Atentados incalificables Desprecio por lo sagrado
Publicado en web el 7 de junio, 2012La Iglesia dice: El sacrilegio es un pecado grave, sobre todo cuando es cometido contra la Sagrada Eucaristía
Estas faltas suelen cometerse contra las personas, los lugares o los objetos sagrados. Las penas que la Iglesia considera, pueden llegar incluso a la excomunión.
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
“El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los Sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave, sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este Sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente substancialmente (Cf. CIC Canon 1367)”, señala el Catecismo de la Iglesia Católica en su No. 2120.
La Enciclopedia Católica lo explica más ampliamente y apunta que, en un sentido más amplio, podría considerarse sacrilegio cualquier desafuero contra la integridad y pureza de la religión.
Y advierte que “los teólogos están de acuerdo en considerar sagrado aquello que mediante ceremonia pública y por costumbre divina o eclesiástica, está destinado a ser instrumento de la adoración a Dios”, mientras que atribuir a un objeto un carácter sagrado es un acto jurídico, y como tal es competencia de la potestad gobernante de la Iglesia”.
Tipos de sacrilegio
Es costumbre distinguir la existencia de tres clases de sacrilegios: Personal (contra las personas), Local (contra los lugares) y Real (contra las cosas).
Sacrilegio personal
Significa comportarse de una manera tan irreverente con una persona sagrada que, ya sea por el daño físico o por la deshonra moral, viola el honor de dicha persona. Este tipo de sacrilegio puede cometerse principalmente de tres maneras:
- Poniendo las manos violentamente sobre un clérigo o un religioso. Esto constituye una infracción de lo que se conoce como “privilegio del Canon” (privilegium canonis), y se castiga con pena de excomunión.
- Violando la inmunidad eclesiástica, en la medida en que ésta existe aún. Los clérigos, antiguamente, estaban exentos de la jurisdicción de los Tribunales laicos (privilegium fori).
- Pecando, en cualquier manera que sea, contra el voto de castidad de aquellos que se han consagrado a Dios; es decir, de quienes hayan tomado las Sagradas Órdenes (en la Iglesia Latina) y los Religiosos, incluso aquéllos que hayan hecho los votos simples, si éstos son perpetuos.
Z Sacrilegio local
Se considera como tal, la violación de un lugar sagrado. Por lugares sagrados se entiende no solamente los templos -aunque no estén consagrados, sino únicamente bendecidos-, sino también los oratorios públicos y los cementerios canónicamente establecidos como lugar de enterramiento de los fieles. Por lo general, en este apartado se distinguen cuatro categorías:
- El robo de objetos que se hallen en el interior de los templos, especialmente si son propiedad de éstos.
- La violación de la inmunidad que se reconoce a los lugares sagrados, en la medida en que esta prerrogativa se mantiene en nuestros días. Debe observarse que, en este contexto, el término “lugar sagrado” ha de entenderse en un sentido más amplio, pues incluye también a los palacios episcopales, los hospitales erigidos por la autoridad episcopal que tengan una Capilla para celebrar la Santa Misa, y también a la persona del Sacerdote mientras está celebrando.
- La comisión, dentro de un recinto sagrado, de algún acto pecaminoso por el cual se considere que, conforme a lo que establece la Ley Canónica, el lugar queda mancillado. Estos actos son: el homicidio; cualquier derramamiento de sangre por cuya magnitud el daño ocasionado pueda considerarse como una grave ofensa; cualquier delito contra la castidad (incluidas las relaciones conyugales tenidas sin necesidad); el enterramiento en la iglesia o recinto sagrado de una persona no bautizada o de alguien que ha sido excomulgado.
- La ejecución de ciertos actos que, sean o no pecados, resultan incompatibles, por su propia naturaleza o por lo dispuesto en las leyes, con el comportamiento que se debe mantener en el lugar. Por ejemplo, usar una iglesia como establo o mercado, o como sala de banquetes, o como Corte Judicial para dirimir en ellas cuestiones meramente seculares.
