02 de Diciembre de 2018
Año XX
No. 1141
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Ocaso de un sexenio e inicio de una nueva etapa

Publicado en web el 12 de Diciembre, 2018

Jorge Rocha

Terminaron seis años del gobierno federal que tuvo la mayor desaprobación ciudadana hacia un primer mandatario en varias décadas. Ni Ernesto Zedillo, ni Vicente Fox, ni Felipe Calderón tuvieron tantos detractores, y si hablamos en términos gruesos, tres encuestas nacionales (El Universal, El Financiero y Grupo Reforma) coinciden en que al menos siete de cada diez mexicanos le otorgaron una calificación reprobatoria al presidente saliente, Enrique Peña Nieto.
Tres eventos cierran con “broche de oro” lo que fue esta desastrosa administración federal, la “pseudo” inauguración de las pruebas de la Línea Tres del Tren Ligero (que hablamos la semana pasada), la puntada de afirmar que había cumplido con el 97% de sus compromisos de campaña (asunto que nadie creyó); y el otorgamiento del Águila Azteca, máxima condecoración de nuestro país a un extranjero, al yerno de Donald Trump, Jared Kushner. Éste último generó una enorme controversia en redes sociales y le ganó al presidente saliente la última gran ola de críticas a su mandato.
La gestión de Peña Nieto no tuvo ningún avance sustantivo en las grandes agendas nacionales, quizá lo único que se le reconocerá, es la reforma en telecomunicaciones que hizo del internet de banda ancha un derecho universal (que no es vigente para todos aún), que logró la transición de lo análogo a lo digital, que concesionó un nuevo canal de televisión abierta nacional y que ahora las llamadas de larga distancia no tienen costo adicional. Fuera de ello, la memoria de este sexenio estará marcado por la violencia y la corrupción.
También por fin concluyó este largo y tortuoso tiempo de transición, donde hubo de todo, un presidente en funciones ausente y desentendido de la vida pública y un presidente electo que no gobernaba, pero tuvo todo el poder real de su lado y que tomó decisiones sin llevarlas al cabo porque, efectivamente, hasta hace unos días realmente gobierna.
El mandato para Andrés Manuel López Obrador es muy claro: impulsar cambios profundos en el país y dar resultados en materia de inseguridad pública, en combate a la pobreza, en reducción de la desigualdad; y en desterrar la corrupción y la impunidad.
Un asunto central para llevar a buen puerto su gobierno y la llamada “cuarta transformación del país” es que sus equipos acuerden, generen una sola ruta de cambio y sean efectivos y eficientes en la administración pública federal. Las buenas intenciones no logran cambios profundos, más bien son los colectivos de personas que trabajan eficientemente los que logran dar vida a las ideas y las propuestas. Se pueden tener excelentes planes, se puede contar con muy buenas intenciones, pero es la capacidad de gestión pública la clave para materializar las transformaciones sociales.
Desde esta perspectiva, preocupa que en el gabinete del Presidente López Obrador haya personajes de perfiles ideológicos tan distintos, parecería que dentro de sus colaboradores hay “agua y aceite” y que los conflictos entre ellos se vislumbran muy claramente frente a ciertas agendas. El cúmulo de cargos públicos ganados por el partido del Presidente implica un reto en sí mismo, ya que se necesitarán de acciones muy coordinadas y de mecanismos de resolución de conflictos muy bien aceitados para que los procesos de transformación prometidos fluyan como debe ser. Uno de los riesgos más grandes de esta aplanadora política, que ahora se llama MORENA, es su capacidad de procesar las diferencias internas y de generar alianzas con otros actores políticos para el logro de ciertos objetivos.
En buena parte de la población mexicana predomina un sentimiento de esperanza, hay confianza de que las cosas pueden cambiar; creo que a cualquier administración que comienza su camino se le debe otorgar el beneficio de la duda, ya que -estoy convencido- el país saldría muy lastimado si volvemos a tener un sexenio como el que acaba de terminar. Por supuesto que este inmenso bono democrático que tiene López Obrador no es un sinónimo de ausencia de crítica, ya que como, se ha dicho antes, el mayor contrapeso que tendrá MORENA en estos años será precisamente la sociedad civil.

