21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
| Palabra del Domingo | Edición:

La inhabitación divina es un acto de amor

Publicado en web el 24 de Mayo, 2019

palabra del domingo

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En este domingo del tiempo pascual, la Iglesia comparte un texto del evangelio, que destaca el significado de la vinculación de la comunidad con la persona de Jesús y, el providente magisterio desempeñado por el Espíritu Santo a través de semejante relación (Jn 14, 23-29).

Estando próximo a partir, Jesús ofreció a sus discípulos, esta esperanzadora promesa: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. La palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió” (vv. 23-24).

Jesús insiste que la inhabitación divina se fundamenta en el amor del Padre a los discípulos en el Hijo. ¡Es un acto de amor! Juan ya había afirmado que Dios amó al mundo al extremo de entregarle a su Hijo, mostrando así que la encarnación constituye el más entrañable acto de amor del Padre (véase Jn 3, 16). Ahora, la inhabitación divina prometida refleja, por tanto, al más hermoso e inefable acto de amor jamás imaginado.

La paz entraña la bondad de Dios

Conforme a la historia de salvación joánica, en su fase terminal, están el momento de Jesús, y el de la Iglesia: “Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho” (vv. 25-26). No se trata de revelar algo nuevo, sino de enseñar y rememorar lo anunciado; el magisterio del Paráclito se entrelaza con el ejercido por Jesús.

El se despidió ofreciendo el don de la paz: “Mi paz les dejo, mi paz les doy. No se las doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se los he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean” (vv. 27-29). La paz obsequiada por Jesús es su gracia aceptada en la fe, y entraña la bondad misericordiosa de Dios participada al hombre.

Tú, Señora, que a Dios hiciste niño

Unas palabras acerca de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, por estar en el mes dedicado a ella, quien nos exhorta a descubrir la alegría suscitada cuando hacemos lo que Jesús manda (véase Jn 2, 5); y a estar siempre firmes con Él (véase Jn 19, 25). Sumémonos al canto de Unamuno:

Ya que sabes de amor y de dolores,

óyeme bien, Señora,

y ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora/ de nuestra muerte…

Tú, Señora, que a Dios hiciste niño,

hazme niño al morirme/ y cúbreme en el manto de armiño

de tu luna al oírme con tu sonrisa.

El providente magisterio desempeñado por el Espíritu Santo nos enseña y recuerda todas las cosas reveladas por nuestro Señor Jesús, el hombre venido de Dios.

El providente magisterio del Espíritu Santo

La Palabra del Domingo

Juan López Vergara

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