23 de Julio de 2017
Año XX
No. 1068
| Varios | Edición:

Necesitamos más democracia

Publicado en web el 13 de Octubre, 2016

Menos de palabra

plebiscitoColombia

Dr. Jorge Enrique Rocha Quintero

Un nuevo debate se ha suscitado en espacios de la Opinión Pública e incluso entre Académicos, a propósito de los resultados del llamado Brexit en el Reino Unido, cuyos habitantes votaron por mantenerse o salirse de la Unión Europea, o del Plebiscito colombiano, que sometió a consideración de los ciudadanos del país andino si refrendaban los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En ambos casos, los resultados fueron sorpresivos, pues en el primero ganó la salida de la Unión Europea, y en el segundo, se impuso el “NO” a los Acuerdos.
Más allá de los resultados en sí mismos, lo que se comenzó a debatir giró alrededor de la pertinencia de someter a procesos democráticos este tipo de métodos, ya que desde el punto de vista de algunos analistas sociales, los efectos en ambos casos eran muy nocivos. Es más, incluso se puso a debate que la posibilidad de que un personaje como Donald Trump pudiera ser Presidente de Estados Unidos también plantea serios cuestionamientos a la democracia, ya que algunos exponían que la gente común no está preparada para decidir sobre asuntos tan trascendentes como un elemento clave de política económica o la posibilidad de firmar Acuerdos de Paz. Adicionalmente, en Colombia se criticó la poca participación de sus ciudadanos en este ejercicio.

Cuestión de análisis
Desde mi perspectiva, la salida “fácil” para explicar estos fenómenos es cuestionar la utilidad y los beneficios de la democracia, ya que con ello se prefiguran respuestas de corte autoritario, las cuales buscan acotar los espacios de decisión ciudadana so pretexto de que los habitantes no tienen los elementos ni las capacidades para realizar un buen discernimiento y actuar en consecuencia.
Lo que creo que en realidad cuestiona este tipo de resultados son dos asuntos que me parecen nodales: el primero es que las democracias representativas igualan a ésta con los procesos electorales que, a su vez, sólo “educan” a los ciudadanos a votar por un representante que luego decida por ellos sobre los asuntos públicos. La pedagogía política de este género de democracias solamente se circunscribe a que la ciudadanía aprenda a elegir entre las opciones ya planteadas. No se enseña a debatir y a optar por algo más; sólo forma para elegir a un candidato sobre otro. Luego de años de proceder de esta manera, por decreto, no puede pedirse que, de un día para otro, la ciudadanía esté totalmente preparada para realizar un ejercicio democrático responsable acerca de temas sobre los cuales jamás se le ha pedido su parecer.
Por otro lado, es muy curioso cómo la clase política y los versados y estudiosos de los asuntos públicos no acepten que los ciudadanos pueden equivocarse en una decisión de la que pagarán sus consecuencias, y que, seguramente, en el proceso venidero van a rectificar su forma de decidir. Si los políticos y los analistas se equivocan constantemente en sus decisiones y en su forma de explicar los fenómenos políticos, ¿por qué se resisten tanto a asumir los costos de las “equivocaciones” ciudadanas?
La democracia no se hace sólo leyendo artículos o recitando teorías que la explican. Desde esta óptica, la ciudadanía se reconstruye en el día a día, haciéndola en la vida cotidiana, aprendiendo a ser democráticos en cada proceso y en cada espacio, y asumiendo que los métodos sociales siempre tienen idas y vueltas, avances y retrocesos, y que la visión lineal y de progreso continuo sobre lo social nos traiciona cotidianamente al intentar comprender lo sociopolítico desde esta visión.
La democracia se enseña; pero, fundamentalmente, se practica, y quizá ésa sea la tarea más importante del día a día: fomentar en todos los espacios el que las decisiones se tomen de forma colectiva y democrática. Los ciudadanos no se constituyen porque cumplen 18 años, sino en la medida que tienen la posibilidad de decidir en la mayor parte de las esferas de sus vidas.
El camino no es acotar la democracia. La respuesta está en construir más y más democracia.

Correo electrónico:
jerqmex@hotmail.com

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