02 de Diciembre de 2018
Año XX
No. 1139
| Especial | Edición:

Federico de Aguinaga López, varón laico, rumbo a los altares

Publicado en web el 17 de Noviembre, 2011

Causa de Canonización

8 (2)Pbro. Jorge Jiménez Vázquez
Delegado Episcopal para las Causas de los Santos

Habiendo concluido el Proceso de Instrucción Diocesano sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Federico de Aguinaga López, varón laico, el lunes 3 de octubre de 2011, tuvo lugar la Sesión de Clausura. Además del Tribunal, conformado por el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Juan Sandoval Íñiguez; por el Pbro. Jorge Jiménez Vázquez, Delegado Episcopal; el Canónigo Antonio González Cornejo, Promotor de Justicia, y la Sra. Teresa Margarita Camacho Pérez, Notaria, estuvieron presentes también: Mons. Rubén Darío Rivera Sahagún, actor de la Causa; Pbro. Tomás de Híjar Ornelas, Postulador; Mons. Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General de la Arquidiócesis, así como el Pbro. Lic. Francisco Javier Sánchez Camacho, de la Comisión Diocesana de Causas de Canonización, y la Sra. María Guadalupe García Velázquez, Auxiliar.

De las Congregaciones Marianas de San José de Gracia asistió como invitado a dicho acto un grupo representativo. En dicha sesión se exhibieron ante el señor Cardenal, tanto el Expediente Original, que ha de ser conservado en la Cancillería de esta Arquidiócesis, como el Trasunto y la Copia Pública, que han de ser enviados a la Congregación para las Causas de los Santos, con sede en Roma.

Cuidadoso procedimiento

A lo largo de estos siete años y cuatro meses, desde la Sesión de Apertura, efectuada el 14 de mayo de 2004, recabamos cincuenta y tres testimonios de personas muy cercanas a Don Federico de Aguinaga. Los interrogatorios fueron realizados en una oficina anexa al Santuario de Señor San José. La mayoría de los testigos son miembros de la Congregación Mariana establecida en el mismo Santuario, y virtieron sus deposiciones conforme a su ciencia «de visu et auditu» (de lo que vieron y oyeron acerca del candidato a los altares).

Los trabajos de fotocopiado, de cotejo y la elaboración del Trasunto y de la Copia Pública, así como la preparación del Expediente para su envío a la Congregación para las Causas de los Santos, fueron realizados en las Oficinas del Tribunal Interdiocesano de Segunda Instancia.

8 (1)Siervo de Dios Federico de Aguinaga López

El niño Federico creció y fue educado en el seno de una familia tapatía con valores cristianos, profundamente arraigados en la fe católica, no obstante el difícil contexto de la época. Su vocación germinó gracias al discreto pero esmerado cuidado de su madre, doña Carmen López de De Aguinaga, así como a su ingreso, por invitación expresa del Padre Manuel Diéguez, a la Congregación Mariana.

Desde su adolescencia, el espíritu de servicio del Siervo de Dios se presentó con tal naturalidad en su vida que, no obstante las carencias del propio ambiente familiar, no decreció, sino que se afianzó. Llegada la juventud, no se evidenciaban en él rasgos de inmadurez o de desasosiego, sino lo contrario, cada vez más notable el progreso en su vida de piedad y el deseo de una vida virtuosa.

Tuvo inquietud por la vida sacerdotal e ingresó al Seminario, pero su endeble salud física le impidió continuar en ese propósito. No obstante, la chispa se había encendido, y su paso por esta institución venerable provocó una solícita preocupación por el Seminario, llegando a convertirse en bienhechor y promotor de las vocaciones al sacerdocio a través de la Congregación Mariana. En adelante, el joven fervoroso, atraído siempre por las cosas de Dios, optaría por llevar una vida célibe para dedicarse sin reservas a las obras de apostolado, pero sin desentenderse de sus responsabilidades en el ámbito familiar y laboral. Conforme a su vocación célibe y laical, siempre mantuvo un trato cordial y de respeto para con todos, sin distinción y, particularmente, hacia las autoridades eclesiásticas, a las cuales siempre manifestó docilidad y obediencia.

Su profunda vida de piedad, en las diferentes etapas de su existencia, fue germen de vida cristiana para la gente de su tiempo. No faltaron, en su caminar, obstáculos para cumplir sus objetivos; sin embargo, su amor a Dios, la fidelidad a la Iglesia y su solícita preocupación por los pobres, fueron su principal aliciente en la búsqueda de la santidad. Por ello, puede decirse sin equívocos que hablar de Federico de Aguinaga es hablar del florecimiento de una vocación laical en medio de las circunstancias adversas y difíciles que vivió la Iglesia en México durante la primera mitad del Siglo XX.

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