Sacrilegio real
El sacrilegio real es la injuria hacia cualquier objeto sagrado que no sea un lugar ni una persona. Este tipo de sacrilegio puede cometerse, en primer lugar, administrando o recibiendo los Sacramentos (o, en el caso de la Eucaristía, celebrando) en estado de pecado mortal, y también cuando se hace el escarnio consciente y notorio hacia la Sagrada Eucaristía; éste se considera el peor de los sacrilegios.
Asimismo, se tipifica como sacrilegio real la vejación de imágenes sagradas o reliquias, el uso de las Sagradas Escrituras y objetos litúrgicos para fines no sacramentales, y también la apropiación indebida o el desvío, para otros fines, de bienes y propiedades (muebles o inmuebles) destinados a servir a la manutención del Clero o al ornamento de la iglesia. A veces, puede incurrirse en sacrilegio al omitir algún elemento necesario para la adecuada administración de los Sacramentos o la celebración de la Eucaristía, como por ejemplo diciendo la Misa sin las vestiduras sagradas.
Irreverencias abominables Atropellos a la fe
Dulce Natalia Romero Cruz
A través de la Historia de México, han ocurrido actos de sacrilegio, principalmente, y el más grande de todos, que es contra la Sagrada Eucaristía o el Santísimo Sacramento. En la persecución religiosa, desde 1914 a 1939, muchos templos fueron profanados. En nuestra Ciudad de Guadalajara, en julio de 1914, entraron alternadamente las tropas de los Generales Venustiano Carranza Garza y Francisco Villa a los templos, convirtiéndolos en caballerizas; ahí derribaban las imágenes, destruían los altares, destrozaban los Crucifijos; incluso introducían a las prostitutas o soldaderas al templo para cometer actos irreverentes.
En aquel tiempo, alguien intentó destrozar la imagen original de la Virgen de Guadalupe en el Santuario del Tepeyac, en noviembre de 1921. Para ello, colocaron una bomba que finalmente explotó cerca de la milagrosa imagen; sin embargo, ésta salió ilesa y conservó su integridad. Lo que sufrió daños fue un Crucifijo de bronce -que a simple vista parecía mucho más resistente-, pero ni la imagen ni el cristal protector sufrieron perjuicio alguno.
En algunos templos -tanto de la ciudad como de poblaciones circunvecinas- de la Arquidiócesis de Guadalajara, recientemente, manos sacrílegas han entrado y han abierto a golpes los Sagrarios, sacado los copones con las Hostias Consagradas y las han tirado al suelo y las han pisoteado. Los autores de estos hechos, como sucedió en San José de Analco y en Cocula, han quedado automáticamente excomulgados desde el mismo momento que cometen el sacrilegio, sin necesidad de darles una sentencia.
El hecho
“Un sacrilegio es un atropello, un desprecio o una profanación -aseguró Monseñor José Guadalupe Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General de la Arquidiócesis de Guadalajara-, que si se hace a una persona se llama sacrilegio personal, y si es contra un lugar sagrado se llama sacrilegio local. También se comete sacrilegio real cuando se le realiza a un Sacramento o a un objeto sagrado.
“Cuando alguien comete un atropello de dicha índole se incurre en una pena. Si la persona toma unas Hostias Consagradas para despreciarlas, pisarlas, escupirlas, arrojarlas al fuego o destrozarlas, comete un sacrilegio a lo más sagrado, que es el Cuerpo de Cristo, por lo que la Iglesia cuenta con un castigo para ellos”.
Ese castigo está estipulado claramente en el Canon 1367, que dice: “Quien arroja por tierra las Hostias Consagradas o las lleva o las retiene para cometer un sacrilegio, incurre en la pena de quedar excomulgado automáticamente. Es decir, excomunión latae sententiae, cuya dispensa está reservada hasta la Santa Sede Apostólica, o sea, hasta el Papa o sus personas más allegadas. Si la persona que cometió tan grave maldad es Sacerdote o Clérigo, tendrá que ser expulsado de su ministerio”.
