04 de Noviembre de 2018
Año XX
No. 1136
| Formación | Edición:

Para contemplar la Eucaristía

Publicado en web el 4 de Junio, 2018

Sergio Padilla Moreno

El pasado jueves 31 de mayo celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, conocida también como Corpus Christi, por lo que es muy buena razón para acercarnos a las obras que, desde la música clásica, se han hecho en honor al Sacramento de la Eucaristía.
En primer lugar, tomando en cuenta el criterio de antigüedad, podemos escuchar el Pange Lingua, (Canta, oh lengua) himno Eucarístico escrito por Santo Tomás de Aquino (1225-1274), uno de los más importantes e influyentes teólogos de la Iglesia Católica, quien se basó en unos versos del poeta latino Venancio Fortunato. Parte de este mismo himno es el canto Tantum Ergo Sacramentum (Veneremos, pues, tan grande Sacramento). Estas dos obras suelen ser incorporados en grabaciones discográficas que recogen los cantos gregorianos más conocidos.
Previo al Rito de la Comunión, en la liturgia eucarística católica se proclama el Angus Dei (Cordero de Dios), título muy antiguo para referirse al sacrificio redentor de Jesucristo. En el mundo de la música podemos referirnos a notables partituras de compositores que escribieron misas tomando en cuenta la liturgia latina, como fue el caso de J.S. Bach y W.A. Mozart. Este último escribió varias misas, entre las cuales destaca la Misa de la coronación (KV 317), en donde una de las partes más hermosas e inspiradas es precisamente el Angus Dei, cantada por voz de soprano. Otro Agnus Dei de especial belleza es el musicalizado a partir del Intermezzo de la suite L’ Arlesienne del compositor francés Georges Bizet (1838-1875). Un caso más es el profundo Angus Dei del compositor estadounidense Samuel Barber (1910-1981).
Dada su belleza, y aunque ya lo había presentado en esta columna, vuelvo a proponer la escucha atenta del motete Ave Verum corpus) una de las más inspiradas páginas salidas de la mente y el corazón creativo de Mozart. Fue compuesto en junio de 1791, prácticamente a seis meses de su muerte. Es una obra de alabanza a la humanidad y sacrificio de Cristo, escrita para coro, cuarteto de cuerdas y órgano. Desde los primeros compases, va surgiendo de la nada una tenue alabanza: “Salve al cuerpo verdadero, nacido de la Virgen María”. El resto de la obra se desarrolla en un clima de recogimiento y profunda contemplación, en medio de la más absoluta sencillez. Cuando se desvanece la última nota, deja al espíritu humano en oración; no se puede permanecer de otro modo al sentir esta música.
Finalmente, propongo la escucha de otro himno surgido de la pluma de santo Tomás de Aquino: el Panis Angelicus (Pan Angelical), en la versión musicalizada en 1872 por el compositor francés César Franck (1822-1890), para voz solista y acompañamiento orquestal.
[email protected]
Panis Angelicus – Juan Diego Flórez https://www.youtube.com/watch?v=LtxSY-lKS_M

Aprender y

enseñar a aprehender

José Andrés Guzmán Soto

Una de las maravillas de la naturaleza de los seres humanos es su capacidad de pensar  y más aún su capacidad de reflexionar lo que está pensando, lo que le da grandes ventajas a pesar de ser el más débil de los animales. A lo largo de la historia el ser humano ha sabido desarrollar diferentes habilidades y herramientas que le han permitido vivir mejor y construir su cultura su sociedad y su civilización. Por ello se le llama un ser inteligente.
A esa capacidad de pensar, de reflexionar, de comprender, de entender, de analizar se va desarrollando en todos los seres humanos desde su tierna infancia, se fortalece en su juventud y se consolidad en su madurez.
Sin embargo, diferentes circunstancias y factores de carácter genético, psicológico y social y diferentes determinantes emocionales durante su desarrollo, a veces ayudan o impiden  en pleno desarrollo de esta capacidad del espíritu. Como por ejemplo el vivir en una familia llena de tensiones, miedos, falta de afecto, en un ambiente frío y de confrontaciones afecta negativamente el poder desarrollar nuestras capacidades de aprehensión.
En otras ocasiones, son factores de carácter sociocultural los que influyen en la formación o deformación de nuestras inteligencias y emociones y traen como consecuencias la incapacidad de la reflexión, del análisis de la aprehensión y de la toma de decisiones adecuadas. El desarrollo de los medios de comunicación se ha convertido en factores determinantes de una forma de aprehender la realidad  mediada como si fuera la única verdad. Lo que hace que se vaya perdiendo esa capacidad de reflexión y de análisis y deje en manos de los dueños del poder informativo la interpretación de los acontecimientos.
La capacidad de aprehender significa el poder de interpretar la realidad y los signos de los tiempos con un espíritu de libertad, de dignidad humana y de solidaridad terrenal; el aprehender significa interpretar el sentido de la vida y de la existencia humana para hacer de ella más humana y llena de bienestar; el aprehender significa entender y comprender a los demás que comparten con nosotros esta parte de la historia humana y este momento de nuestro caminar hacia un mundo más justo y en paz; aprehender es estar abiertos a los acontecimientos para reinterpretarlos y recrearlos en beneficio de todos.
Hagamos de la vida un aprehendizaje abierto, libre, humano, trasformador de realidades y constructor de sueños. Hagamos del aprehendizaje una forma de vida en la sabiduría que engrandece el espíritu humano. Hagamos de la sabiduría un aprehendizaje constante en el amor a la verdad, para vivir en libertad.

