaristas. Si no se hubieran ocultado, se hubieran remediado.

“Un pendiente fundamental y altamente preocupante, de hoy y de siempre, es que el muchacho no le tenga confianza a su Superior, sea el Prefecto de Disciplina, su Director Espiritual o, peor aún, su Confesor. Después, corregir es improbable, muy lamentable y no puede darse marcha atrás… a menos que opere la Gracia de un milagro”.

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