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Sueños sexenales

José de Jesús Parada Tovar

Estamos en los dinteles de una nueva Administración en nuestro Estado, que nos da ocasión para una serie de reflexiones y cuestionamientos, sobre todo porque activa o pasivamente, según el caso, fuimos testigos de las Elecciones del 1 de julio y de sus resultados, tanto a escala nacional como local, y en los órdenes federal, estatal y municipales, así como del ámbito legislativo.
Según eso, aguardamos una “Refundación de Jalisco”, abanderada por el Gobernador entrante, Enrique Alfaro Ramírez; objetivo paralelo al del flamante Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, con su rimbombante propuesta de emprender, para la Historia Patria, la “Cuarta Transformación” de la República, después de su Independencia, Reforma y Revolución.
Como lema o divisa de campaña, refiriéndonos a nuestra Entidad, no suena mal. Sólo que faltaría recorrer un trecho de 72 meses muy sinuoso y retador, empezando por las marcadas diferencias políticas entre el Jefe de la Nación y el futuro Mandatario estatal, manifiestas y acentuadas en estos días del comienzo sexenal, amén de las perspectivas inciertas de su co-relación con los Congresos local y de la Unión, en los que hay fuertes representaciones de la oposición.
Aquí, por ejemplo, en cuanto a los desafíos enquistados desde hace varios decenios, hay una larga lista de prioridades. Es el caso de la creciente contaminación del Río Santiago, cuya solución está sujeta a validar un acuerdo efectivo con los Gobiernos de los Estados de México, Querétaro, Guanajuato y Michoacán, que tanto ensucian el torrente fluvial. Y, en suelo nuestro, apretar a las empresas que impunemente arrojan sus desechos, y habilitar una red de plantas de tratamiento de las aguas que vierten sobre el cauce en todo el trayecto jalisciense.
  Ni qué decir de la Barranca, envidiable orgullo paisajístico que pudiera ser oficialmente una Zona Natural Protegida, pero descuidada por permitir asentamientos en sus límites y desatender su rica flora y fauna. El Bosque de La Primavera, otro pulmón para el Área Metropolitana, disminuido por puntuales y extensos incendios forestales e invasiones inmobiliarias que le restan vida y territorio.
Obviamente, antes y sobre estos asuntos, el tema de la inseguridad, que ya no conoce límites porque el narcotráfico y el crimen organizado han organizado muy bien su estancia y acciones en todo nuestro suelo. Basta consultar las preocupantes estadísticas de homicidios, secuestros, amenazas fraudulentas, asaltos, robos, que nos ubican en primeros lugares a nivel nacional. Y a ello habrá que añadir la tardada e ineficiente procuración y aplicación de la justicia, que originan impunidad. La violencia, pues, resulta institucional.
  Por años, quizá siglos, la Zona Norte ha sido relegada, menospreciada, discriminada en todos los proyectos y programas de desarrollo. ¿Quién conoce o da cuenta de Municipios como Santa María de los Ángeles, Chimaltitán o Bolaños? Y por allá se asienta importante porción de la etnia indígena wirrárica, tan atrasada de los beneficios de la civilización y el progreso; visitada, enaltecida y llena de promesas incumplidas por candidatos y gobernantes.
También, entre las 125 municipalidades de Jalisco, hay otras desconocidas, recónditas y desfavorecidas, como Jilotlán de los Dolores, Unión de San Antonio, Mixtlán, etcétera, que seguramente confiarán en la refundación de un esperado desarrollo, más parejo e igualitario.
A la nueva tarea le espera, entre otros tantos propósitos diferidos: la definición de la Presa El Zapotillo, sumamente cuestionada por su intención de derivar el agua a Guanajuato; la construcción de carreteras y el efectivo mantenimiento de las existentes, habitualmente dañadas; el mejoramiento sustancial del transporte urbano, incluida la conclusión de la Línea 3 del Tren Ligero; la determinación de límites territoriales con Nayarit y Colima…
Fundación, conforme el Diccionario, significa “erección, establecimiento, origen y principio de algo”. Así, el Gobierno de relevo, atendiendo a su cantada premisa, deberá reinstaurar esos conceptos, además de ir a la médula de todo lo establecido desde 1824, y darle seguimiento, con imaginación y coherencia, a todo lo originado e iniciado. Jalisco tiene historia, cultura, tradición y una estructura ya construida y respetable. Habrá que estar al tanto de todo ello para desdeñar ocurrencias grandilocuentes, pero asegundando lo que destierre trillados vicios en la forma y el fondo de gobernar.

