21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
| Iglesia en la Semana | Edición:

Pastoral de movimientos y asociaciones

Publicado en web el 17 de Mayo, 2019

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

Habíamos hablado del modelo pastoral voluntarista, en el que toda acción depende de quien está al frente, de su iniciativa y su capacidad de convocar y organizar; en este modelo los laicos tienen sólo un papel ejecutor. Ahora propongo reflexionar sobre el modelo de pastoral de movimientos y asociaciones. Este modelo se trata de una pastoral no organizada desde la comunidad parroquial, sino atomizada por grupos  que trabajan en la parroquia, pero con su propia finalidad.
Este modelo pastoral es propio de un régimen de neo-cristiandad, cuya eclesiología es la de la Iglesia como sociedad perfecta. Evidentemente esta eclesiología no propugna que la Iglesia esté compuesta por personas perfectas o que sus miembros nunca cometen errores. Esta eclesiología surgió al final del Medioevo cuando se dio la separación entre el trono (Estado) y el altar (Iglesia). La Iglesia reconoció la legitimidad de los diversos estados y su autonomía respecto a ella, pero se adjudicó a sí misma el título de sociedad perfecta, con el derecho de intervenir en el mundo para conformarlo con valores cristianos; es decir, una sociedad humana en donde no falta ningún elemento de los nuevos estados nacionales porque el Papa ostenta el poder ejecutivo, legislativo y judicial; además de que es también una sociedad que se encamina a un fin sobrenatural, lo que la coloca por encima de las otras sociedades humanas.
La finalidad de muchos movimientos y asociaciones pías es la de recristianizar la sociedad por la acción de los laicos, que se consideran como el brazo ejecutor del clero, pero no se les considera como protagonistas de la evangelización por el bautismo, sino sólo colaboradores de los pastores. En este modelo caben muchos movimientos como la Acción Católica, la Renovación Carismática, Cursillos, etc. o las asociaciones como las Hijas de María, Apostolado de la Oración, la Legión de María, etc. Estos movimientos o asociaciones están asistidos y presididos por la jerarquía y los laicos forman parte, pero sin participar en la toma de decisiones. Otro límite de este modelo es el que todos actúan de forma independiente unos de otros;  se dan acciones quizá muy impresionantes en cuanto a la convocación de personas, pero se realizan de forma invertebrada, sin objetivo común, sin hilo conductor. Hay un conjunto de pastorales pero no una pastoral de conjunto.
En el modelo pastoral de movimientos y asociaciones no interviene para nada la vida parroquial, pues se trata de organizaciones extraparroquiales, sea de ámbito nacional e incluso internacional, muchas veces incluso independientes de la Iglesia local. Los diversos movimientos o asociaciones dan prioridad a las necesidades y desafíos del propio movimiento de acuerdo a las directrices y nomas emanadas desde las cúpulas sin participación de los miembros de las comunidades parroquiales.  Algunos, que se ubican en este modelo pastoral, pareciera que, buscan más fortalecer la institución eclesial para que vuelva a ejercer su hegemonía dentro de la sociedad (auto-referencialidad), sin mucho interés por el Reino de Dios y sus valores.

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