4 buenos hábitos

que protegen el amor

en el matrimonio

Querida Lupita:
Tenemos 7 años de casados y sentimos una especie de desaliento. Mi esposa y yo queremos hacer algo antes de que sea demasiado tarde. Nos estamos ofendiendo cada vez con más frecuencia y empezamos a desconfiar del otro. Definitivamente no queremos seguir así. ¿Nos puedes hacer algunas recomendaciones?
Mariana y Juan J.

A Mariana, Juan,y a todos los matrimonios:
Existen cuatro grandes vicios que los diferentes estudios sobre la relación conyugal, arrojan. Son actitudes que destruyen el amor y que predicen el fracaso: celos enfermizos, crítica constante, control y ausencia de Dios.
Mi recomendación para cultivar el amor e impedir que se estanque es practicar las virtudes opuestas a dichos vicios.
Los celos se manifiestan en palabras que humillan y descalifican al otro al mostrar desconfianza. Lo opuesto sería confiar. Muestra a tu cónyuge que confías en él (ella), usa palabras de afirmación y dile con frecuencia que quieres ser feliz a su lado, que pretendes llegar al final de la vida enamorado y que pondrás lo mejor de tu parte para que así sea.
La crítica constante envía un mensaje claro al otro: No eres valioso para mí. Debes hacer exactamente lo contrario. Háblale de sus cualidades, de la parte luminosa que reconoces en él. Tu mensaje le dará motivación para ser mejor y pronto verás resultados muy positivos. La crítica hunde, las palabras de afirmación y confianza, edifican.
El control implica asfixiar al otro con tu vigilancia constante. El otro no actuará éticamente porque tú lo vigilas. Lo hará porque está enamorado. No pretendas hacer todo a tu manera, cuando lo haces así pierdes atractivo, te muestras como mamá o como patrón. Esto no es lo que el otro necesita en su cónyuge. Entre esposos debe existir el acuerdo de respetar la libertad del otro, darle espacios, valorar sus decisiones. Comprender que sus amigos o aficiones son parte importantes en el desarrollo de su salud emocional.
La falta de Dios crea grandes confusiones. Es imperante en nuestros días volver a Dios. Orar por el otro es lo mejor que podemos hacer para alimentar nuestro amor. Acudan a un retiro espiritual, frecuenten los sacramentos, no falten a Misa cada domingo.
Dios quiere la unidad, satanás divide y destruye. ¡Vuélvete al Dios que renueva el amor con poder!

Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegas

“El miedo es la actitud de un alma encarcelada, que no tiene libertad para mirar adelante, para crear algo, para hacer el bien…”
Papa Francisco
(Casa Santa Marta, Mayo 2015)

Fernando Díaz de Sandi Mora

El miedo es una emoción natural, herramienta de supervivencia presente en los genes del ser humano que le ayuda a ponerse a salvo en las situaciones de riesgo que pueden atentar contra su integridad física, mental, emocional o espiritual.
Vivimos en un ambiente en el que priva el miedo. Las noticias ofrecen un panorama que en muy poco ayudan a una cultura de paz y armonía entre la sociedad. Los niveles de inseguridad y violencia, las situaciones de empleos escasos y mal pagados, la constante amenaza de guerras en el extranjero, la inflación el bajo poder adquisitivo en nuestra sociedad son caldo de cultivo para promover el miedo “del malo”, el miedo que paraliza, que provoca egoísmo y avaricia, agresión y aislamiento.
El “miedo del malo” lejos de salvarnos de alguna amenaza real, nos pone en riesgo de perder nuestra esencia, nuestro ser individual, la capacidad de disfrutar de la vida, de realizarnos como personas, de ayudarnos y apoyarnos.
El miedo es un paralizante natural, te hace quedarte quieto, esconderte. Hay situaciones en la vida que nos exigen enfrentarlo. Hay temores que son oportunidades con disfraz de trabajo, esfuerzo o riesgo. Es nuestro reto enfrentarlos y quitarles la máscara para convertirlos en algo a favor y no algo en contra. Aquello que deseamos, todo eso en lo que creemos, debe estar por encima del miedo. Es normal sentir miedo, lo que no es normal es dejar que el miedo sea el que venza.
Por miedo a que el novio abandone a la chica, ella da  una “prueba de amor”. Por miedo a quedarse sola, una esposa soporta las golpizas del marido. Por miedo a que le llamen la atención o le “castiguen el celular” un adolescente, miente, engaña y falsea a sus padres. Por miedo a no poder dar lo necesario a los hijos los padres trabajan de sol a sol y tienen hijos con todos los lujos, pero sin padres. Por miedo, no exigimos nuestros derechos básicos a quienes nos gobiernan. Por miedo, somos creyentes “de closet” y con los amigos criticamos y hablamos pestes de nuestra iglesia.
Recuerdo en mis tiempos de secundaria, en medio de un ambiente hostil, me sentía muy seguro porque pronto me hice amigo de Miguel, “el Monster”, un tipo de complexión digna de respeto. ¿Cómo tener miedo si el más corpulento del grupo era mi “guarura” personal?
Con esta analogía, ¿Cómo tener miedo a cualquier cosa en la vida si Aquel que lo venció todo: Hambre, enfermedad, carencia, dolor, incluso la muerte está presente en mi vida?
Con Dios por delante, sé valiente y no permitas que el miedo te robe un instante más de vida.

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