20 de Agosto de 2017
Año XX
No. 1072
| Cultural | Edición:

La poesía, fragilidad, sensibilidad y vida de un Sacerdote

Publicado en web el 12 de Agosto, 2017

Semblanza del Padre Carlos Ramírez Sahagún

cura rural EDIT

Nació en Jamay, Jalisco, lugar de donde han surgido muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, que llevan en sus venas el amor a Jesús, a su Iglesia. El pueblo mismo se siente orgulloso de todos los que deciden servir al Señor.

Carlos emprendió su camino al Sacerdocio, con gozo, con naturalidad y con orgullo. Como seminarista gozó de buena salud, sobresalió en el campo de la Literatura, al grado que un gran maestro de esta materia y poeta, el Padre Benjamín Sánchez, decía de Carlos, “es un estudiante seminarista con vena de poeta”.

Fue enviado a Roma a continuar sus estudios de Teología, en Italia, y de Literatura en España y en Francia. Retornando, ya ordenado Sacerdote, fue nombrado maestro de Literatura en el Seminario Menor, y también como Padre Espiritual de los seminaristas.

Padre

No pensó engendrar hijos. Circunstancia que, normalmente, se comprende, sin olvidar, menos despreciar, el compromiso, como todo Sacerdote, de ser célibe. Como era Profesor y Padre Espiritual en el Seminario, al enterarse de esta falla en su celibato, le aconsejaron que pensara su situación. Una lucha interior se desató en la vida del Padre Carlos, por amar su Ministerio en torno a la Eucaristía y, al mismo tiempo, lo que algunos señalan como descontrol emocional.

Muchos elementos se agolparon en su persona, que ya sufría los estragos de la enfermedad, y entristecieron su vida. Carlos Ramírez, de inimaginable sensibilidad, en esa soledad, fue dando tumbos en su vida, hasta acudir al alcohol. Se olvidó de sus poesías, de su capacidad de crearlas, al grado que cuando lo invité a recuperarse, una de las tres condiciones que le propuse fue la de volver a escribir poesías. 

Su respuesta fue espontánea y negativa: “¡Cómo que hacer poesías!, si ya tengo más de 30 años que he cortado con crear poesías”. Resalto también mi respuesta: “El que tú seas poeta, no es porque lo decidiste tú solamente, sino porque es regalo de Dios”. Fueron muchas poesías que hizo mientras estuvo con nosotros.

Volvió al Sacerdocio, humilde, al servicio de jóvenes con adicciones

Lo apoyaron en su reinserción a la vida sacerdotal el Cardenal Juan Sandoval, que fungía como pastor de la Arquidiócesis de Guadalajara. También, fuerte y vivamente, Monseñor Rafael Martínez. Además, con mucho cariño lo hizo el actual Arzobispo, el Cardenal José Francisco Robles.

La comunidad del Señor del Perdón lo aceptó como sacerdote, lo estimaron mucho y lo apoyaron en su trabajo en Casa Nazareth, donde vivió más de 8 años. Con frecuencia caminaba por las cuadras de esta Comunidad. Era amable con todas las personas, en especial con los ancianos y los enfermos. Se sentía feliz, y lo expresaba de una manera inaudita. Como que sus años de sufrimiento y el camino de su sanación, ayudaron a recuperar su vida sacerdotal.
Amó mucho a sus dos hijos y a su descendencia, pero ya como sacerdote. Ellos aceptaron también gozosos que recuperara su condición. Igualmente, sus familiares carnales con mucho entusiasmo se alegraron.

Su partida

El 28 de mayo, domingo de la Ascensión del Señor, fiesta de nuestra comunidad parroquial del Señor del Perdón, Carlos fue llamado para que descansara en el “regazo de Dios Padre”. El 8 de junio concluimos su novenario, día en que celebramos a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Ya habíamos participado Carlos y yo -varias veces- de esta celebración, en el Templo Expiatorio y, en la fiesta de Jesús, como el Sacerdote, en favor del ser humano.

Algo también muy significativo: cuando encontramos a Carlos, estaba postrado en su habitación, en el suelo, rostro en tierra, a la manera como a los que van a ser consagrados Sacerdotes se deben postrar. Signos que nos alegran, como señal de Dios, cuando lo consideramos, a Carlos, como el amigo, como el hermano.

Tal vez no hemos disfrutado de la realidad del Padre Carlos que, sea como sea, nos lo ha ofrecido nuestro Padre Bueno, Dios, en su Hijo Jesús, y por la luz del Espíritu Santo.

P. J. Jesús Madrid T.

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