El Saldo de

un Sexenio

Ignacio Román Morales

Una y otra vez ha insistido Enrique Peña Nieto en que el gran logro de su gobierno fueron las llamadas reformas estructurales.
Efectivamente, históricamente México tiene problemas estructurales que hay que enfrentar y corregir. Difícilmente usted o yo podríamos estar de acuerdo con las condiciones económicas de nuestro país. Sin embargo… ¿Cuáles han sido esos problemas estructurales que el gobierno de Peña intentó corregir?…
¿El deterioro ambiental, la contaminación del agua, la mala calidad del aire o la depredación de los bosques y en general de las áreas verdes? No, pues se ha mantenido una alta permisibilidad para contaminar, con tal de “atraer inversión” y “ser más competitivos”.
¿La pésima distribución del ingreso y de la riqueza? Tampoco, pues se ha considerado que limitar la extrema riqueza y la polarización económica implicaría afectar la confianza de los inversionistas.
¿La precariedad del empleo? No, de lo que se trató con la reforma laboral fue de generar empleo formal, aunque fuera eventual, subcontratado, con ingresos cada vez menores y con jornadas que frecuentemente rebasan el máximo legal permitido.
¿La concentración de la actividad económica en unos cuantos monopolios y oligopolios, en las grandes metrópolis y en unos cuantos los sectores, como las finanzas, la automotriz o las telecomunicaciones? ¡Ni pensarlo! No se tocaría a las “empresas de calidad mundial”, a las proveedoras de divisas ni a las controladoras del dinero.
Entonces, las reformas se centraron en orientar todas las políticas para que el Estado interviniera cada vez menos y dejarle los recursos productivos a grandes firmas (reforma energética); en desproteger aún más al trabajador frente a los capitales (reforma laboral);  en orientar la educación hacia el mercado y no hacia la cultura, la soberanía o la equidad (reforma educativa); en favorecer la penetración de los grandes bancos en todos lados, a expensas de las finanzas populares y locales, incrementando el endeudamiento de los hogares y el riesgo de perder su patrimonio (reforma financiera); en prometer una reforma hacendaria que como contraparte tendría una seguro de desempleo y una pensión universal para adultos mayores que nunca llegaron; en una reforma en telecomunicaciones para favorecer el cumplimiento del “derecho al internet”, que tampoco ha llegado a la mayoría de la población.
En suma, se trató de un discurso en el que supuestamente los consumidores nos beneficiaríamos de todas las reformas, pero al final tenemos un país mucho más polarizado, endeudado, violento y rezagado.
Es cierto que México requiere de profundas reformas estructurales, pero no para hacer más ricos a los más ricos y más pobres a los más pobres, ni para acabarnos lo que queda de nuestros recursos. Requerimos reformas en otro sentido, las que nos permitan vivir unidos y en paz, las que nos permitan sentirnos hermanos más que competidores y rivales.

Hablemos con

Dios de ecología

Karime Ramos Godoy

Como católicos, es habitual que hagamos oración, desde pequeños nos enseñaron que es el medio para hablar con Dios; algunas veces lo hacemos diario, pedimos por necesidades, salud, por nuestros hijos, damos gracias por las bendiciones que recibimos, pedimos por necesidades de familia y amigos, ponemos dificultades en manos de Nuestro Padre.
Pero, ¿Cuántas veces hemos orado por la mejora de nuestro medio ambiente? ¿Por ayuda para valorar la naturaleza o por guía para cuidarla y para inculcar esa necesidad de cuidado del entorno en nuestras familias?
San Francisco de Asís nos dio la pauta para esta clase de oración, una oración diferente, por el bien de y para todos.  Para que viviéramos cuidando de todos los seres que habitamos el planeta, respetando y dignificando a cada uno.
Su Santidad el Papa Francisco, en su encíclica Laudato si, nos deja dos oraciones, en esta ocasión quisiera compartir una parte de ambas para guiarnos a una reflexión en particular por nuestro entorno.
“( …) Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.” (Oración por nuestra tierra, Laudato si p. 161.)
“Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz, para proteger toda vida, para preparar un futuro mejor, para que venga tu Reino de justicia, de paz, de amor y de hermosura. Alabado seas. Amen.” (Oración cristiana por la creación, Laudato si, p. 163).
Oremos por algo quizá, diferente, pidamos luz para saber ver a Dios en toda la creación, en cada parte de la naturaleza, por fortaleza y prudencia para cuidarla, respetarla y educar en su conservación, caridad para entender la responsabilidad social que nos apremia, y, agradezcamos por tener otro día para respirar, para admirar y contemplar la belleza y los beneficios que nos representan los recursos naturales. Hagamos oración por la creación, después de todo, orar es hablar con Dios, hablemos entonces, con Nuestro Padre, sobre nuestra casa común, Su casa también.

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