También debe tomarse en cuenta la finalidad: “Robar un objeto sagrado por su valor material es, al igual que atentar contra un Sacramento, sacrilegio, aunque no tiene la misma pena”, refirió Monseñor Valdés Sánchez, también Párroco del Sagrario Metropolitano.
La purificación
“El desagravio o expiación es un acto de piedad y de religión que se realiza para limpiar, borrar o sanar una herida o un desprecio causado por una profanación a una cosa, acto, persona o lugar sagrados, e incluye el pedirle al Señor que perdone esas profanaciones”, ilustró el Canónigo y Vicario General.
“Un objeto se llama sagrado si está dedicado para el culto de Dios, como un templo, un altar, un sagrario, una imagen. También hay personas especialmente consagradas al servicio de Dios, como son el Papa, los Obispos, los Sacerdotes -por su ministerio que desempeñan-, o también los Religiosos y Religiosas que por sus votos o compromisos con el Señor se han consagrado a su servicio. Las Reliquias son objetos sagrados, principalmente si son óseas, y el tomarlas y despreciarlas o hasta usarlas como amuletos, son actos sacrílegos.
“Está marcado por el Ritual de la Iglesia Católica que al lugar profanado se le rocíe agua bendita, se haga oración recitando las Letanías de todos los Santos y recitando los Salmos que se llaman Penitenciarios o de arrepentimiento. Puede ser también una Hora Santa, Adoración al Santísimo, o bien, “Reconciliar el Templo” o lugar sagrado mediante un acto especial, marcado en los Rituales de la Iglesia”.
Reflexiones en torno al sacrilegio Basta el arrepentimiento
Dulce Natalia Romero Cruz
En la Iglesia tapatía se han producido últimamente actos sacrílegos que han causado gran preocupación; uno de ellos fue en la Capellanía de Nuestra Señora de Loreto de la que sustrajeron objetos sagrados. Otra más fue en la Parroquia de San José de Analco, el 12 de abril, Jueves de Pascua, cuando durante la Adoración al Santísimo fue tomada la Custodia con la Hostia Consagrada. Cerca de la medianoche se recuperó la Custodia, pero sin la Hostia. Y el más reciente, que acaeció en Cocula, Jalisco. Éstos, sólo por mencionar algunos.
El Pastor
En referencia al tema, el Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, comentó: “Hemos tenido recientemente un hecho muy lamentable, sucedido en una Capilla de la población de Cocula, la cual fue asaltada, no se sabe a ciencia cierta por quiénes; pero todo parece indicar que se trató de un acto meramente sacrílego porque no robaron. Al parecer, fueron directamente a quemar una imagen, profanar algunos objetos y sustraer el Sagrario y su contenido.
“A veces, las personas que entran a estos lugares ignoran que el Sagrario es el lugar que alberga la presencia real del Santísimo Sacramento, y piensan que se trata de un valioso objeto meramente material; entonces, optan por llevárselo como si fuera una caja fuerte. Se supone que eso hicieron en esta ocasión con el Sagrario: lo llevaron a un campo baldío, y ahí lo violentaron hasta abrirlo, pero lo más lamentable y grave para nosotros los católicos fue que las Hostias Consagradas, que son la presencia viva y real de Jesucristo, fueron tiradas al piso, como con la intención de cometer sacrilegio. Si esto fue el deseo de quienes cometieron este atentado, es algo muy grave porque se trató de un acto sacrílego. Si lo hicieron por ignorancia, tampoco deja de ser grave, ya que se trató de la violación de un lugar de culto, lo cual indica la falta de formación y la carencia de valores, que observamos en muchos sectores de la Sociedad.
“Cuando se trata de un sacrilegio, la Iglesia tiene previstos actos de desagravio que consisten en adorar al Santísimo Sacramento con la participación de la comunidad, por dos o tres días. Mucho lamentamos, pues, estas manifestaciones sacrílegas y de falta de respeto a los valores religiosos, que para nada contribuyen a una convivencia respetuosa, sino que crispan los ánimos, y ello podría derivar en algo más grave. Ojalá que podamos evitarlo.”
