14 de Octubre de 2018
Año XX
No. 1132
| Cultural | Edición:

Fray Antonio Alcalde, intercesión que devuelve vida y esperanza

Publicado en web el 13 de Agosto, 2018

Rebeca Ortega Camacho
Fotos: Luis Daniel Tadeo Velázquez

Fue la tarde del viernes 21 de julio de 2017, cuando Juan Pablo Esquivias Lechuga, de 27 años, Licenciado en Negocios Internacionales, esposo y padre de dos hijos (Sofía y Juan Pablo), salió de su negocio (ubicado en calle Gómez Farías y la 60, Medrano), para ir a recoger a sus hijos; apenas había recorrido dos cuadras cuando ocurrió un terrible accidente.
Cruzaba las calles Gómez Farías y la 56, cuando por la imprudencia de un conductor que se pasó el alto, impactó el coche de Juan Pablo, haciendo que él saliera disparado por la ventana del copiloto y derrapando en el pavimento. Testigos de los hechos, en su momento confirmaron que la culpa fue del conductor de la camioneta que se pasó la señal de alto.
Desde ese momento, Juan Pablo quedó inconsciente. Los paramédicos arribaron al accidente y proporcionaron los primeros auxilios y lo trasladaron a la Cruz Verde Medrano. “Yo llegué cuando ya estaba en la Cruz Verde. Para mí, ellos (paramédicos) también fueron sus ángeles, él no tenía signos vitales, ellos le dieron los primeros auxilios para llevarlo a la Cruz Verde que estaba a dos cuadras”, señaló la señora María Eugenia Lechuga Ramírez, mamá de Juan Pablo.
Uno de los primeros familiares en arribar a la escena del accidente fue Bertha Berenice Gómez Camacho, tía de Juan Pablo. En el lugar de los hechos encontró sus pertenencias regadas en el asfalto y al autor del choque negociando para salir libre de su responsabilidad.
“Yo estaba en el Hospital Ángeles del Carmen, porque llevé a mi mamá a consulta y me marcó mi hermano y me dijo: ‘acaba de tener un accidente Pablo’. Me mandó una foto del carro desbaratado… Al llegar, le recogí todas sus cosas, empezó a llover y todo mojado… Él (Juan Pablo) ya no estaba ahí, se lo habían llevado en la ambulancia a la Cruz Verde Medrano. Cuando llegué (a la Cruz Verde), me dicen: ‘A él no lo van a atender hasta que el del seguro del otro carro autorice’; y el del seguro del otro carro haciendo negocio con los otros”, relató Berenice Gómez.

Juan Pablo y su tia_FotoDaniel

En busca de la mejor atención
Juan Pablo fue entubado y le hicieron una tomografía. Un médico, amigo de Berenice Gómez, se hizo responsable para trasladar al joven al Hospital Ángeles del Carmen; después de seis horas, aproximadamente a las 11 de la noche del mismo día, fue trasladado.
En el nosocomio, el joven estuvo en terapia intensiva; los médicos decían “que si vivía iba a quedar como vegetal, que no había posibilidades de nada”, refieren la madre y tía de Juan Pablo. “Era daño de tallo, la doctora me explicó que era como los globos que tienen hilos, a él le cortaron todos los hilos. En pocas palabras, él iba a quedar inhabilitado de todas sus funciones y capacidades, ese era el diagnóstico. Los doctores, todos decían que no había probabilidades de nada”.
El 28 de julio, el mismo médico que ayudó a su traslado, proporcionó los medios para trasladarlo al Centro Médico de Occidente. Su estado de salud empeoró y unos días después le declararon muerte cerebral y solicitaron a la familia que donaran sus órganos.
Berenice Gómez, compartió las palabras que intercambió con el médico de Juan Pablo. “En el Centro Médico, como el doctor era mi amigo, me dijo que ya le habían avisado a su esposa que acababa de tener muerte cerebral y que se iban a donar los órganos. Le dije: ‘no se van a donar’; me dijo: ‘sí, si se van a donar, porque él es sano, está joven, puede vivir en otra persona, no seas envidiosa’. Le dije: ‘pero yo quiero salvar la de él, Dios nos va a hacer el milagro’. Me dijo: ‘si ya tiene muerte cerebral, no hay nada que se pueda hacer por él’. – Finalmente le dijo-: ‘Medicamente hasta aquí llegó su límite, si ustedes ya no pueden, voy con Dios, porque para Él no hay límites’”.

