16 de septiembre de 2018
Año XX
No. 1128
| Tema de la Semana | Edición:

Es momento… Decidir y Votar

Publicado en web el 3 de Julio, 2018

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La Carta Magna de nuestra patria consagra el derecho inalienable de todo ciudadano mexicano con uso de razón de votar y ser votado, lo que nos coloca a todos en una justa igualdad política, independientemente del origen étnico, lengua, cultura, religión, sexo, ideología, etc. Los derechos políticos son universales y, por tanto, no son privativos de una oligarquía o de un segmento muy reducido de la población. Ambos derechos son, pues, el fundamento de la democracia representativa y la consecuente participación activa de la ciudadanía.
El derecho a votar garantiza que cada ciudadano elija a aquellos que considere que pueden ser sus representantes  políticos y velen por los legítimos intereses de quienes representa. El derecho a ser votado garantiza la igualdad y la posibilidad misma de que, en una democracia, todas las personas puedan ejercer, conforme a sus cualidades, el ejercicio del gobierno.
Estos derechos políticos suponen una responsable participación ciudadana activa tanto en los procesos electorales como en la gobernanza, es decir, en el conjunto de relaciones entre gobierno y ciudadanía en la construcción de bien común, del estado de derecho y en la solución a  los problemas que apremian a la sociedad. Sin embargo, en la práctica de nuestra endeble democracia, pareciera que los ciudadanos, que no aspiramos a puestos de elección, sólo existimos para los políticos cuando piden nuestro voto; cuando han llegado al poder, simplemente somos “botados”, echados, pues nunca se nos pide opinión, se nos rinden cuentas, nos consultan… difícilmente atienden a nuestras peticiones, que muchas veces nacen de sus promesas de campaña.
La participación ciudadana es el eje de la democracia, por ello, la distancia entre gobierno y ciudadanía es una de las manifestaciones de que todavía nos falta mucho camino por recorrer. Pero a los políticos esta situación, tanto de apatía ciudadana como de desprecio de su parte a quienes representan, les parece convenir pues así pueden hacer de las suyas sin que nadie, excepto sus contrincantes políticos, les pidan cuentas y sólo con la intención de obtener beneficios partidistas. No permitamos ya que después de las elecciones nos boten, tenemos el derecho y la obligación de participar en el gobierno que elegimos, y este tiene la obligación de buscarnos y consultarnos para la toma de decisiones. Debemos apostar por una sana gobernanza.
Nuestra Patria debe despertar ya y levantarse de la apatía y del desinterés por el bien común. Como mexicanos, pero más como cristianos, somos responsables todos de la construcción del país que queremos y debemos jugar un papel protagónico. Es lamentable que los cristianos tengamos cada vez menos influencia en la gobernanza  y en la toma de decisiones; es contrario a nuestra fe el no impregnar de los valores perennes y universales del Evangelio (como la verdad, la justicia, la paz, la solidaridad, etc.) en la sociedad en la que vivimos, sin que caigamos tampoco en la tentación de un régimen de cristiandad, contrario al mismo Evangelio. ¡Votemos y no permitamos que nos boten!

Circo y maromas ante Comicios

José de Jesús Parada Tovar

Cabría decir que, de las más recientes Elecciones en los últimos 50 años en nuestro país, éstas de 2018 se vislumbran como las más reñidas, a la par que cuestionadas, onerosas y, curiosamente, quizá las de mayor afluencia de votantes, sobre todo por el alto componente de jóvenes.
Asimismo, se ostentan como muy competitivas, en razón de las fusiones, alianzas o componendas de todos los Partidos para abanderar candidatos comunes, sin importar, ni en lo más mínimo, la enorme disparidad y aun antagonismo de su particular historia, sus fundamentos, principios, ideología, proyectos y personajes protagonistas.
Se trata, en los casos de todos los Partidos-satélite o morralla, de “salvar el pellejo” obteniendo sufragios y porcentajes que les avale seguir con registro y vivir comodinamente del Presupuesto. Antes de asegurar su papel de zánganos, debieron entrarle al circo que convalida la Democracia y que ahora les permite efectuar machincuepas, cambiar de trapecio e incluso probar graciosadas de payaso mediante propuestas descabelladas y hasta risibles para el electorado y la Opinión Pública.
Desgraciadamente, ése es el panorama borroso, empañado e incierto que nos han dejado Administraciones voraces y corruptas en todos los niveles de Gobierno, así como el descrédito de políticos y de Partidos que sacrifican el bien común en aras del beneficio propio, traicionando origen, objetivos, marca, colores y discurso. Se calcula que más del 80% de los candidatos a puestos de elección popular militó en uno o más Partidos distintos.
¿Se vale Dios de los arrepentidos? ¡Quién sabe!, en esta coyuntura de semejante trascendencia nacional. Habría que calibrar la veracidad del dolor de sus faltas anteriores y de su real propósito de enmienda, tan maquillados en su propaganda y en los Debates.
Por lo pronto, llegados el plazo y la fecha, hay que cumplir con compromiso cívico e ir a las urnas. Hubo tiempo y formas para razonar la selección y no resta sino hacerlo con libertad, patriotismo y esperanza; es decir, sin desesperanza, resignación o claudicación; mucho menos a la hora de, posteriormente, vigilar con atención y exigir con firmeza. Ya nuestros hermanos wirraritari nos pusieron previamente la muestra.

