17 de Junio de 2018
Año XX
No. 1115
| Editorial | Edición:

El quinto informe de Peña Nieto

Publicado en web el 9 de Septiembre, 2017

Jorge Rocha

El primero de septiembre, como marca la ley, el presidente Enrique Peña Nieto entregó su quinto informe de gobierno donde le muestra a la Nación, a través del Congreso de la Unión, el estado que guarda la administración pública federal.

Este informe reviste una particular importancia ya que es el último momento donde esta administración estará en el centro del debate. El próximo año ya habrá nuevo presidente electo y seguramente toda la opinión pública estará enfocada en la discusión de los proyectos futuros y en los procesos de entrega-recepción; por su parte el equipo de Peña Nieto tendrá como agendas prioritarias el proceso electoral que formalmente está por comenzar y el cierre de la actual administración.

El balance de esta gestión presidencial es negativo en general. En primer lugar, las promesas del Pacto por México y las mal llamadas reformas estructurales nunca llegaron. Las apuestas de Peña Nieto en esta materia fueron un fracaso y la economía del país no repuntó. Es cierto que en la última evaluación de Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dice que la pobreza tuvo una ligera baja en el país de 2014 a 2016 (de este tema hablaremos la semana próxima), pero si comparamos el inicio del sexenio con las últimas cifras, el país no mejoró prácticamente en nada. Las promesas y la ilusión de una economía boyante se las llevó el viento.

En materia de seguridad las cosas no son distintas. La herencia que dejó Felipe Calderón en este ámbito no se resolvió y la crisis de los desaparecidos y de las personas ejecutadas siguió en el país. No hubo ningún cambio sustantivo en las estrategias de combate a la delincuencia organizada y casos como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en el estado de Guerrero hasta ahora siguen sin resolverse. Esta sin duda es una de las agendas más urgentes en México y donde Peña Nieto indudablemente quedó a deber.

El problema de la corrupción empañó esta administración, los casos de Odebrecht y Pemex, la Casa Blanca, el socavón en la vía express a Cuernavaca y la permisividad con gobernadores como Duarte, Medina, Borge, entre otros, fueron un lastre para esta gestión, donde la voluntad política para tener avances claros en la materia estuvo ausente. Quizá como nunca la corrupción se salió de control y ante ello el presidente sólo señaló que era un problema cultural.

Otro de los asuntos que se convirtió en una crisis para el actual gobierno federal fue el arribo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. El magnate norteamericano se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para Peña Nieto y su equipo de gobierno, que hasta ahora no ha mostrado firmeza, claridad, capacidad de respuesta y una estrategia adecuada de negociación ante los embates del republicano. En este campo existe un riesgo muy alto de que la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte sea todavía menos favorable para México de lo que ahora es.

Parece que llegamos al ocaso de la presidencia con la mayor desaprobación en la historía contemporánea de México, donde ocho de cada diez reprueban al primer mandatario.

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