Reflexión
“Los israelitas se gloriaban de ser el pueblo que tenía más cercano a su Dios. Pero nosotros tenemos tan cercano a ese Dios, que muchas veces lo olvidamos”, comentó el Canónigo Arnulfo Jaime Arámbula, Rector de la Iglesia Catedral de Guadalajara.
“Si lo más grade y sagrado que tenemos es ese Dios cercano y al alcance de nuestra mano, oculto en la Hostia para estar con nosotros, pues es lo que más tenemos qué respetar. La Iglesia, dado lo expuesto del Sacramento, nos invita, a través de las penas que tiene previstas, a reflexionar sobre la importancia del Santísimo Sacramento. Por eso aplica condenas graves, como la excomunión, que es un caso –como la profanación sacrílega de las especies sagradas- de los reservados a la Santa Sede.
“No es la Iglesia la que excomulga a una persona que comete una falta tan grande, sino la misma persona es la que, al no sentir respeto y amor a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, porque piensa distinto que la Iglesia, queda fuera de ella. El primer excomulgado fue Judas, porque no sintió ni amor ni respeto a su Maestro; se sintió incómodo en la comunidad y se fue.
“Sin embargo, el sacrílego, al reconocer su pecado y arrepentirse, la Iglesia lo recibe en su seno y declara que vive de nuevo en comunión, aunque tendrá que renovar su profesión de fe”, finalizó el Rector de la Catedral.
El arrepentimiento hace posible la absolución de la excomunión (Cf. CIC, No. 1463).
l La excomunión automática (latae sententiae), ocurre en el momento que se comete el delito. Se trata de delitos sumamente graves: Apostasía, herejía o cisma.
l La Ley Canónica advierte sobre algunos factores que quitan imputabilidad, como la ignorancia de la Ley, la falta de libertad, etc. (Canon 1323, del Código de Derecho Canónico). Otros factores pueden disminuir la culpa, como el uso imperfecto de la razón e ignorancia de la pena envuelta por la violación (1324.3).
l Efectos de la excomunión. El más notable es la exclusión de la recepción o administración de los Sacramentos, incluso de la Confesión, ya que no puede haber reconciliación de algunos pecados mientras no hay arrepentimiento de uno que sea mortal (Cf. Canon 1331.1.2). Lamentablemente, y con frecuencia, personas que han incurrido en excomunión automática continúan recibiendo los Sacramentos sin arrepentirse. Éstos cometen un sacrilegio, y quien les aconseja a continuar en el error está encerrándolos en el pecado. Los excomulgados no pueden ser padrinos ni participar activamente en la vida de la Iglesia.
l¿Quiénes pueden ser excomulgados?
Sólo los fieles católicos que cometen un grave delito que, según la Ley de la Iglesia, amerita esta gravísima pena.
l¿Qué es excomunión latae
sententiae?
Se aplica cuando se lleva a cabo el delito; no necesita una declaración pública, pues procede en el mismo acto.
l ¿La excomunión es lo mismo que la condenación eterna?
No. La excomunión ciertamente pone en peligro mortal al alma del excomulgado, pero en realidad la excomunión tiene un sentido de misericordia. Es una forma en que la Iglesia hace ver al fiel cristiano la gravedad del delito que ha cometido, tan grave, que al cometerlo se ha excluido de la comunidad eclesial. Pero la excomunión no es irreparable, si el fiel cristiano toma conciencia de la gravedad del delito, se arrepiente, da muestras sinceras de este arrepentimiento y pide volver al seno de la Iglesia. El Obispo del lugar puede levantarle la excomunión y la persona puede volver a ser recibida en la comunión de la Iglesia.
Pese a todo, hay que perdonar Manifiesta violencia contra la Iglesia
Sergio Estrada González
México, D.F.