Después
de la
fiesta electoral

Román Ramírez Carrillo

¿Qué hacer después de las elecciones? Indudablemente, tenemos la necesidad de fortalecer la participación ciudadana como una forma de ampliar la democracia local y cotidiana. La clase política tendrá que reflexionar sobre la dinámica actual de los ciudadanos y entender sus exigencias. Están reclamando más espacios de participación y quieren cogobernar.
Hoy, más que nunca, las políticas públicas que diseñen los nuevos equipos de gobierno, tanto del ejecutivo federal, como el estatal, el municipal, y los legisladores, tendrán que incidir en la participación ciudadana y sustentarse en un alto desarrollo de la cultura de diálogo.
En las democracias participativas, los ciudadanos organizados se involucran en temas como la rendición de cuentas, la transparencia, la lucha contra la corrupción, contra la inseguridad, en el cuidado del medio ambiente, en la defensa de la dignidad humana, de los derechos humanos, de los migrantes, etcétera.
En los primeros 100 días de gobierno, debemos analizar y discernir críticamente el desempeño de los políticos en funciones, sobre todo los más cercanos, el gobernador, los munícipes, el diputado local y el federal, para formar colectivamente una opinión informada, pero también respetuosa de las diferencias entre los miembros de la comunidad.
A nivel de la comunidad parroquial, en el barrio o en la colonia, se pueden  establecer acuerdos de buena vecindad entre los habitantes de un sector o barrio donde se establezcan reglas mínimas de cordialidad y convivencia como limpieza de las banquetas, mantenimiento de árboles, el uso de los espacios para estacionamiento en las calles, normas para la realización de fiestas, manejo de la basura, alumbrado de las casas, etcétera.
Si los nuevos funcionarios son sensibles, a las demandas de participación ciudadana y son parte parte esencial de las agendas del gobernador, de los alcaldes y los legisladores, se dará un aumento de la confianza social en las instituciones públicas para los proyectos a corto, mediano y largo plazo; un alto nivel de legitimidad social y un impacto favorable en el desempeño del sistema democrático.

Gracias al Mundial,
votando…

Alfredo Magaña Cárdenas

Como el deporte, según mi punto de vista, ha sido algo importante en el transcurrir de la vida. Cuando nuestro editor me menciono las palabras libertad y esperanza para hacer este comentario respecto a las votaciones, no pude menos que ligar con el deporte, lo que ha sido un cimiento importante para aguantar tantos y tantos “movimientos telúricos” que los políticos de nuestro país nos han causado a todo el pueblo, y se han “sacrificado”, dizque para lograr entender todas las vicisitudes que pasamos para sobrevivir  en estos y otros pretéritos tiempos gracias a sus habilidades insuperables para hacer crecer la corrupción y lograr sus oscuros objetivos, sin importar el daño que día a día lo vuelven habito y lo que es peor, lo justifican en época de elecciones.
Creo que afortunadamente el mundial de futbol, que “roba” la atención a esas campañas que tratan de influir y tratan de evitar que el ciudadano tenga esa libertad para con esperanza poder elegir a quien primero piense en el bien para nuestro país, y pueda empezar a darle vuelta a tantas y tantas cosas que ya hasta se nos están olvidando.
Acuérdese que debemos ejercer nuestro voto con toda libertad para que nuestra esperanza se solidifique y nuestros hijos puedan disfrutar de un país sin esos políticos que no saben o se “hacen”, de la responsabilidad de vivir al servicio del país. La verdad nos hace libres.

Más allá del
1 de julio

Juan Carlos Núñez Bustillos

Las próximas elecciones serán un momento clave que definirá aspectos importantes en la vida de nuestro país. Por ello hay que valorar y analizar críticamente, con la mayor profundidad posible, las diversas opciones.
Pero pensar que ese momento es el único en que debemos o podemos participar en los asuntos públicos de nuestras comunidades, es un grave error. Cuando limitamos nuestro actuar como ciudadanos a votar cada tres o seis años debilitamos a la democracia y fortalecemos a los malos políticos.
Ellos lo saben bien. Se acercan en tiempo de elecciones a la gente y luego le dan la espalda. En las campañas prometen la luna y las estrellas. Cuando llegan al poder no cumplen. Lo sabemos, lo hemos padecido durante muchos años. Por igual de unos y otros partidos. Lo hacen con más facilidad cuando nos “desentendemos” de ellos.
Justamente por eso no deberíamos limitar nuestro actuar ciudadano a votar. Alguien decía que la política es tan importante que no podemos dejarla en manos de los políticos profesionales.
Los ciudadanos, si realmente nos consideramos así, tendríamos que ser políticos en el mejor sentido de la palabra. No necesariamente militantes de los partidos, sino personas interesadas y participativas en los asuntos públicos que, justamente por ser públicos, nos atañen.
Después de las elecciones la vida seguirá, con mejores o peores gobiernos. Habrá que levantarse para ir a trabajar, para ir a estudiar y ojalá para informarnos, para exigir, para expresarnos, para proponer, para vincularnos con otras personas, para, finalmente, participar en los asuntos de nuestras comunidades.

