02 de Diciembre de 2018
Año XX
No. 1139
| Cultural | Edición:

El Himno Nacional

Publicado en web el 17 de Septiembre, 2018

Sergio Padilla Moreno

A partir del magnífico estudio del coronel Manuel Pacheco Moreno, publicado en Editorial Jus en 1956, propongo asomarnos a la historia de nuestro Himno Nacional, considerado como uno de los más hermosos del mundo.
En el México independiente ya se habían hecho algunas composiciones a manera de himno de la naciente nación: en 1821 de los maestros Torrescano y José María Garmendia, y en 1850 de Carlos Bochsa, por mencionar algunos intentos, de los cuales ninguno trascendió. Fue hasta 1853, durante uno de tantos periodos presididos por Antonio López de Santa Anna, justo en los tiempos posteriores al doloroso y penoso conflicto bélico con Estados Unidos (1846 y 1848), que Miguel Lerdo de Tejada, Ministro de Fomento, convocó a la realización de una “composición poética” que pudiera ser base del himno. El jurado estuvo integrado por Bernardo Couto, Manuel Carpio y José J. Pezado.
Como respuesta a la convocatoria se presentaron veintisiete composiciones poéticas bajo seudónimo, siendo elegida como vencedora, el 3 de febrero de 1854, la del poeta potosino Francisco González Bocanegra (1824-1861). Se dice que González fue encerrado por su novia, Guadalupe González, para forzarlo a escribir los versos para el himno, ya que él se resistió en primera instancia a presentarse al concurso. Una vez definidos los versos, se convocó a los compositores para musicalizarlos, también mediante concurso con seudónimo. A través de un dictamen oficial, expedido el 12 de agosto de 1854, se declaró vencedor la composición del músico catalán Jaime Nunó (1824-1908), quien meses antes había invitado por Santa Anna como responsable de las bandas militares de México, concediéndole además el grado de Capitán del Ejército Mexicano.
El estreno oficial del Himno Nacional se hizo el 16 de septiembre de 1854 -aunque ya se había entonado el día anterior, pero sin la presencia del Presidente- en el Gran Teatro de Santa Anna, renombrado después como Teatro Nacional, que estaba entonces en donde hoy está en el cruce de las calles de Bolívar y 5 de Mayo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Dice Manuel Pacheco: “Al oírse las notas del canto marcial, cuando tuvieron su máxima expresión, el Presidente de la República, Don Antonio López de Santa Anna, seguido por todo el público saltó de su sitio, y de pie escucharon las diez estrofas del Canto de la Patria. En el recinto estaban también los supervivientes que lucharon en la defensa de México contra la invasión de 1846-1948, allí estaban las madres y las novias de los héroes inmortales de Chapultepec y de Churubusco, de Padierna y de tantos sitios en que la heroicidad salvó el honor de México.” El éxito del nuevo Himno Nacional fue apoteósico y hoy en día sigue nos sigue emocionando cuando es entonado en México y el mundo.

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Himno Nacional Mexicano |
Orquesta Sinfónica del IPN
https://www.youtube.com/watch?v=q5yVxsj5MRA

Iglesia,
precursora de Independencia

Sergio Estrada

Es indiscutible que la Iglesia, conformada por fieles y pastores, fue precursora y participante en el movimiento de independencia que, sin embargo, fue motivo de división entre quienes querían la lucha y los que no, porque debían canonjías y lealtad al rey de España.
“Debido a las vejaciones que sufrían los habitantes de esta tierra, el alto y el bajo clero conformado por sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles de todas las latitudes lideraron el movimiento de independencia con una gran conciencia social, pidiendo justicia e igualdad social el 15 de septiembre de 1810 y durante una guerra de once años, consumándose el movimiento liberal en 1821”, destacó el Dr. en Historia de la Iglesia, Pbro. Juan Carlos Casas, académico de la Universidad Pontifica de México.
Asimismo, muchos rechazaban este movimiento porque era una guerra fratricida. No solo era luchar en contra de los españoles; la guerra fue sangrienta durante 11 años con la participación de criollos, mestizos, novohispanos y parte del clero.

La imagen de la Virgen
de Guadalupe símbolo
de identidad
Dentro de las muchas devociones que había en el virreinato, la de la Virgen de Guadalupe se fue difundiendo poco a poco y se convirtió en símbolo de identidad y unión de los novohispanos.
“No es histórico que el cura Miguel Hidalgo haya tomado el estandarte de la Virgen en Atotonilco. Lo que se sabe es que los insurgentes mandaron poner en sus sombreros esta imagen, porque los jesuitas ya habían difundido la imagen de la Virgen como identidad. La Virgen significa la identidad de un pueblo y fue importante identificarla en los años que duró la guerra de independencia, también los insurgentes contaban con su propia imagen que era la Virgen de los Remedios”, explicó el Padre Casas.

¿La liberación fue de los españoles?
“Por las fuentes históricas no se sabe con exactitud que llamado se haya tenido en la madrugada del 15 de septiembre de 1810; sólo se sabe que lo que los insurgentes querían la emancipación española. Se ha dicho que Hidalgo llamó a los feligreses a tomar las armas contra el mal gobierno, pero en esos momentos hubieron reformas significativas en la administración pública por parte de España y a la vez se dio la invasión napoleónica al país iberoamericano”, reveló el también Director del Departamento de Historia Eclesiástica.
La Revolución Francesa representaba una situación contraria a la religión que había perseguido a la Iglesia, y Napoleón ya había impuesto a su hermano en lugar del rey español por eso se exaltó el grito de: “Viva Fernando VII, muera el mal gobierno”, refiriéndose a la dominación francesa contra España.
Con las causas de la defensa de la fe, la Iglesia, los derechos y la justicia social comenzó originalmente la guerra de independencia no por el dominio español, sino francés como una amenaza inminente.
“La Iglesia debe estar comprometida con el ser humano, con su fe, su bienestar y su libertad y muchos fieles y clérigos dieron su vida por la libertad de los novohispanos-mexicanos, sin embargo, siguen habiendo esclavitudes discriminación, desigualdad, injusticia, Vivimos en un neoliberalismo desigual y se debe hacer presente el reino de Dios entre nosotros y buscar la libertad material y espiritual de los males que nos aquejan y eso es tarea de todos”, concluyó el Padre Casas.

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