Juan Pablo y su mama 2_FotoDaniel

Intercesión de Fray Antonio Alcalde
La tía de Juan Pablo, Berenice, siempre ayuda en las flores los días 11 y 12 de Diciembre en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. El 6 de agosto de 2017, se le pidió ayudar en un desayuno que se ofrecería al día siguiente en la parroquia, con motivo del 225° Aniversario Luctuoso del Siervo de Dios Fray Antonio Alcalde y Barriga.
El lunes 7 de agosto, muy temprano ayudó en el desayuno; después, dentro del templo, Berenice estuvo llorando por la situación de su sobrino. Martha Vallejo, coordinadora del grupo “Amigos de Fray Antonio Alcalde”, la vio y le dijo: ‘ve y tócale fuerte, levántalo, dile que interceda para que Dios te haga el milagro. Es un papá joven, con hijos que lo necesitan’; y le obsequió una medalla del Fraile de la Calavera, que en el reverso portaba una reliquia del Siervo de Dios. “Yo le dije: ‘tengo fe, siento que él me va a ayudar’”.
En medio de sollozos e hincada frente a la lápida de Fray Antonio Alcalde, que ese día fue inaugurada, imploró la intercesión del mayor benefactor de Guadalajara. “Traía la medalla y le empecé a tocar (en la lápida) y le dije que, si él me ayudaba, yo venía y le traía lo que me pidiera’. De la parroquia me fui al hospital y cuando llegué ya empezó a reaccionar”. Además, ese día pidió a todos sus familiares que hicieran oración por Juan Pablo y envió la estampita y oración del Siervo de Dios a sus contactos. “Después, como a los tres días, el doctor me dice: ‘No me digas nada. Ya empezó a reaccionar tu sobrino, tu fe lo salvó. Fuiste y pediste bien; ahora pide para que se mejore y quede bien’”, señaló Berenice Gómez y añadió que aquella medallita de Fray Antonio estuvo con Juan Pablo durante su estancia en el hospital y los primeros meses de su recuperación.
Dos meses y una semana después, a finales de septiembre de 2017, Juan Pablo salió del coma. Su recuperación sorprendió a los médicos. “Todavía tiene limitaciones. Camina despacio, arrastra la lengua; pero para los diagnósticos que ellos daban, yo digo que él ha logrado mucho. Decían que iba a quedar en estado vegetativo y si es que despertaba. Para el daño que él tuvo, se despertó demasiado pronto… – A la fecha – está en terapia de rehabilitación. El neurólogo del seguro, ya lo dio de alta. Ellos siguen diciendo que lo que ha logrado ha sido hasta aquí solamente, ya no va a avanzar más; pero yo veo que día con día hay mejoría”, señaló María Eugenia Lechuga.
Actualmente, Juan Pablo vive con sus padres, su mamá lo atiende. Él afirma que no tiene noción de su accidente y que “Dios da la fuerza a uno”. Por su parte, su progenitora, señaló que la memoria a corto plazo de su hijo todavía falla mucho; pero sus recuerdos pasados están intactos. Además, ya camina sin necesitar ayuda, se puede asear sólo, realiza algunas actividades en el hogar y en ciertas ocasiones cuida de sus hijos. También, entiende muy bien todo lo que se le pregunta, lee, escribe, suma, resta, divide…, su mejoría es evidente, a más de un año del percance que cambió su vida.

En busca de más testimonios
El señor Cura José Guadalupe Dueñas Gómez, párroco del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y actor de la causa de Canonización de Fray Antonio Alcalde y el Presbítero Tomás de Híjar Ornelas, postulador de la causa, convocaron el pasado 2 de agosto a los protagonistas del testimonio para hablar con ellos sobre los hechos acontecidos hace más de un año.
“Tenemos varios testimonios acerca de personas que han acudido a Fray Antonio Alcalde pidiendo un favor, pero este es el más evidente, el más clamoroso, el más notable. No se trata todavía de que iniciemos un proceso para hablar de un milagro, pero sí de que sentemos las bases. Por lo general para que este tipo de procesos tengan un seguimiento exitoso se necesita que haya un tiempo razonable entre el accidente y la rehabilitación, se dan cinco años para que después se puedan ver los resultados”, explicó el Padre Tomás de Híjar a Juan Pablo y sus familiares. También, les pidió reunir todos los análisis y diagnósticos; además, de escribir su testimonio y colocarlo a un lado de la lápida de Fray Antonio Alcalde.
Finalmente, Martha Vallejo, exhortó a todos los que han recibido algún favor de parte del Fraile de la Calavera, a llevar su testimonio al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (De lunes a viernes de las 9 a las 14 horas y de las 17 a las 19 horas en la notaría. Sábados y domingos dejarlo en el templo, a un costado de la lápida de Fray Antonio Alcalde).

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