Pbro. Ángel Luis Lorente*

ELECCIONES (3)70426151

Estas elecciones nos plantean a todos los mexicanos serias responsabilidades políticas y morales. De las urnas han de salir, el presidente, los gobernadores, alcaldes, legisladores y los equipos de gobierno que convertirán las normas de la Constitución en leyes y medidas concretas. Su labor pondrá en juego muchas veces principios ideológicos que sobrepasan lo estrictamente político y que conformarán la vida colectiva en materias de suma importancia. En cuanto a los comicios municipales, de ellos dependerá la aplicación más directa de tales ideologías, así como el buen orden y el progreso material de muchos pueblos y ciudades del país.
Como Iglesia hemos procurado siempre iluminar la conciencia de nuestro pueblo, respetando su libertad de voto y manteniendo a la Iglesia independiente de toda opción de partido. Sólo con ofrecer el mensaje del Evangelio creemos prestar un servicio a la dignificación del hombre y a la construcción moral de la sociedad.
Pero quisiera evitar también que se malentienda la independencia de la Iglesia, la cual no puede ser indiferente ante el destino de nuestro pueblo; no se siente neutral ante las posibles amenazas contra los valores éticos o los derechos humanos; no reduce el mensaje cristiano a la vida privada, sino que proclama el Evangelio como fermento inspirador de la sociedad y de sus estructuras.
En función de este deber, queremos recordar brevemente algunos criterios básicos para formar la conciencia de los votantes, especialmente de aquellos que quieren actuar como católicos responsables, así como señalar el grave deber que todos tenemos de acudir a las urnas este domingo.
Al respecto, nos recordaba el Concilio Vaticano II: “Los fieles aprendan a distinguir con cuidado los derechos y deberes que les conciernen por su pertenencia a la Iglesia y los que les competen en cuanto miembros de la sociedad humana. Esfuércense en conciliarlos entre sí, teniendo presente que en cualquier asunto temporal deben guiarse por la conciencia cristiana… En nuestro tiempo es sumamente necesario que esta distinción y simultánea armonía resalte con suma claridad en la actuación de los fieles…” (LG n. 36; cf. LG n. 34).
Por todo ello, invito a todos a:
1.- Ciertamente, el voto es siempre un Derecho, pero en las presentes circunstancias, considero indiscutible el “deber de votar”. Sólo razones graves y bien fundamentadas podrían excusar de esta obligación.
2.- Para que el voto sea honesto y responsable ha de tener muy en cuenta el programa de partido al que apoya, la ideología que lo sustenta y las personas que lo encarnan.
3.- El voto supone un juicio valorativo de esos factores y de las circunstancias que concurren. Es una decisión regulada por la virtud de la prudencia, ya que no siempre es posible coincidir en todos los puntos programáticos con el partido que se vota. Pero cuando en el programa figuran compromisos ideológicos u operativos que afectan a valores religiosos o a derechos humanos fundamentales, el creyente que acude a las urnas está obligado en conciencia a obrar coherentemente con su fe.
4.- Este deber es manifiesto si el voto lleva consigo la adhesión a ideologías y modelos totalitarios de sociedad o a la violencia como método político.
5.- De cara a estas elecciones, nos debe preocupar particularmente el propósito de legislar contra principios fundamentales de la persona como son la Vida y la Familia, que figuran en algunos programas. He aquí un caso típico de colisión entre política y conciencia cristiana, no provocada ciertamente por esta última. Tal puede ocurrir también con una ordenación educativa que coartará el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que debe darse a sus hijos.
6.- Debe valorarse rigurosamente en los programas de los partidos su sinceridad, energía y competencia para afrontar las grandes lacras sociales de nuestro país: la inseguridad, la corrupción y la impunidad, la pobreza extrema y las grandes desigualdades sociales, el trabajo informal y los salarios precarios, la emigración, la moralidad pública, etc… Como cristianos, nosotros no podemos evadirnos de la opción de la Iglesia por la causa de la justicia en el mundo.
7.- Por último, recordemos que la responsabilidad del ciudadano no se agota en las urnas. Le sigue obligando a ejercer el sentido crítico durante la actuación de sus representantes, los cuales han de ser fieles a su programa electoral. Ni la disciplina de partido ni otros condicionamientos políticos pueden legitimar su apoyo –hablamos de católicos– a leyes o actuaciones contrarias a la moral cristiana o a la doctrina social de la Iglesia, que es parte de esa moral.
Pido a Dios que hoy y siempre siga creciendo en nuestra Patria la concordia entre personas, pueblos y grupos políticos; y deseamos una acción legislativa y de gobierno que asegure la paz ciudadana, elimine las injusticias sociales y promueva los más altos valores del hombre y de la sociedad.

*Asistente eclesiástico
de ACN-México

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