Hace algunas semanas, la Iglesia Catedral de la Diócesis de Culiacán, Sinaloa, fue objeto de actos vandálicos que culminaron en la destrucción de imágenes que son sagradas para la fe católica. En este sentido, Monseñor Víctor René Rodríguez Gómez, Obispo Auxiliar de la Diócesis de Texcoco, en su carácter de Secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, CEM, expresó su sentir propio, al igual que el de los Obispos del país, por estos hechos que han tocado las fibras sensibles de los católicos en nuestra Patria.
-¿Cuál es su opinión en torno a los sucesos de violencia en la Iglesia Catedral de Culiacán?
-Los signos sagrados de los templos y de los hogares son importantes para la expresión de la fe, y cualquier agresión a las imágenes es una agresión a la sensibilidad del pueblo católico, no sólo de Culiacán, sino de toda la Iglesia; creyentes y gentes de buena voluntad. Estas acciones son expresiones de intolerancia, de alguien con resentimientos para la Sociedad y sus familias. Hoy, nuestra fe está a prueba ante las distintas manifestaciones agresivas. Mas, lo primero es perdonar, y ya las Autoridades Civiles harán su labor para salvaguardar el patrimonio cultural.
-¿Cómo podría presentarse esta situación para los fieles, y qué estarían dispuestos a hacer?
-Estas agresiones a los sentimientos de la fe del pueblo católico hay que verlas con serenidad. Yo, como cristiano católico, como Obispo, y como Secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, lo primero que intento es comprender a quienes sufren conflictos interiores que los inducen a determinar reacciones de esta índole; en segundo lugar, como dije, hay que perdonar. No hay resentimientos de nuestra parte, y no podemos obstaculizar las labores de las Autoridades para salvaguardar el patrimonio del país.
Se hace una invitación a las personas con estas situaciones a reflexionar, analizar y considerar que debemos convivir en un clima de respeto a todos y en un ambiente de comprensión a las distintas expresiones de la fe. Lo que nuestra Nación necesita son oportunidades de reconciliación. Todos debemos compartir el ideal de un México mejor, y debemos empeñarnos en construirlo.
-¿ A los agresores, podría considerárseles como enemigos de la Iglesia?
-No se les puede catalogar así, porque debe haber distintas motivaciones que pudieran incitarlos. Nosotros, los fieles católicos, los sentimos como una agresión a la Iglesia, pero no sabemos, en realidad, sus profundas causas. En algunos casos, quienes realizan estas acciones son inconscientes; lo hacen bajo el influjo de drogas o de alcohol, y no puede considerárseles como enemigos de la Iglesia. Son personas desadaptadas que tienen conflictos interiores y que los expresan como reacción contra todo tipo de autoridades.
-¿La CEM apoyará al Obispo de Culiacán, Jonás Guerrero Corona?
-Monseñor Jonás Guerrero es un Obispo que forma parte de la CEM, así como la Iglesia de Culiacán es parte de la Iglesia en México. A través de la solidaridad, apoyaremos las iniciativas de paz y reconciliación, así como brindaremos respaldo a las Autoridades para que cumplan con su deber.
-¿Cuál es su opinión en torno al hurto de las imágenes sagradas de la Iglesia?
-En México tenemos un inmenso patrimonio religioso-cultural y, lamentablemente, se roban las piezas buscando sólo el lucro material, pues hay quienes, en afán de poseer estas reliquias como propiedad privada, propician delitos en este sentido, principalmente en el Centro y Sur del país, donde abundan las imágenes y pinturas que, además del valor religioso, tienen un alto valor artístico e histórico. Sin embargo, en algunas ocasiones hay quienes, llevados por un fanatismo antirreligioso, las destruyen.
Un llamado a todos
El Secretario General y Vocero del Colegio de Obispos Mexicanos terminó diciendo: “Exhortamos a los fieles católicos a tener más cuidado con los lugares sagrados; además, a adquirir una formación continua para que no sea solamente la devoción, sino la Palabra de Dios la que ilumine las prácticas religiosas, a fin de construir la paz y la armonía en la República”.
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