Jacob, Jacobo, Santiago, el Santo “de a caballo”
Publicado en web el 19 de julio, 2012Por el 25 de julio
Lic. Helia García Pérez
Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía Guadalajara.
Jacob o Jacobo fue, durante milenios, uno de los nombres preferidos por los judíos, y de ahí que, entre los Doce Apóstoles de Jesús, hubiese dos, llamados así: Jacobo el Menor y Jacobo el Mayor. Este último, hermano de San Juan Evangelista, e hijo del Zebedeo, llegó a ser uno de los discípulos predilectos de Nuestro Señor Jesucristo, quien los apodó “hijos del trueno”.
Según la tradición, San Jacobo el Mayor fue a España, y se le atribuyen muchos sucesos gloriosos en aquellas tierras ibéricas. A este Apóstol, el primer discípulo de Cristo que evangelizó el país, los hispanos lo proclamaron Patrono de España. El vocablo “Sancte Jacobe” se contrajo en “Santi Yagüe”, y más tarde se convirtió en Santiago. Los tres nombres fueron gritos de guerra de los españoles, desde la época de la reconquista, para invocar a su Patrono al romper la batalla. En Italia existe el apellido Santiaggi, que es, evidentemente, un plural del nominativo Santiago. Acaso se deba a un apodo de algún peregrino medieval italiano que se fue de romería a Santiago de Compostela, como tantos otros de sus compatriotas.
Devoción y tradición
A la muerte del Apóstol Santiago, ocurrida por martirio en Jerusalén, sus restos, traídos a España por sus discípulos, y colocados en un sepulcro de mármol, fueron enterrados en una pequeña Quinta de Galicia. Ahí descansaron, ignorados, más de siete siglos, hasta que, durante el reinado de Alfonso II, El Casto, una estrella milagrosa hizo que se descubriera la tumba del gran Santo. Corría el año de 813. El lugar fue llamado Campus Stellae, es decir, el campo de la estrella; hoy es Compostela.
La expresión “hacer Santiaguitos”, indica los escarceos de un jinete, no sé si muy diestro, que provoca o no puede dominar los caracoleos de su caballo, y que por su juventud, contento de la hora o por mala educación, se entrega a briosas cabriolas, tal vez en el momento menos oportuno. Más bien los novatos, que desean lucirse ante un concurso o delante de la muchacha de sus pensamientos, allá por la Plaza Mayor de cualquier pueblo, aprietan los talones por los ijares de la cabalgadura, y ésta se encabrita sin saber de qué se trata.
Herencia del nombre
El Príncipe heredero de la Corona de Tonallán (hoy Tonalá, Jalisco), al ser bautizado en 1530, tomó el nombre de Santiago en memoria del Apóstol, adoptando dos apellidos, el de su padrino, el Conquistador Diego Vázquez, y el de Palacio, porque le correspondía ser el heredero del Palacio Tonaltense.
Santiago ha sido uno de los Santos más festejados en México, desde el Siglo XVI, al grado de que más de 80 localidades llevan su nombre, y muchas más, sin denominarse así, lo tienen por Patrono en su Templo Parroquial, como la misma Tonalá y Ameca. Y, hoy en el Estado de Nayarit, Ixtlán del Río, y no se diga Santiago Ixcuintla. Además, el Río “Grande” se llama Santiago, proveniente del Lerma y que entra por La Barca, pero que cambia su nombre al salir por Ocotlán.
Es más, la Villa de Ocotlán, Jalisco, fue dedicada al Apóstol Santiago, y durante muchos años, en documentos posteriores a la dominación española, se le llamó Santiago de Ocotlán, según informan los historiadores J. Ignacio Dávila Garibi y Rafael Heliodoro Valle.
Señor Santiago, Santo Milagroso,
protege tú mi vida transitoria,
y así, cuando mi cuerpo esté en reposo,
llévate mi alma a la Divina Gloria.
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