21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
| Año Sacerdotal, Varios | Edición:

La centralidad: el Misterio Pascual de Cristo

Publicado en web el 9 de Febrero, 2012

Domingos del Tiempo Ordinario

El Año Litúrgico fue instaurándose poco a poco en cuanto que los tiempos fuertes fueron fijándose. Ya hemos visto sobre el Tiempo Ordinario cómo había domingos después de algunas solemnidades -a saber, domingo posterior a la Epifanía o domingo posterior a Pentecostés-, y conforme a un orden fueron numerados mientras no se iniciase otro tiempo litúrgico fuerte.

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Pbro. Herminio Eugenio de Jesús Orea Peredo

Pues bien, estos domingos han sido referidos siempre en una línea pedagógica, para profundizar el pleno Misterio de Cristo celebrado en los tiempos litúrgicos fuertes, puesto que la Liturgia es, en efecto, la conmemoración del Misterio Pascual de Cristo. En este sentido, el Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia -Sacrosanctum Concilium- refiere cómo “la Santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar, con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año, la obra salvífica de su Divino Esposo. Cada semana, en el día que llamó «del Señor», conmemora su Resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su Santa Pasión, en la máxima Solemnidad de la Pascua” (SC 102).

De este texto conciliar, consideramos algunas características muy claras del Tiempo Ordinario:

+ Es un ritmo celebrativo eclesial; es decir, toda la Iglesia sigue el mismo orden, favoreciendo la comunión eclesial y la fidelidad litúrgica de las celebraciones.

+ El sagrado recuerdo se considera por medio de la categoría litúrgica «conmemoración»; conmemoramos algo acontecido de una vez y para siempre, por medio de la celebración litúrgica, y se renueva la gracia del evento fundante para el fiel que lo celebra -por ejemplo, el Misterio Pascual de Cristo­-.

+ La celebración litúrgica es la conmemoración de la Obra de la Redención; esto es, de la Salvación -de ahí que sea considerada o llamada obra salvífica-.

+ La Pascua ha marcado como tal el actuar litúrgico de la Iglesia, pues precisamente conmemoramos, en particular en cada Eucaristía, todo el Misterio Pascual de Cristo -Pasión, Muerte y Resurrección-, insisto, obrado una vez y para siempre, y cuyo efecto de Gracia nos redime y santifica al participar plenamente de la Liturgia de la Iglesia.

+ Los domingos son días eclesiales muy específicos porque es no sólo el día de la Resurrección, sino también el día en que nos reunimos como asamblea litúrgica para, celebrando el Misterio Pascual de Cristo, poder conocer su Persona, le amemos y le imitemos. Se recuerda, bajo este aspecto, que Sacrosanctum Concilium afirma cómo el domingo “es la fiesta primordial” (SC 106) de los cristianos católicos.

 

¿Cómo es que la Misa de los Domingos del Tiempo Ordinario nos facilita conocer a Cristo?

 

Por medio de la división misma de la Eucaristía, obtenemos dos respuestas esenciales: Escuchando la Palabra de Dios, que nos habla de Cristo -Liturgia de la Palabra, en particular, el Evangelio- y participando atentamente en la Celebración Eucarística -Liturgia Eucarística, en particular, comulgando y uniéndonos a Cristo por medio de su Cuerpo y de su Sangre-. Es así como renovamos en nuestra vida todo el actuar de Gracia que Dios ha establecido por medio de la entrega de su Hijo.

Conocer, amar, asumir, encontrarnos con Cristo en el Tiempo Ordinario, es asimilar su Misterio Pascual para después vivir plenamente la vida cristiana; claro está, como auténticos misioneros y evangelizadores de nuestro mundo actual en la Iglesia Misionera del Tercer Milenio.

Qué gran novedad nos ha establecido en la Liturgia la reforma del Concilio Vaticano II a lo largo de los 33 ó 34 Domingos del Tiempo Ordinario; es así cómo entendemos que el Tiempo Ordinario es un período de conocimiento y asimilación progresiva de la Persona de Cristo, para que, conociéndole, le amemos, y amándolo, le proclamemos con nuestro testimonio auténticamente cristiano, glorificando a Dios y santificando nuestras personas por medio de la celebración litúrgica: la Conmemoración del Misterio Pascual de Cristo.

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